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El hombre más bello de Hollywood se retira

Este viernes se estrena en España «The Old Man & the Gun», con la que el intérprete dice adiós a una carrera de más de seis décadas llena de éxitos

Robert Redford, en «El gran Gatsby»
Robert Redford, en «El gran Gatsby» - ABC
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A Robert Redford (California, 1936) ya se le había roto la vida dos veces antes de cumplir 23 años. En 1955, la muerte de su madre a causa de un cáncer arrollador lo traumatizó y lo llevó a vagabundear un año por Europa, siguiendo su vocación de pintor, para acabar regresando a Estados Unidos abrazado a una botella. Mientras deambulaba por las calles de California, solo la mano de una joven de Utah que pasaba el verano en busca del calor y las olas del Pacífico le sacó del infierno. Meses más tarde, en 1958, la pareja se casó y Lola Van Wagenen, la flamante esposa, convenció a su marido para que estudiara Artes. Pero les sobrevino el segundo golpe. Su primogénito falleció de muerte súbita y de nuevo la oscuridad. Apoyado en Lola, las clases de teatro sustituyeron la terapia del alcohol y pronto un profesor le consiguió un papel en Brodway para recomponerse bajo la luz de los focos. Un fulgor que ya nunca le abandonaría.

Tras casi sesenta años de brillante carrera, Robert Redford se retira con la película «The Old Man & the Gun». El cineasta ya anunció en agosto que éste sería su último trabajo: «Llevo haciendo esto desde los 21 años... ya es suficiente», dijo en la revista «Variety». «Como actor, ya solo pienso en la jubilación». Un retiro que le llega tras participar en 74 películas desde su debut en la gran pantalla en 1960. Desde entonces ha protagonizado al menos un gran filme cada década, una carrera que pocos nombres en la historia del cine pueden llegar ni siquiera a imaginar, y eso que la Academia de Hollywood nunca le reconoció por ninguno de sus papeles. Pero a eso llegaremos después.

Los premios no pasaban por su cabeza en 1960, cuando interpretó a un jugador de baloncesto sin una línea de diálogo en «Me casaré contigo», protagonizada por Jane Fonda. De haber creído en el destino, Redford se hubiera despedido de aquel rodaje diciendo un «hasta luego» a la actriz. Pero nadie en el set prestó atención a aquel extra rubio; tanto que ni aparece en los créditos de la película.

Tuvieron que pasar seis años para que se volvieran a reencontrar. Primero en «La jauría humana» (1966), donde Redford interpreta a un fugitivo que huye de una masa enfurecida, de la que solo el shérif Marlon Brando le puede salvar; y sobre todo en «Descalzos por el parque», donde ya por fin conformaron esa pareja tan inolvidable como odiable y que lanzó sin freno al actor a la cima de la popularidad.

Hay una anécdota entre los rodajes de ambas películas que demuestran el carácter de Robert Redford y cómo el destino le tenía preparado el mejor de los futuros. En 1966 se vino a España buscando una vida más tranquila con la idea de tomarse un año sabático. Paseó unos días por Málaga, Fuengirola y Mijas; y un par de meses por Mallorca. Pero pronto recibió una llamada para protagonizar la comedia romántica que lo llevaría a convertirse en el mito que todavía hoy genera suspiros y admiración.

Desde ese papel junto a Jane Fonda, y ya sin solución de continuidad, encadenó éxitos sin pausa. «Dos hombres y un destino», en 1969, donde coincidió con su otra gran pareja cinematográfica, Paul Newman. En 1972 estrenó «El candidato» y «Las aventuras de Jeremiah Johnson», su primer filme a las órdenes de su adorado Sydney Pollack, con el que tantas veces terminó a voces y con el que tantas veces repitió: «Tal como éramos» (1973), «Los tres días del Cóndor» (1975), «El jinete eléctrico» (1979), «Memorias de África» (1985) y «Habana» (1990). Y tantas otras y variopintas películas, ya en su madurez, como «El hombre que susurraba a los caballos» (1998), «Spy Game (Juegos de espías)» (2001) o «Cuando todo está perdido» (2013). Sin embargo, entre toda esa filmografía casi inabarcable solo recibió una nominación al Oscar como actor: en 1973 por «El golpe».

Todos los premios que le negaron como intérprete le fueron compensados con su primer filme detrás de las cámaras, «Gente corriente», que ganó la estatuilla a mejor película y director en 1980. Tras ella llegaron nueve títulos más, entre los que destacan «Quiz Show. El dilema» o «Leones por corderos». Además, en 2001 recibió el Oscar honorífico, como si la Academia quisiera compensar lo que no le dio antes.

Al echar un vistazo por las cientos de fotografías que el Archivo de ABC guarda de Robert Redford, no es difícil encontrar en muchos de los actores actuales rasgos del joven Redford. Un atractivo que parece haber heredado su pupilo, Brad Pitt, que tiene gestos calcados desde que lo apadrinara en «El río de la vida». Pere no solo físicamente. Su forma de pensar -y la de Jane Fonda- marcaron el estándar ideológico de las estrellas de Hollywood. Abierto militante del Partido Demócrata, se define como ecologista y es crítico con muchas de las políticas de Estados Unidos. Lo que viene siendo el discurso genérico de los actores y directores y que condensó en el Festival de Sundance, que el mismo Redford fundó y al que cada año viajan las grandes estrellas desde California como si en una semana de cine independiente en las nevadas calles de Utah pudieran exorcizar un año de «blockbusters».

Con su retirada, la cabellera rubia pasa al olimpo de los mitos del cine. Un adiós que quizá le permita retomar lo que intentó aquel lejano año de 1966: dedicarse a la pintura. «En este momento de mi vida la pintura me daría más satisfacciones porque no soy dependiente de nadie. Sólo soy yo, como yo solía ser», dijo en «Variety». El último gesto de una leyenda.