Economía

El «dieselgate», un escándalo sin fecha de caducidad que cumple su primer aniversario

Este lunes hace un año que la Agencia Ambiental de Estados Unidos (EPA) acusó al grupo alemán de una trama de emisiones contaminantes que se confirmó días más tarde

Volkswagen ha sufrido la mayor crisis reputacional de su historia en el último año
Volkswagen ha sufrido la mayor crisis reputacional de su historia en el último año - AFP

Todo estaba preparado para que Volkswagen tuviera una de sus grandes noches. Era septiembre de 2015 y la compañía celebraba en Nueva York una gala envuelta en excesos, orquestada para presentar el nuevo Passat y que contaba incluso con Lenny Kravitz como estrella invitada. Sin embargo, no fue la actuación de la estrella musical lo más destacado de la noche. Ni siquiera las mejoras del nuevo Passat. Una frase, pronunciada nada más y nada menos que por el presidente del grupo en Norteamérica (Michael Horn), eclipsó toda la gala y aventuró la crisis reputacional que se le venía encima a la empresa. «La hemos cagado por completo», fueron las palabras excactas de Horn.

El grupo admitía de esta forma las acusaciones que la Agencia Ambiental de Estados Unidos (EPA) vertió días antes. Hace justo un año. El 19 de septiembre de 2015 la EPA acusaba al grupo Volkswagen de falsear los niveles de emisiones contaminantes con un software ilegal en algunos modelos diésel de la compañía. Ahí nació el ya famoso «dieselgate», que tantos quebraderos de cabeza ha ocasionado hasta la fecha al productor automovilístico alemán.

Además de reconocer el escándalo, Horn admitió en la famosa fiesta que la empresa instaló un software entre 2009 y 2015 en vehículos diésel en Estados Unidos. Con él, se saltaban los controles de emisiones al falsear los datos que reflejaban las pruebas. Pero no quedó ahí.

Casi a finales de septiembre de 2015, Volkswagen ya se había desplomado más de un tercio en Bolsa, pero lo peor estaría por llegar. La entidad desveló que unos 11 millones de coches estaban afectados por el escándalo, el cual culminó en la dimisión del consejero delegado Martin Winterkorn. El 30 de septiembre, en pleno «boom» del caso, Volkswagen anunció que casi 700.000 vehículos estaban equipados con el software fraudulento en España, correspondiendo casi un tercio a la marca Seat.

Martin Winterkorn fue una de las primeras víctimas del «dieselgate»
Martin Winterkorn fue una de las primeras víctimas del «dieselgate»- AFP

Semanas más tarde el grupo se vio acechado por acusaciones de que también vehículos gasolina se veían afectados, además de que las informaciones desde la justicia estadounidense apuntaban a que los motores diésel de tres litros también se encontraban trucados.

Volkswagen se vio obligado a reconocer antes de finales de año que el escándalo afectaba realmente a más vehículos de los estimados tras el estallido del caso. Además, el grupo ya se había comprometido, tras verse acorralado, a acometer todas las reparaciones necesarias en sus coches.

Con la llegada de 2016 se multiplicaron las demandas al grupo

Las investigaciones tanto por parte del Parlamento europeo como provenientes de la justicia de Estados Unidos ya se encontraban en marcha para antes de que finalizara 2015, llegando incluso el Viejo Continente a crear una comisión de investigación para aclarar los vehículos afectados en Europa y las medidas a adoptar contra Volkswagen.

Una vez entrados en 2016, cuando las investigaciones ya estaban suficientemente avanzadas, comenzaron a llegar las primeras demandas al grupo. Y las primeras compensaciones por parte de Volkswagen. La compañía anunció que compensaría a sus accionistas y tenedores de deuda, después de que estos denunciaran las pérdidas ocasionadas por el escándalo del «dieselgate».

Fue el primer aviso. Un mes después, hasta 300 inversores institucionales anunciaron una denuncia contra el grupo. La Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos también hizo lo propio. Un mes después, llegó el turno de los concesionarios americanos. Incluso el Gobierno español tuvo que asegurar que no reclamaría la devolución del plan PIVE al fabricante, una medida que se reclamaba desde distintos ámbitos. Durante estos meses, la Fiscalía anunció que investigaba a 17 personas por el escándalo.

En marzo, poco antes de que se cumplieran seis meses del escándalo, la compañía presentó sus resultados. En total, fueron 1.500 millones de euros las pérdidas netas. Un año antes, el ejercicio se cerró con unos beneficios de 10.000 millones.

Pacto con EE.UU.... pero no con Europa

Para evitar nuevas denuncias, Volkswagen llegó en junio a dos pactos con las autoridades americanas para resarcir a los consumidores estadounidenses por el «dieselgate». En total, la marca abonará 14.300 millones de euros para compensar a sus clientes en Estados Unidos. Los dueños de los vehículos afectados recibirán cada uno 5.100 dólares en este continente.

Lejos de acallar la polémica, esta medida no ha hecho más que despertar nuevas críticas al fabricante. La Comisión Europea ha reclamado en varias ocasiones este verano que Volkswagen ponga en marcha indemnizaciones también para los consumidores del Viejo Continente. El fabricante ha asegurado que esta medida supondría la quiebra de la empresa, pero las presiones por parte del Ejecutivo comunitario se mantienen. Mientras, la imagen de marca del gigante automovilístico se resiente todavía más en Europa, aunque no haya recibido sanción alguna.

Las últimas informaciones se han remontado de nuevo al origen del escándalo. Hace una semana, un ingeniero de la marca se declaró culpable del «dieselgate», mientras que el pasado sábado el semanario «Der Spiegel» publicó que funcionarios alemanes borraron pruebas del caso para evitar que se difundiera el funcionamiento del dispositivo fraudulento. El ya famoso software ha creado la crisis reputacional más importante de la historia para Volkswagen. Probablemente Michael Horn no pensaba cuando pronunció su famosa frase que ésta tendría tanto recorrido. Hoy, sin embargo, ya está ligada a una de las mayores estafas del sector automovilístico.

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