Cultura - Teatros

Julia Gutiérrez Caba: «He sido feliz a ratos, y eso es un privilegio»

La actriz interpreta junto a Miguel Rellán, y bajo la dirección de David Serrano, la obra «Cartas de amor», de A. R. Gurney

Julia Guiérrez Caba, en los teatros del Canal, donde se presenta «Cartas de amor»
Julia Guiérrez Caba, en los teatros del Canal, donde se presenta «Cartas de amor» - Belén Díaz

Si fuera británica, todo el mundo la llamaría Lady Julia. Aquí -somos más castizos- sus viejos amigos la llaman «Juliguti», sobrenombre que le puso Jaime de Armiñán. Pero se le llame como se le llame, Julia Gutiérrez Caba emana señorío y elegancia; hay en su mirada una expresión perenne de serenidad y de paz. Después de muchos años de ausencia de los escenarios (solo rota por su participación en la serie de lecturas «Cómicos de la lengua»), la actriz regresa con «Cartas de amor», un texto del estadounidense A. R. Gurney, en la que comparte tablas con Miguel Rellán, bajo la dirección de David Serrano. El actor decía ayer en los teatros del Canal, donde se presenta la obra tras su estreno en Avilés, que cuando tomó conciencia, en los saludos tras dicho estreno, de estar con Julia Gutiérrez Caba en el escenario, estuvo a punto de desmayarse. Y es que la actriz es, aunque ella no lo quiera, un nombre legendario en nuestro teatro.

¿Qué tiene esta obra para sacarla de ese semiretiro en el que está?

Miguel Rellán y Julia Gutiérrez Caba
Miguel Rellán y Julia Gutiérrez Caba- Marieta AVI

Me llamó Miguel Rellán, con quien había trabajado solamente una vez, en la serie «Los Serrano». Me dijo que ya sabía que no quería hacer teatro. «No», le dije, «porque me cansa, yo no puedo estar cinco horas ensayando, como se hace ahora, ya no lo aguanto». Me dijo que era una cosa leída, que además los dos personajes estaban sentados, y le dije que me mandara el texto. Había oído hablar de él, y cuando lo leí me interesó. Antes, me entrevisté con el director, David Serrano, a quien no conocía personalmente. Le expuse mis problemas; me prometió que no iba a ensayar nunca cinco horas y que no tendría que hacer giras. Fue derrumbando las barreras que yo le ponía, y al final me dije que casi tenía la obligación de hacerlo. Porque si a estas alturas de mi carrera, me siguen requiriendo para trabajar, no tengo razones para decir que no.

¿No echa de menos el escenario?

No... Para mi familia, el teatro ha sido la vida. Cuando éramos niños, veíamos trabajar a nuestros padres en esa historia llamada teatro, que tuvieran unos horarios diferentes a los de los demás padres. Eso lo asimilas desde que eres pequeño; notas las ausencias, pero las asimilas. El teatro ha sido básico... Ha sido nuestra propia vida. Pero llega un momento en el que entiendes que las cosas ya no son igual, no solo en el trabajo; comprendes que hay otra vida fuera del teatro... ¿Que si lo echo de menos?, pregunta... Moderadamente. Lo extraño cuando llegan más o menos las cinco de la tarde, que era cuando yo tenía costumbre de salir. Y eso sí me remueve para ponerme en actividad en lo que sea. Yo salgo, camino, voy a un sitio o a otro, porque es un momento del día en el que mi cuerpo me reclama esa actividad. Pero pasado ese momento, me reconforta poder tener un orden de vida diferente al que tenía. Sigo yendo como público al teatro -no puedo ir a todo, claro-; sigo pensando lo difícil que es todo cuando estás subido ahí arriba. Pero echo de menos el teatro como hay tantas cosas que echas de menos en tu vida a medida que vas teniendo años.

¿Y subirse de nuevo al escenario que le ha supuesto?

Retomar lo que yo había dejado. Aunque no hace tanto; no es lo mismo, pero estuve haciendo unas lecturas con José Luis Gómez no hace mucho, que me abrió otras posibilidades y me permitió otra manera de trabajar... Los actores, como el resto de los seres humanos, tenemos que aprender todos los días algo, y cuando esto se te ofrece has de asumirlo. Como también has de asumir que ya no puedes hacerlo todo.

¿Y hacerlo, si no con alegría...?

Sí, sí, con alegría -interrumpe-. Los ensayos de «Carta de amor» han sido cómodos, divertidos. David es un hombre optimista, educado, y eso también pesa en el trabajo. Y Miguel también. Para mí ha supuesto una cosa nueva, y eso siempre es importante para un ser humano, e imagínese para una actriz... Mucho más.

Dice que hay que aprender todos los días. ¿Qué ha aprendido de Melissa Gardner, su personaje en «Cartas de amor»?

Es una mujer rica de familia. Para poder hacer a los personajes tienes que comprenderlos, y yo he tratado de entender cómo ha sido su vida, las ausencias que tiene a pesar de su dinero; tiene las ausencias más elementales que tiene el ser humano, y por eso su vida es conflictiva, al contrario que el personaje que interpreta Miguel, que es un hombre mucho más centrado por sus padres, por su familia, etcétera-. Melissa no es así. Siempre ha hecho lo que le ha dado la gana en su vida, pero eso no ha sido siempre lo mejor. Dentro de eso, es un personaje que tiene humanidad, sentido del humor, y que lo sostiene hasta donde puede.

¿Hacer, como los personajes en esta obra, un recorrido de más de cincuenta años por sus vidas, lleva a los actores a recorrer también su vida?

Eso lo haces sin necesidad del texto. Los recorridos los hacemos todos cuando llegamos a una determinada edad... Pero sí, los personajes lo hacen y los actores lo hacemos también.

¿Y cómo se resume ese recorrido? ¿Es positivo, ha sido feliz?

Sí, sí, sí. Yo he sido feliz; como tantos seres humanos, no siempre... La felicidad se tiene a ratos; a veces a días, o a meses... Eso los que somos unos privilegiados. Yo sí he sido feliz... a ratos; otras veces no. Y como todos, he pasado por ausencias, por enfermedades, por crisis, por fallecimientos, por todo lo que nos puede pasar... He tenido momentos difíciles, pero he tenido otros felices, y eso se puede considerar un privilegio.

¿Es también un privilegio que siga la saga familiar de actores con su sobrina nieta, Irene Escolar?

(Ríe) Sí, es una suerte. Pero yo no creo que seamos tan importantes. En algún momento la saga se acabará, y no pasará nada. La vida seguirá. Pero está bien, porque además Irene se toma muy en serio su trabajo, es muy ejecutiva en él, se esfuerza y estudia mucho. Y está muy bien. Pero, como le he dicho, en algún momento se acabará; si no es en este siglo, en el próximo, y no pasará nada.

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