OPINIÓN

Nada es lo que parece

Los médicos que se dedican a la traumatología son como mecánicos, pero son traumatólogos

Antonio Ares
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No sabría qué decir, si realmente vivimos engañados o nos dejamos embaucar por ese frenesí ilusionante de querer y no poder. Ahora todo es «des». Nada es lo que parece. Todo ha sufrido la manipulación precisa para intentar parecerse al original sin conseguirlo. Todo se ha convertido en mera copia falsa de mala calidad de un original añorado. Una señora entró en una cafetería y pidió un «desgraciado», el camarero, perplejo y algo confuso, le pregunto extrañado: ¿Qué es eso? Ella respondió algo alterada y muy indignada, como si él tuviera que saberlo. ¡Que va a ser! Un café descafeinado, con leche desnatada y sacarina.

Los médicos que se dedican a la traumatología son como mecánicos, pero son traumatólogos. Los médicos que se dedican a la cirugía cardiovascular son como fontaneros, pero son cirujanos que manejan con mimo el motor de nuestra vida. Los neurólogos son como electricistas, pero cuidan con esmero nuestro cerebro.

Hace tiempo que en nuestra sanidad ya nada es lo que parece. La medicina ya dejó de ser el sano arte de intentar curar para convertirse en un objeto de consumo más, y como tal tiene un precio a la baja. Por indicación de normativas europeas todos los estudios universitarios se han convertido en grados. Una simplificación que no tiene sentido cuando cada diseño ha de competir por ocupar un espacio con funciones determinadas y únicas. Ni los estudios son los mismos, ni las capacidades son idénticas y sobre todo las responsabilidades no son comparables.

En pro de una política de ahorro, y sin llegar a reconocer la fuga incesante de profesionales de la medicina, el Servicio Andaluz de Salud ha diseñado unos Protocolos de Atención Compartida de la Demanda Aguda no Demorable. Mero eufemismo de rebajar los recursos asistenciales y de transgredir responsabilidades de los profesionales sanitarios. No consiste en tratar personas enfermas y enfermedades, tan sólo de mitigar síntomas ¿Quién decide cuando una hipoglucemia es leve? ¿Cuándo una diarrea es un simple empacho? ¿Quién toma la decisión de que un vómito es un cuadro banal? ¿Hasta qué punto una lumbalgia es eso, un mínimo dolor de espalda? Este parche no es siquiera solución a corto plazo. Realizar un estudio realista de los recursos humanos necesario para dar una cobertura asistencial según la población y la demanda, y remunerarlos de manera acorde a su cualificación, prestigio y entrega sí que sería empezar a solucionar este problema.

El acto médico es algo más que una simple consulta. Tras una historia clínica exhaustiva, una anamnesis por órganos y aparatos, una exploración física detallada, la solicitud de pruebas complementarias, se llega a un posible diagnóstico y se instaura, si se puede, tratamiento. Eso sí, teniendo como principio y fin el bienestar del paciente y su curación si es posible.

La ciudadanía debe ser consciente de que cuando demande una asistencia médica de urgencias se podrá encontrar con un profesional que con la mejor de las voluntades, intentará solventar su problema, pero que puede que no esté capacitado para discernir si el asunto es banal o se trata del prolegómeno de algo más serio.

Antonio AresAntonio AresArticulista de OpiniónAntonio Ares