Ortuño celebra uno de sus goles con el Cádiz CF ante el Getafe
Ortuño celebra uno de sus goles con el Cádiz CF ante el Getafe
CÁDIz CF

El reencuentro del Cádiz CF con la victoria

Garrido y el goleador Ortuño, claves en la victoria cadista ante el Getafe, la primera de la temporada
Por  13:05 h.

Con una desbordada eclosión de júbilo y una espontánea explosión de alegría recibió la afición gaditana la primera victoria de la temporada. Broche feliz a un partido que devolvía definitivamente la sonrisa a una hinchada que, henchida de esperanza, ya constituye binomio inseparable con su equipo. Aunque la rotundidad del resultado de tres a cero conduzca a colegir la placidez de una flagrante superioridad, nada más lejos de la realidad.

El partido jugado el pasado domingo frente al Getafe, como la inmensa mayoría que se disputan en esta categoría, estuvo marcado por un tenso equilibrio entre dos conjuntos parejos, por una igualdad manifiesta, sólo resueltos con el acierto goleador de los locales en los minutos finales. Anotado el primer tanto tras un fulgurante arranque del Cádiz CF, el mando del encuentro pasó a botas madrileñas, que movían el esférico con precisión y solvencia pero, carentes de profundidad, sólo pudieron crear peligro con faltas cercanas al área que, de manera ingenua, los amarillos concedían.

Cambiadas las tornas tras el descanso, el Cádiz CF controlaría ya la situación. Pero los minutos pasaban lentísimos y la incertidumbre emanada del exiguo marcador hacía cundir palpable preocupación en los graderíos. Máxime cuando se observaba cómo el morenito Yoda ponía en jaque a la zaga cadista cada vez que tocaba la bola y cómo nuestros delanteros desaprovechaban clamorosas ocasiones de finiquitar el partido al contragolpe. Con la defensa adelantada y despoblada, las continuas pérdidas de balón en que incurría el Getafe, en el suicida intento de sacarlo jugado desde atrás, constituían invitaciones expresas para el finiquito del 2-0.

Objetivo, por fin, conseguido en brillante acción individual de Aitor García, que convertía las gradas del Carranza en escenario de una fiesta permanente hasta el pitido final. Dentro del óptimo nivel ofrecido por todo el equipo, pleno de entrega, pundonor y concentración, cabe destacar el soberbio partidazo que se marcó Garrido, quien, pletórico en el corte y fácil en la entrega, tal vez firmara su mejor actuación de amarillo. Y qué decir de Ortuño, esa perla que igual anota goles que genera fútbol para el equipo.