Cultura

Una unidad coordinará las actuaciones de emergencia en el patrimonio en catástrofes

Castilla y León será la segunda autonomía en contar con este equipo, que se presentará en la Bienal Ar&Pa

Simulacro de evacuación de bienes culturales en una jornada de formación celebrada en Ávila
Simulacro de evacuación de bienes culturales en una jornada de formación celebrada en Ávila - Fotos: JUNTA CYL / ICAL
H. DÍAZ Valladolid - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

El pasado mes de agosto, un terremoto sacudía fuertemente la localidad italiana de Amatrice, dejando tras de sí centenares de muertos. Sólo tres meses más tarde, hace dos semanas escasas, la tierra volvía a temblar bruscamente el centro de este país europeo. En esta ocasión no hubo víctimas humanas, el principal drama de estas catástrofes naturales, pero sí dejaba gravemente herido el patrimonio histórico y artístico de las ciudades afectadas, entre ellas, Norcia. «Para mí, una de las imágenes más dramáticas de estos últimos seísmos, además de la destrucción masiva, fue ver a los vecinos de esta localidad italiana rezando de rodillas en la plaza porque la iglesia se les había venido abajo», señala la experta en Patrimonio de la Junta, Cristina Escudero. Se refiere al templo de San Salvador, una construcción del siglo XV que se derrumbó ante las cámaras de televisión, hecho por el que se ha convertido en el símbolo de la devastación de esta última sacudida.

«Históricamente se ha visto que las poblaciones están vinculadas a un patrimonio cultural e histórico de tal manera que cuando ocurre una desgracia de este tipo, necesitan recuperarlo»

«Mucha gente se pregunta qué sentido tiene, ante este drama humano, tener en cuenta el patrimonio, que parece algo más accesorio», admite Cristina Escudero. Sin embargo, rebate a continuación, «históricamente se ha visto que las poblaciones están vinculadas a ese patrimonio cultural e histórico de tal manera que cuando ocurre una desgracia de este tipo, necesitan recuperarlo, en cierto sentido, para recuperar la normalidad».

Lorca, el origen

Ese pensamiento llevó hace unos años al equipo de la Dirección General de Patrimonio Cultural a pensar que a la hora de planificar la conservación de unos bienes, de nada servían las acciones preventivas sino tenían en cuenta que podía haber una situación de catástrofe u otro tipo de emergencias que pudieran dañarlos.

Todo comenzó con el terremoto de Lorca (Murcia, 2011). «Señaló un antes y un después», confiesa Escudero, recordando cómo, al no estar prevista esta situación, fueron los propios vecinos los que entraban en los edificios históricos e iglesias para salvar su propio patrimonio. Dos años después, el Ministerio de Educación Cultura y Deporte aprobaba el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural, y a la par, comunidades autónomas como Castilla y León comenzaban a trabajar en sus propias acciones. Así, el Plan PAHIS 2020, al que el Consejo de Gobierno daba luz verde en abril de 2015, ya establecía unas líneas de trabajo que iban en este sentido. En él, además de advertir de la necesidad de tener en cuenta una serie de riesgos, abogaba por aglutinar los esfuerzos de diversas instituciones y organizaciones, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, personal de Protección Civil, entidades locales y las propias administraciones.

Como consecuencia de su inundación, en junio de 2015, parte del cerramiento de este monasterio cisterciense soriano de Santa María de Huerta se derrumbó
Como consecuencia de su inundación, en junio de 2015, parte del cerramiento de este monasterio cisterciense soriano de Santa María de Huerta se derrumbó

Es lo que se pretende con la puesta en marcha de la llamada Unidad de Gestión de Emergencias en Patrimonio Cultural, en la que la lleva la Junta trabajando desde hace un par de años y que presentará esta semana en Valladolid, en el marco de Ar&Pa, la Bienal de la Restauración y Gestión del Patrimonio que reunirá desde el 10 al 13 de noviembre a cerca de 250 instituciones y empresas de Patrimonio Cultural de seis países. La creación de este equipo de trabajo, en colaboración con Protección Civil y las instituciones culturales, es una de las primeras líneas de actuación que se proponían dentro del citado Plan Nacional. Según este mismo recoge, deberán estar formadas «por técnicos de las distintas administraciones públicas» y tendrán como objetivo «la atención inmediata en situaciones de emergencia que pudieran afectar a la integridad de los bienes culturales y/o de las personas que deben intervenir en las tareas de rescate y recuperación; el diseño y aplicación de medidas preventivas para evitar o minimizar las consecuencias de los desastres; la definición de las líneas de actuación, así como los programas de investigación y de formación». Para ello, propone, entre otras de sus funciones, la elaboración de un Mapa de Riesgos del Patrimonio Cultural, así como de propuestas de intervención de situaciones de emergencia.

«Por emergencia se entiende cualquier situación súbita o sobrevenida que no entra dentro de lo que es el panorama de su deterioro habitual»

¿Pero qué se entiende por emergencia en patrimonio cultural? «Cualquier situación súbita o sobrevenida que no entra dentro de lo que es el panorama de su deterioro habitual», resume Cristina Escudero, del Servicio de Planificación y Estudios de la Dirección General de Patrimonio. Aunque por lo general cuando se piensa en un fenómeno de destrucción asociado a una catástrofe natural se suele pensar, por lo general, en un terremoto, pueden ser de muy diversa índole. Así, en Castilla y León los más habituales, recuerda esta experta en Patrimonio, son los ligados a los incendios y a las inundaciones -la más reciente, la del Monasterio de Santa María de Huerta, hace un par de años-; también los deslizamientos de tierra -en La Fuencisla, Segovia, un corrimiento afectó a parte del Monasterio-. No son los únicos, ya que, además, están los fenómenos «accidentales o provocados por el hombre», que engloba expolios, vandalismo...

a subida del nivel del agua del río Duero, como consecuencia de las lluvias, provocaba la inundación de los accesos de este monasterio de San Juan de Duero, también soriano, en febrero de 2016.
a subida del nivel del agua del río Duero, como consecuencia de las lluvias, provocaba la inundación de los accesos de este monasterio de San Juan de Duero, también soriano, en febrero de 2016.

Castilla y León será la segunda comunidad en disponer de esta unidad, y aunque llega unos meses después de presentarse la activada en Murcia, lo hace con los deberes hechos, ya que el pasado abril la Junta puso a disposición de la Guardia Civil su base de datos del patrimonio cultural -con más de 23.000 yacimientos arqueológicos, 300.000 bienes inmuebles y 2.000 bienes de interés cultural-, y ya son varias las jornadas formativas que se han organizado en colaboración con los bomberos y la Unidad Militar de Emergencias.

San Miguel y San Julián

En este sentido, desde la Junta se apunta como «unos grandes adelantados» a los Bomberos de Ávila. A ellos se encargó precisamente la elaboración, como proyecto piloto, del Plan de Salvaguarda de la Iglesia de San Miguel y San Julián, en Valladolid. «Querían tener un prototipo de lo que debería hacerse con todos los edificios de interés patrimonial de Castilla y León. Fue un trabajo muy intenso. Estamos hablando de una iglesia con 700 obras de arte, más de cien de prioridad máxima».

Todo pautado

Con ayuda de los bomberos de las Ciudades Patrimonio, y dentro de estas jornadas formativas, se han organizado también varios simulacros de lo que debería ser el «modus operandi» de intervención ante una emergencia. Así, ante uno de los conflictos que puede ser más habituales -un incendio-, tras una primera actuación de los bomberos para el control o la extinción del siniestro, «se trabajaría con el responsable de la institución y a partir de su presentación, con la Unidad de Gestión de Emergencias, en la evacuación, si se decidiese como necesaria, de los bienes culturales. «Todo está sumamente pautado. Las obras, todas identificadas, se embalarían adecuadamente para transportarlas a otro lugar de la misma institución que fue afectada para que ésta pueda hacer un seguimiento de las mismas», detalla Escudero. «Los bomberos nos encargaríamos de la extinción y el rescate de las obras, para lo cual deberíamos estar formados; luego, el tema del triaje, embalaje y transporte ya no nos corresponde. Lo que se quiere crear en Castilla y León es un grupo de voluntarios, entre los cuales entrarían por ejemplo los alumnos de las escuelas de arte, así como de Protección Civil, para este tipo de trabajos», detalla el jefe de Bomberos de Ávila, Alfredo Delgado. Uno de estos simulacros también se podrá ver este viernes en el marco de Ar&Pa.

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