Familia - Educación

«Los alumnos españoles pierden el tiempo viendo a sus profesores como enemigos»

La historia de los tres estudiantes madrileños que han logrado entrar en Oxford University

De izquierda a derecha, Jorge López, Rohan Mohan y Fergus Proctor, estudiantes del Hastings School de Madrid
De izquierda a derecha, Jorge López, Rohan Mohan y Fergus Proctor, estudiantes del Hastings School de Madrid - ERNESTO AGUDO

El curso que viene, y tras muchas horas de estudio y de preparación, Jorge López, Rohan Mohan y Fergus Proctor empezarán sus carreras en Oxford University, una de las universidades más prestigiosas del mundo, y una auténtica máquina de «fabricar» primeros ministros. Llegar a la admisión en esta institución educativa no ha sido cuestión de suerte. Ha sido un largo proceso, lleno de muchas horas de estudio, de complicadas entrevistas en el propio campus donde se les puso al límite... Pero tanto Jorge, como Rohan o Fergus creen firmemente que el sistema inglés les ha preparado y favorecido enormemente: son jóvenes que han estudiado en el Hastings School de Madrid, un colegio mixto establecido en 1971 en España y avalado por el plan de estudios nacional de Inglaterra.

Tal y como explica Kevin Godden, director del centro, «muchas familias eligen un colegio británico porque supone mucho más que una cuestión de idioma: significa aprender con un sistema educativo excelente, significa acceder a los exámenes oficiales del sistema educativo británico y significa también poder contrastar el rendimiento del alumno con el de sus homólogos en el Reino Unido y con todos los que, alrededor del mundo, sigan el currículo británico». Es un hecho, insiste Godden: «la educación británica abre las puertas de las mejores universidades internacionales».

Pero, ¿qué resaltaría de este colegio? Según este profesional, «la formación continua del profesorado y el cumplimiento de sus objetivos: aquí guiamos y acompañamos a nuestros alumnos para que desarrollen todo su potencial, independientemente de cuáles sean sus fortalezas y debilidades educativas». En este sentido, lo que describe a Jorge, Rohan y Marcus es la madurez, quizás inusitada para su edad. De hecho los tres, durante sus años escolares, aprovechaban el tiempo que les ofrecían en el Hastings entre clase y clase para hacer deberes, estudiar y tratar de resolver sus dudas en su tiempo en la escuela, en lugar de hacerlo en casa.

La relación profesor-alumno puede ser otro punto a resaltar en su éxito, tal y como señala el director del centro escolar. Durante sus años escolares, estos chicos nunca dejaron irse al docente sin aclarar sus dudas antes. «Hay que ser maduro. Si estoy aquí no es para desaprovechar. Y si lo ha explicado el profesor cinco veces y yo no lo he entendido, no me debe dar vergüenza preguntar», afirma Proctor, quien piensa que en España «hay vergüenza y no se cuestiona nada».

«Los alumnos españoles se deberían quitar de encima esa tontería de estar en contra de los profesores. Pierden el tiempo viéndolos como sus enemigos, cuando en realidad se trata de su futuro. Deben desterrar esa actitud y aprovecharse de sus conocimientos al máximo», advierte Fergus Proctor. En este caso, los tres definen a sus profesores como «increíbles». «Saben lo que hacen, te ayudan, te guían, son magníficos. Cuando regrese a España quiero volver a visitarlos», promete Jorge. «Ellos tienen la responsabilidad de enseñar, pero nosotros de aprender», concluyen.

Especialidades elegidas

Mientras que Jorge ha optado por Literatura, Rohan por Químicas y Fergus por una ingeniería de Ciencias. Carreras tan dispares con una cosa en común: verdadera pasión por lo elegido. Jorge, por ejemplo, aprovecha para aconsejar a otros jóvenes que se encuentren en esta tesitura que no tengan miedo de las licenciaturas de Letras: «el trabajo no depende de la elección que hagas, sino de cómo te busques tus opciones después. Y esto me parece válido tanto para ingeniería, como para Bellas Artes. Por lo que sé, en Oxford solo cogen alumnos con pasión».

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