Prueba

Subaru Outback bi-fuel: etiqueta ECO sin renunciar a nada

Probamos la versión especial Black Edition, repleta de equipamiento, que cierra la renovación de la gama en 2019

MadridActualizado:

Encontrar el coche ideal se ha complicado mucho. La tradicional dicotomía entre diésel y gasolina se ha difuminado, para dar cabida a nuevas tecnologías como la hibridación o la electrificación total. Un cambio motivado por la creciente preocupación por el medio ambiente, y las consecuentes restricciones medioambientales en las grandes ciudades.

Fruto de ello también se han redescubierto, en países como España, combustibles alternativos de mucho éxito fuera de nuestras fronteras como el GLP. Grandes y pequeños fabricantes han decidido comercializar en nuestro país vehículos equipados con Gas Licuado del Petróleo, para el que ya existen cerca de seiscientas estaciones de repostaje.

La principal ventaja de este compuesto de butano y propano es que no obliga a renunciar a nada: basta con adaptar un motor de gasolina y equipar un segundo deposito al vehículo, que habitualmente se sitúa en el hueco de la rueda de repuesto (sin restar capacidad al maletero). A cambio, se puede ahorrar hasta un 40% en combustible, gracias a su menor precio, e incrementar la autonomía del vehículo hasta superar los 1.000 kilómetros, ya que también continúa funcionando con gasolina.

La marca japonesa Subaru ha optado por adaptar toda su gama a esta tecnología, disponible ahora como bi-fuel en sus concesionarios tras una adaptación que supone 1.750 euros y que permite mantener la garantía original del vehículo. Asimismo, permite lucir la etiqueta ECO sobre el parabrisas, ya que el GLP genera un 15% menos de emisiones de CO2 que la gasolina; y hasta un 70% menos de dióxido de nitrógeno que un diésel.

Una de las últimas incorporaciones a la gama de Subaru con este combustible ha sido el Outback 2019, denominado bi-fuel cuando se escoge con esta tecnología. Con esta opción el Outback, un vehículo ya muy versátil puesto que rinde bien tanto en carretera como fuera de ella, gana aún más capacidades, al poder circular sin restricciones en ciudad (salvo en los episodios más graves) y gozar de las ventajas de los coches con etiqueta ECO, como circular por los carriles BUS/VAO.

En el caso de nuestra unidad se asocia al motor Boxer de 4.5 cilindros y 2.5 litros atmosférico que impulsa a toda la oferta en gasolina del Outback, y que, pese a ser algo tragón (resulta difícil bajarlo de los 9 litros a los 100 en gasolina, aunque cabe recordar que se trata de un vehículo grande con tracción total, que añade peso extra) ofrece un buen desempeño a pesar de la pequeña pérdida de potencia inherente al uso del GLP, si bien quién realice frecuentes desplazamientos por carreteras secundarias echará en falta un punto extra de potencia a la hora de, por ejemplo, afrontar un adelantamiento.

Empleando solamente gas -salvo en el arranque, ya que hasta que el sistema se calienta emplea gasolina- hemos llegado a recorrer más de 270 kilómetros. La capacidad del tanque se puede comprobar en un indicador situado a la izquierda del volante, invisible para el resto de pasajeros, que también permite alternar entre gas y gasolina a gusto del conductor. El repostaje del gas es sencillo, e idéntico al de la gasolina o el diésel: basta con conectar la manguera correspondiente de la estación de servicio al boquerel, en un proceso que apenas requiere de cinco minutos.

Gran equipamiento

Nuestra unidad venía equipada con el acabado especial Black Tech, disponible durante todo 2019 en los concesionarios españoles de la marca con un precio de 36.600 euros, y que cierra por arriba una gama compuesta por los niveles Sport, Executive y Executive Plus S. Básicamente se trata de éste último con remates específicos, como inserciones en verde en la parrilla y en los faldones laterales; y en costuras de este color conjuntadas con cuero negro; y una mayor presencia del color negro, en la parrilla delantera, los retrovisores, las llantas, los raíles del techo y las letras del portón trasero.

También añade más equipamiento, en particular un navegador TomTom de muy buen funcionamiento -incluye buscador de puntos de interés y localizaciones- y sistema de sonido de 12 altavoces Harman/Kardon. Cabe mencionar la buena calidad de la pantalla central de infoentretenimiento, de 6,5 pulgadas, con el pequeño pero desconcertante inconveniente de que la navegación desaparece momentáneamente al subir o bajar el volumen de la radio.

El BlackTech, como el resto de la gama, mantiene el sistema de tracción integral permanente Symmetrical All Wheel Drive, cuya funcionalidad en terrenos rotos y deslizantes permite afirmar que el Outback es mucho más que un SUV, acercándose a un auténtico todoterreno. Algo para lo que también se ve favorecido por su altura libre al suelo, mayor al de muchos competidores, que también permite una posición de conducción muy cómoda, fácil también de conseguir gracias al ajuste eléctrico de los asientos de nuestra unidad.

En materia de seguridad el equipamiento es notable, con la incorporación del sistema de seguridad preventiva EyeShight, con un amplio nivel de asistentes difíciles de encontrar en un coche de su precio: control de crucero adaptativo hasta 180 kilómetros por hora, alerta de cambio involuntario de carril y sistema activo de mantenimiento de carril son solo algunos de ellos.

Quizá su único inconveniente es que obligatoriamente va asociado al cambio automático Lineartronic, de tipo variador continuo, que adolece de los principales defectos de este tipo de transmisiones, como una respuesta menos ágil que los de doble embrague y un régimen de revoluciones en el motor que no va asociado inmediatamente a su respuesta al pisar el acelerador. A cambio, resulta muy confortable para quién desee una conducción cómoda y sin sobresaltos. Dispone de un modo manual que puede ser manejado mediante levas en el volante, con siete relaciones.

Mención aparte merece el espacioso habitáculo del Outback, así como su amplio maletero de 512 litros de muy fácil acceso, sin resaltos que dificulten acomodar cargas de gran tamaño.

El nivel de equipamiento Black Tech, por su parte, también incluye siete airbags, faros adaptativos con tecnología led, cámara frontal, lateral y trasera (adaptada para avisar de la presencia de vehículos en los puntos ciegos traseros al desaparcar, pero cuya visión a cambio es quizá demasiado deformada para, en ocasiones, hacernos una idea exacta del espacio disponible).