Manuela Carmena, durante un Pleno en Cibeles - ISABEL PERMUY

El desgobierno de Carmena: luchas de poder y una gestión «patas arriba»

La intervención de las cuentas municipales es el último ejemplo de la mala praxis del Ayuntamiento, dividido entre las diferentes siglas de Ahora Madrid

MadridActualizado:

A caballo entre la intransigencia política, los reveses judiciales y los prejuicios ideológicos, el Ayuntamiento de Madrid, que dirige Manuela Carmena, deriva en el desgobierno en parte de los asuntos capitales. La intervención de las cuentas por el Ministerio de Hacienda, la suspensión de los cambios en el callejero franquista o la fractura interna en Ahora Madrid, siempre presente, resumen el estado actual del equipo de Gobierno, sin saber si su principal aval repetirá en 2019 y en una situación inédita. Tanto es así que la portavoz, Rita Maestre, reconoció ayer que en el caso de que fuese necesario, caso que aún no se plantea, «habrá una priorización de los proyectos más urgentes» que acometer.

La hoja de ruta marcada en la campaña electoral que aupó a Carmena a la Alcaldía se topa ahora con la realidad, víctima de su inflexibilidad y de ciertas hipotecas con su electorado. La cruzada de Carlos Sánchez Mato contra la ley Montoro, con tres negativas a su Plan Económico-Financiero, dejan al Consistorio con las cuentas fiscalizadas por Hacienda. Si bien Maestre reiteró que el Ayuntamiento «ha cumplido con las exigencias» del Ministerio, en alusión a los 238 millones de euros inmovilizados, lo cierto es que la cartera de Cristóbal Montoro vigilará semanalmente el gasto por el «reiterado incumplimiento de la ley».

La gestión de Sánchez Mato refleja cómo el juego de poderes entre las siglas que conforman Ahora Madrid son también un lastre para los grandes proyectos que urge la ciudad. El ejemplo más paradigmático es la conocida como operación Chamartín. Mientras Carmena y el edil de Urbanismo, José Manuel Calvo, celebran un acuerdo con el promotor, el sector más radical del grupo apuesta por reventarlo.

Romper con los gobiernos anteriores era una medida estrella del programa, a la par que eliminar las calles con reminiscencias franquistas. Dos años y medio después, sin embargo, sigue en el aire; primero por la ineficacia de la cátedra de la Memoria Histórica, que quitó placas y monumentos sin permiso ni justificación, y ahora porque varios jueces han suspendido cautelarmente el proceso. El último, hace apenas una semana, atiende un recurso de la Fundación Francisco Franco, que tilda la iniciativa de «ilegal, sectaria y revanchista», además del perjuicio económico para los vecinos de las 52 vías afectadas.

La misma consideración judicial tienen las comisiones de investigación sobre los gobiernos del PP, que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid califica como «muy genérico», lejos de la premisa concreción que necesita. Esta amalgama de reveses judiciales, así como las dificultades para poner en marcha algunos proyectos, es tildada desde algunos frentes de la oposición como la prueba de que el Ayuntamiento lleva más de dos años «patas arriba».

Ocaso cultural

El naufragio en algunas concejalías ha obligado a Carmena a tomar las riendas, como en Cultura, pero tampoco ha tenido buen resultado. Los errores que condenaron a Celia Mayer no se han corregido y, por ejemplo, el experimento de cambiar el espíritu de las Naves de Matadero ha desembocado en un espacio vacío, con una programación alejada del teatro –su principal atractivo– y dirigido a minorías.