Exterior del templo
Exterior del templo - MAYA BALANYÀ

Nuestra Señora de Madrid: Esta parroquia esconde un secreto

Si por algo se caracteriza este templo es por tener la talla de la Madona de Madrid

MADRIDActualizado:

Ayer, es decir, el pasado sábado, hablamos del adiós de una parroquia. Hoy nos toca dar la bienvenida a una comunidad que no es nueva, que no acaba de nacer, pero que ha renacido. Porque la parroquia Nuestra Señora de Madrid, La Madona, paseo de la Castellana 207, si no es nueva, ha resucitado. Acaba de cumplir cincuenta años, ha tenido la suerte de una reforma integral, un precioso lavado de cara, y además cuenta con un párroco, Ramón Llorente García, y un vicario parroquial, Luis José Tamayo Oriol, que forman un tándem casi perfecto.

Si por algo se caracteriza esta parroquia, a las sombra de las altivas torres que enlazan el Madrid de la tierra con las aspiraciones del cielo, es por tener una talla de la Virgen, la Madona de Madrid, Virgen señora, un bejís medieval, escudos de Castilla y León al pie, siglo XIII, que entronca con la imagen original del monasterio de Santa Domingo del Real, de las madres dominicas de Claudio Coello, origen de la vida claustral en nuestra villa y corte.

Porque Madrid tiene muchas devociones e imágenes que son suyas y de nadie más, que pertenecen a su historia y devoción de su pueblo. Por cierto, no hay que obviar, en le templo, el original Vía Crucis de Juanjo de Julio Rabadán, que se compone de las clásicas estaciones representadas con motivos de las manos de Cristo en cada uno de esos momentos de pasión y muerte.

Esta parroquia esconde un secreto. Lo primero de lo que me hablan los sacerdotes es de los cursos Alpha y de los retiros de Emaús. Después, el camino de una experiencia de parroquia evangelizadora. Lo describe, no con poca pasión, el sacerdote Luis José Tamayo: «Fruto de la oración y de la reflexión en esta nueva etapa nos planteamos no ser una parroquia de mero mantenimiento, de servicios. Quisimos introducir a toda la parroquia es una dinámica de discípulos misioneros, no como una parte aislada de la parroquia, sino toda la comunidad. Y de ahí nació el proyecto de la Escuela de Discipulado, el eje sobre el que gira la propuesta Evangelizadora de la parroquia. Todos en la misma dinámica, niños, jóvenes y adultos».

¿Qué es la Escuela de Discipulado? Es un proceso que tiene como ejes principales las herramientas de la Palabra de Dios y el Catecismo de la Iglesia Católica. La base es el anuncio kerygmático; es decir, la síntesis del mensaje del Evangelio proclamado, que interpela. Los sacerdotes han planificado esa propuesta de fe a lo largo de los años. Propuesta que parte de las verdades de lo que creemos, su base bíblica y su dimensión en la vida.

Los artículos de la fe son presentados a los niños, mediante el Oratorio semanal, a los jóvenes, en reuniones también semanales, y a los adultos. Cada grupo, con sus características y su peculiar método. La forma del mensaje es incisiva, porque incisiva es la experiencia del cristiano. «No se trata, dicen los sacerdotes, de que nosotros soltemos un rollo, sino que lo que presentamos incida e implique la vida de las personas y nos introduzca en la vida».

«Cada semana del mes, de forma secuencial, está dedicada a una verdad del Credo que se presenta, se lleva a la escuela de la oración con la palabra y se transmite desde la capacidad de quien la ha recibido para comunicarla a los otros», apuntan. Pero en esta parroquia también, además de la propuesta de fe, que lo es de esperanza, nos encontramos con el ejercicio de la caridad verdadera.

Un grupo de voluntarios ayuda al párroco en la Cáritas, que atiende a cincuenta familias del barrio, de esa parte del límite jurisdiccional que se inscribe dentro de La Ventilla. La caridad que llega a los alimentos básicos, los recibos impagados, las necesidades primarias. Los mayores de la parroquia cuentan también con su espacio cultural, dedicado en estos momentos a la historia del arte y la liturgia, que no es poco.

Esta es una parroquia de la que podemos decir, por el número de feligreses, que es pequeña, familiar, en la que prima la acogida y el acompañamiento. No es una parroquia de grandes números, es una parroquia con un gran proyecto.