Crítica de 'En los márgenes': Lo esperado y lo inesperado del director Juan Diego Botto

Está bien aliñada de ritmo, tensiones, atmósferas y verosimilitud dentro de un carril ideológico que suele preocuparse más por el ‘mensaje’ que por su credibilidad

Penélope Cruz, en un fotograma de 'En los márgenes'
Oti Rodríguez Marchante

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Era previsible que la primera película como director de Juan Diego Botto fuera un intenso drama social, incluso que tuviera un cierto aire, aroma, del cine de Ken Loach, Laverty o Guédiguian , por poner sólo unos casos de cine europeo ‘comprometido con la causa’. Lo que no era tan previsible es que, más allá del ‘tema’, estuviera tan bien aliñado de ritmo, tensiones, atmósferas y verosimilitud dentro de un carril ideológico que suele preocuparse más por el ‘mensaje’ que por su credibilidad.

Hay varias historias cruzadas en el interior de esos márgenes y el hilo conductor de ellas es un personaje, un abogado solidario que interpreta Luis Tosar y que maneja las tensiones de los varios sucesos que se relatan, el de una mujer y su pequeño hijo que van ser desahuciados de su casa, una niña magrebí que recogen los Servicios Sociales porque aprecian desatención por parte de la madre o un hombre atrapado por el banco que dilapidó el dinero de su madre…, además de su propia causa, pues el abogado está en mil batallas mientras pierde la suya personal al no estar nunca donde su familia lo necesita. Es decir, desahucio, inmigración, crisis financiera y crisis personal, asuntos actuales, cotidianos, angustiosos y que le dan trabajo a la conciencia. También muy susceptibles de caer en el cliché, en lo convencional.

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En los márgenes

En los márgenes

El peso físico de la película cae en Luis Tosar, actor de mucho aliento y fuertes espaldas para sujetar el peso del mensaje y la adrenalina de su personaje, que no se da un respiro entre el agobio, el tráfico, las prisas y un sinfín de vueltas para estar en todos sitios y en ninguno. El peso emocional lo provoca Penélope Cruz , la madre a desahuciar, y los intentos de parar el desalojo por lo legal o por lo alegal. Y el peso de la aflicción, de la máxima pesadumbre, lo aporta la actriz Adelfa Calvo , la madre sola y esquivada por su hijo mal inversor, en una escena contra la cámara realmente conmovedora.

Película bien construida, narrada e interpretada con pasión, quizá con tanta que sus personajes no consiguen desencorsetarse y la cámara no deja de mirarlos nerviosa, excitada y con apetito documental (alguna escena de asamblea vecinal con el estilo real y directo de las de Loach). Tosar y Penélope tienen la función (y el deber) de estar en el centro del plano, pero con qué arte se lo disputan Adelfa Calvo y Christian Checa , el hijo no, el hijastro.

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