PATRIMONIO

San Ambrosio, la joya visigoda olvidada

La ermita, declarada BIC y un ejemplar único en Andalucía, languidece entre la maleza, los expolios y el abandono

El monumento barbateño, dejado a su suerte tras su restauración.
El monumento barbateño, dejado a su suerte tras su restauración. - M. ALMAGRO

Todo empieza atravesando un estrecho sendero en cuesta. A los lados, unos cuantos árboles que delgados, altos y desnudos resisten en este espectral paraje digno de una fantasía de terror de Tim Burton. La contradicción es evidente. El vallado, el poco que queda y no se han llevado, separa la diferencia entre la vitalidad del verde que regala el parque natural de la Breña, y el gris solitario que parece anunciar un olvido. Aquí se escucha todo, porque, precisamente, no se oye nada. Unas vacas retintas son la única compañía. Unos pasos más y al final de un pequeño trecho aparece a duras penas, entre vegetaciones y malas hierbas crecidas, toda una joya visigoda: la ermita de San Ambrosio se erige con la poca dignidad que le han dejado hacerlo. Este monumento paleocristiano del siglo VII resiste a sus heridas, a pesar de que hace tiempo todas las administraciones parece que se olvidaron de curarlas, sin tener en cuenta que se trata de uno de los pocos templos de arquitectura visigoda que se conservan en Andalucía.

Aún así, cubierta de cicatrices, te invita todavía a levantar la mirada aunque, con cierta precaución para no tropezar o pisotear la villa romana sobre la que se asienta, también escondida y postergada bajo jaramagos y espinos. La maleza está por todos lados, por el suelo y por los muros. Ahí se abre paso peligrosamente entre sus sillares. Sin orden. Sin control. Justo éste es uno de los problemas más graves que hay que superar para seguir conservando la ermita. La natural y espontánea crecida de la vegetación puede causar graves destrozos e incluso el derrumbe de algunas de sus partes más castigadas, lo que ya sí que tendría una escapatoria más difícil.

M. ALMAGRO

Pero además de lo que hace tiempo que invadió la naturaleza, en este monumento al abandono también se vislumbra la mano del hombre. La peor, claro. Poco o nada queda ya de la restauración que se le hizo a la ermita con dos escuelas taller (del 98 al 2000 y de 2002 a 2004), que lograron recuperar su valía arqueológica y constructiva tras meses de trabajo.

Los vándalos han robado buena parte de las vallas metálicas que cerraban la parcela. También arrasaron con sillares y tejas y otras piezas que se quedaron en la finca con la idea de que fueran trasladados en un futuro a algún museo de la provincia. Un futuro que nunca llegó.

Y lo último, el cartel. La ermita ya no tiene ni nombre. Hace unas semanas alguien decidió que la única señal que presumía sobre el monumento también sobraba y, sin más, la cogió y se la llevó a su casa.

Un centro que no interpreta nada

Al lado del monumento se construyó lo que iba a ser supuestamente un centro de interpretación. Labrado en piedra en este lugar se iba a recibir a visitantes para explicarle el valor artístico y monumental de la ermita de San Ambrosio. A medio construir, con ventanas pero sin puertas, en su interior sólo quedan algunos sillares, tejas arrumbadas y basura.

Pintadas en una de las capillas.
Pintadas en una de las capillas.- M. ALMAGRO

Como se reproduce en el estudio realizado por el historiador Francisco Gabriel Conde en su obra ‘Patrimonio Cultural de Barbate en 2007’, en cuanto al conjunto monumental en sí una muestra de su deterioro es la ausencia de cubiertas, el apuntalamiento, la falta de revestimientos o la degradación de los materiales constructivos. «La capilla lateral es la parte de la ermita que, dentro del deterioro generalizado, presenta un mejor estado de conservación. Esto se debe a que en ella estuvo expuesta al culto hasta hace poco tiempo una imagen de San Ambrosio muy venerada entre los vecinos del lugar».

¿Y qué es lo que ha ocurrido para que una joya del patrimonio andaluz esté en esta situación? Pues parece que todo responde a una cuestión de convenios. Burocracia. El edificio (protegido por la Junta de Andalucía como Bien de Interés Cultural en 2004) es propiedad del Obispado de Cádiz y Ceuta que en febrero de 2015 firmó un acuerdo con el Ayuntamiento de Barbate (entonces gobernado por el PSOE) por el que se les cedía el uso a cambio de que el Consistorio se encargara de su mantenimiento. Este convenio actualmente está vigente y su plazo expirará en febrero de 2018 cuando se hayan cumplido los tres años de plazo.

¿En valor?

«Está claro que nosotros queremos ponerlo en valor», explica Sergio Ramos (PA), el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barbate. El edil reconoce que la situación económica por la que pasa el municipio es «complicada», lo que les ata las manos para poder hacer alguna actuación de envergadura que rescate el edificio. Por ello, el departamento de Intervención está preparando un informe para constatar si existe o no viabilidad. «Nuestra intención es seguir trabajando para no desligarnos y poder aprovechar un monumento de esa valía pero es evidente que tenemos otros compromisos con la ciudad que cumplir antes». En este sentido, Ramos entiende que el convenio que ahora mismo tienen con el Obispado puede seguir aunque limando algunas de las condiciones que sí les permitan poder asumir su mantenimiento.

Por su parte, la Junta de Andalucía, encargada de velar por la integridad de un espacio reconocido comoBIC, ha venido haciendo desde el año 2011 diferentes requerimientos al Obispado para que le remitiese información sobre el estado de conservación de la ermita, así como un proyecto de conservación. Tras esta petición hubo siete más. Hasta que en junio del pasado año, tras la última respuesta alegada por el Obispado, se emitió un informe por el Departamento de Protección del Patrimonio Histórico, concluyéndose que «no eran válidas ni las manifestaciones ni las argumentaciones técnicas formuladas, y que resultaba manifiestamente desatendido» el requerimiento de esta delegación. Por este motivo, se inició un expediente de sanción administrativa hacia la propiedad que actualmente está en fase de respuesta a alegaciones.

Así, mientras que la pelota sigue de un tejado a otro, la ermita languidece ajena a todo. Sujeta por un andamiaje que sí que la soporta pero por unas piedras que cada vez parecen tener menos fuerza. De repente, una bandada de ibis la visitan y se posan en ella. La estampa es impresionante. Una postal de un cuento que lleva años esperando tener un buen final.

Ibis emeritas sobrevuelan la ermita.
Ibis emeritas sobrevuelan la ermita.- M. ALMAGRO
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