ANÁLISIS

«Dragon Quest Builders»: grata sorpresa

Esta versión de la serie de videojuegos de rol adapta unas mecánicas inspiradas en el fenómeno «Minecraft» para parir una propuesta fresca y adictiva

Mira en el video un framento del juego - J.M.S.

Es un cambio de rumbo radical, acertado y muy original, el que ha llevado a cabo una divertida serie que ha sustituidos para la ocasión armas por bloques. «Dragon Quest Builders», videojuego de construcción y rol, puede ser considerado una de las sorpresas de la temporada gracias a una propuesta fresca e interesante que nos permite alejarnos del tedioso (a veces) género de rol para coquetear con una fórmula adictiva (que no deja de ofrecer sorpresas conforme avanzamos) que requiere de un poquito de maña y dedicación, más de la que uno podría pensar al principio.

Este título, disponible para las plataformas PlayStation 4, PlayStation 3 y la consola portátil Vita, encandila nada más iniciar los primeros minutos. El simpático personaje al que vemos estalla en una alegría interna que nos hace recordar la experiencia de «Minecraft», videojuego de construcción del que ha necesariamente tenemos que encajarlo aquí, ya que ha tomado prestados muchos de los elementos introducidos por aquel juego de corte independiente que ha roto moldes en los últimos años viendo más de cien millones de copias, que se dice pronto. Pero el videojuego tiene entidad propia y funciona a las mil maravillas durante las casi cincuenta horas con las que cuenta.

La diversión se centra, en líneas generales, en la construcción, que no es poca cosa. En el transcurso del juego, el vídeojugador debe levantar instalaciones y edificaciones mediante el empleo de diversos objetos disponibles, aunque carece (o, más bien, se echa de menos) más momentos de peleas donde la intensidad y la emoción está a la orden del día, aunque la tentación siempre está presente gracias a extrañas criaturas que nos rodean en las ubicaciones.

El argumento es una mera excusa para comenzar a fabricar bloques. Una vez creado el personaje mediante sus herramientas de edición (piel, ojos y pelo), muy sencillas por cierto, accedemos al reino y nos encontramos con Draconarius que nos hace una oferta. Allí nos informan que solo el poder que tenemos en nuestro interior podrá reconstruir el mundo que habita en ruinas.

Tras despertarnos comenzamos con esta aventura repleta de cubos y albañilería. Disponemos de una habilidad muy concreta: somos capaces de combinar materias primas (flores, ramas) para construir nuevos objetos como armas o elementos de curación. Para ello hay que utilizar los puestos de creación más cercanos. Todos los objetos que fabricamos se muestran en un inventario horizontal para tenerlos controlado rápidamente. El sistema de control, no obstante, hay que cogerle el tranquillo porque no es tan preciso como uno puede suponer.

Las armas, por cierto, no sólo sirven para defenderse sino para construir, por ejemplo, un camino por donde continuar por lo que hay que romper y recoger otros elementos como el terreno de alrededor. Acumulando tierra generamos bloques que nos permiten crear caminos y bloques para levantar muros. La primera misión que nos encomiendan es reconstruir una vivienda. Nos ubicamos en Canteria en donde debemos partir hacia el primer objetivo de recuperar la esencia de Alefgrado. En la parte de construcción nos topamos con compañeros de fatigas y lugareños y residentes, quieres nos pueden pedir y solicitar ayuda. Una vez que colocamos el Estandarte de la Esperanza la zona se convierte, automáticamente, en la base

Aquí uno ya observa que el personaje que manejamos en tercera persona tiene la tarea de ayudar a todos los residentes del mundo en el que nos vemos. Hay criaturas hostiles desperdigadas por ahí que en ocasiones se pueden obviar nuestras que otras es conveniente hacerles frente, aunque, como se trata al fin y al cabo de un juego de la serie Dragon Quest, es necesario enfrentarse a diversos jefes finales con espada en lance. Cabe decir que no hay luchas por turnos sino, más bien, un estilo de combate muy directo y vigoroso pero abandonando toda complejidad y centrándose más en lo accesible. Esa simpleza en las batallas, no obstante, puede resultar poco embriagadora en ocasiones pero forma parte de un todo que funciona de manera solvente.

Para recuperar vitalidad, por ejemplo, es necesario emplear unos pétalos blancos que nos encontramos por donde pasamos y, a su vez, nos sirve para preparar crema curativa, que nos sirve para sellar las heridas. Fácil y efectivo. A nivel visual, «Dragon Quest Builders» traza unas líneas entrañables y maravillosas en donde la ambientación y el diseño de los personajes sigue la tradición de la serie y ofrece panorámicas apoteósicas.

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