LA SEMANA

Jaurías justicieras

Con la Justicia está pasando como con el fútbol, que por lo visto todo el mundo entiende; y se radicalizan las opiniones sin tener el más mínimo conocimiento de Derecho

Ignacio Moreno
CÁDIzActualizado:

Una de las cosas que más molesta a los periodistas deportivos, y ya no les cuento a los entrenadores y jugadores, es aquello que siempre se ha dicho de que en España todo el mundo entiende de fútbol. Para estos profesionales, lógicamente, se trata de su trabajo. Y –al margen de perversiones periodísticas tipo ‘El Chiringuito’– la mayoría trata de hacerlo con dignidad, sin frivolizar. Contándolo con más o menos fortuna como lo que es, un espectáculo, pero tratando de ser rigurosos. Por eso les molesta profundamente los ‘análisis’ de aficionados que lo más redondo que han visto en su vida es un cartón de huevos y jamás han tenido ningún contacto con un vestuario o con el entorno de un club de fútbol. En el mundillo periodístico–deportivo gaditano todos conocen la maravillosa anécdota de un exfutbolista, ahora comentarista, al que un técnico de lavadoras que fue a su casa le pidió un análisis de cómo veía la situación del Cádiz, encontrándose con la siguiente respuesta: «Mi trabajo es hacer análisis de la situación del Cádiz. El suyo es arreglar lavadoras. ¿Le he pedido yo un análisis de cómo está la lavadora?». Otro gran ejemplo lo hemos tenido esta misma semana, cuando ese entrañabilísimo ser llamado José Antonio Camacho se negó a entrar en directo en el programa ‘La Mundial’, de Telecinco, argumentando que él no debate de fútbol «con Lecquio y Matamoros».

Hacen bien periodistas, jugadores y entrenadores tratando de dignificar su profesión. Poniendo de vez en cuando pie en pared para decir que no todo vale. Sin embargo, es una batalla que tienen más que perdida. Es absolutamente imposible ganarla. Y menos ahora que las redes sociales se han apoderado de nuestros cerebros.

En cualquier caso es un tema, dicho sea con todo el respeto, no trascendente. Al fin y al cabo, al resto de la humanidad sólo le afecta en cuanto al ocio. Lo que da pavor es ver cómo ese debate de jaurías absolutamente radicalizadas, ultras no ya de un equipo, sino de un partido político, están llevando esta misma tesitura al mundo de la Justicia. No creo que haya nadie en España a quien no le repugnen los cinco miembros de la tristemente célebre ‘manada’. O que no se alegre profundamente de que Urdangarín, Bárcenas y demás mangantes hayan entrado por fin en prisión. Como deberán entrar todos los que tienen juicios pendientes. Pero de ahí a que miles de ultras justicieros/as se lancen a la calle a protestar por tal o cual sentencia sin haber visto ni de lejos el más básico manual sobre Derecho que en la tierra existiere, dista un mundo. Sé cómo se sienten los periodistas especializados en Sucesos y Tribunales. Imagino cómo deben sentirse los propios jueces. Hay quien argumenta que esto es libertad y democracia en estado puro. Eso será. Pero también tiene mucho de radicalidad. Y de ignorancia. Y esas son las peores enemigas de la libertad y de la democracia.

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