Alberto Varela - CRÓNICAS ATLÁNTICAS

Extremos que se tocan

Si se analiza con calma no es tan raro el paso de un exalto cargo del sindicato CIG a simpatizante de Vox

Alberto Varela
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Ha llamado mucho la atención estos días el caso de un ex alto cargo del sindicato CIG y ex militante del BNG que ahora se ha convertido en un acérrimo defensor de Vox. Ramón Maceiras, que así se llama, publica vídeos en las redes sociales en los que destaca sobretodo por criticar duramente al nacionalismo gallego, corriente política en la que incluye Alberto Núñez Feijóo y al Partido Popular de Galicia.

Curiosa metamorfosis política la suya, podemos pensar, ese pasar del amor al odio hacia la obra de Castelao, pero si lo analizamos con calma el cambio no resulta tan raro. Los polos opuestos de atraen y los extremos se tocan. Así ha sido toda la vida. Es cierto que los postulados que defienden Vox y BNG o Anova no tienen nada que ver. Derecha contra izquierda, nacionalismo español contra nacionalismo gallego. Agua y aceite, pero en lo que sí coinciden es en su incapacidad de entender las posturas de los adversarios políticos. Si no estás conmigo estás contra mí, parecen pensar, obcecados en defender proyectos excluyentes que lejos de buscar sociedades integradoras apuestan por marcar diferencias y señalar a buenos y malos ciudadanos.

Envolverse en una bandera puede tener un poder simbólico arrebatador, una carga romántica alucinante, pero que nadie crea que así se van a solucionar los problemas políticos y sociales. El viaje hacia el centro puede resultar menos atractivo para algunos, pero no duden que siempre será más productivo. Escuchando al adversario se aprende más que con mil adulaciones del compañero de filas. En el argumentario de Vox el PP es nacionalismo gallego, como para el Bloque todo lo que no sea independentismo es centralismo radical. El problema de las ideologías extremas es que intentan meter a los ciudadanos en categorías cerradas en las que no todos entramos. La sociedad es mucho más compleja que los clichés que manejan, pero algunas fuerzas políticas no son capaces de entenderlo. Ni el centro-derecha es nacionalista ni quien defiende la utilización del castellano en las aulas odia a Galicia. Mal asunto si le hacemos caso a los que quieren confrontación.

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