España

Portugal instala una base en una isla rodeada por aguas españolas

España recela porque afecta a sus aguas territoriales y a los pescadores canarios

Turistas franceses en una de las islas
Turistas franceses en una de las islas

El Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera (IPMA) -la Aemet de Portugal- ha instalado una estación meteorológica en Islas Salvajes, algo así como una frontera virtual camuflada. España recela de esta medida porque considera que puede afectar al control efectivo de sus aguas territoriales y, como consecuencia de ello, puede colisionar con los intereses pesqueros canarios.

Islas Salvajes forman un archipiélago deshabitado entre Canarias y Madeira, que Portugal compró a un banquero. Sin embargo, España en su momento no reconoció oficialmente aquella operación, que data de 1971. A finales del pasado mes de agosto, las autoridades lusas, a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, instalaron esta estación meteorológica automática en la mayor isla del archipiélago. Dispone de equipos con sensores para la observación de la presión atmosférica, la temperatura y la humedad relativa, así como la intensidad y dirección del viento. Tiene detector de precipitación, radiación solar, temperatura del aire y temperatura del suelo hasta 10 centímetros de profundidad. Este verano, la isla recibió la visita del presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa.

Los datos registrados se transmiten cada 10 minutos a través de la red telefónica de Funchal, capital de Madeira. A partir de ahora, se puede seguir la evolución de las condiciones meteorológicas en el extremo sur del territorio portugués, mejorar el pronóstico del tiempo y contribuir a «la seguridad de personas y bienes», justifican las autoridades lusas.

Pero lo cierto es que la Policía Marítima, las Fuerzas Aéreas y la Armada de Portugal tiene ahora la misión de controlar todas las actividades relacionadas con el transporte y las actividades de pesca. El primer equipo ya instalado se verá reforzado con otros equipos «gracias al apoyo logístico de la Armada portuguesa, Autoridad Marítima Nacional, Policía Marítima y Portugal Telecom», aseguran fuentes oficiales lusas.

Creciente control luso

Poco a poco, Portugal va dotando a Islas Salvajes del control tecnológico para un uso efectivo de la información sobre este archipiélago. En 2013, Portugal Telecom colocó una línea fija de teléfonos aunque el prefijo sigue siendo el 351 de Madeira. El jefe del Estado Mayor de la Armada, Luis Macieira, ha ordenado que dos efectivos permanezcan allí, en un punto muy cercano a Canarias. A finales de septiembre, en total, serán cinco funcionarios portugueses los que estén destinados en Islas Salvajes.

La patrullera Cacine realiza semanalmente entre Madeira e Islas Salvajes el traslado de materiales. La idea es que opere de forma permanente entre Madeira e Islas Salvajes, más cerca de España que de Portugal.

Las Islas Salvajes, o Ilhas Selvagems, en portugués, se encuentran a unos 140 kilómetros al norte de las Islas Canarias y aproximadamente al doble de esa distancia de Madeira. En total son tres islas y doce islotes, meros peñascos en mitad del mar.

En 1971 Portugal compró el archipiélago a un banquero de Madeira, llamado Luis Rocha. Las islas fueron declaradas entonces reserva natural, una condición que hoy mantienen. Sin embargo, tras la adquisición por parte de las autoridades lusas se sucedieron los conflictos, con detenciones y expulsiones de la zona de los pescadores canarios. En 1975, aprovechando la situación de inestabilidad que atravesaba el vecino país, pescadores canarios desembarcaron en la Salvaje Grande -la isla más grande del archipiélago- y clavaron allí una bandera española. No ha sido el único incidente; en varias ocasiones la diplomacia portuguesa ha protestado por la violación de su espacio aéreo por parte de la Fuerza Aérea Española.

Aguas territoriales

El caso es que en 1997, como resultado de las negociaciones para la integración de España en la OTAN, el Gobierno español reconoció los derechos en superficie de Portugal sobre el archipiélago. Pero las discrepancias se han mantenido respecto al agua que rodea las islas. La legislación marítima internacional concede a cualquier trozo de tierra que sobresalga del mar doce millas marítimas de control exclusivo para el país en cuestión. Si además está habitado, le corresponden otras 188 millas, hasta completar las 200 millas. Eso son muchos miles de kilómetros, de caladeros, de posibles explotaciones petrolíferas...

Cuando entre un país y otro no hay suficiente espacio para dos zonas, la frontera martítima se traza equidistante entre una costa y otra. Y ahí surge el conflicto. España afirma que las Islas Salvajes no son territorio habitado, porque la presencia humana constante es muy reciente. Y, de hecho, allí no reside más que militares y guardianes del parque. Las autoridades portuguesas sostienen que si no vive en la zona más gente es porque se trata de una reserva protegida.

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