Los CDR levantaron los peajes de la AP-7 sin que los Mossos lo impidiesen - EFE /Vídeo: AT

Sánchez acepta que Torra plantee la autodeterminación en su encuentro

El jefe del Ejecutivo solo acudirá al encuentro con Torra si es una reunión entre presidentes y no una cumbre como reclama la Generalitat

Barcelona - BruselasActualizado:

Apaciguamiento, diálogo... ibuprofeno como remedio universal. El próximo 21 de diciembre, el Gobierno reunirá a su Consejo de Ministros en una Barcelona blindada por la amenaza de disturbios por parte del independentismo, una circunstancia que no ha modificado ni la cita en sí ni la pretensión de Pedro Sánchez de reunirse con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, que hace apenas una semana avalaba la «vía eslovena», desautorizaba a los Mossos d’Esquadra y seguía exigiendo, ayer mismo por boca de su portavoz, que en el citado encuentro se exploren soluciones políticas para Cataluña que vayan más allá del marco constitucional.

Ayer desde Bruselas, el presidente Sánchez afirmaba desconocer aún si tendrá lugar la reunión con Torra, aunque en cualquier caso afirmó que no tiene inconveniente en que el presidente catalán, como ha exigido, «hable de autodeterminación, porque dentro de la Constitución se puede hablar de todo, aunque ese tiempo que gaste en ello lo aprovecharé yo para hablar del paro juvenil, de infraestructuras, y de los problemas que tienen los catalanes». Contra toda evidencia, el presidente Sánchez se niega a reconocer que la situación política en Cataluña haya empeorado desde que está en el poder e insistió en que si su gestión ha tenido repercusión en el resultado de las elecciones en Andalucía es porque «este Gobierno quiere resolver el problema de Cataluña». Su receta sigue siendo «sosiego, sentido común y tiempo» y la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, y un posible encuentro con Torra, es «un gesto de respeto y acercamiento a la España autonómica».

La posibilidad de que finalmente el viernes se produzca el citado encuentro se puso sobre la mesa el pasado jueves, cuando la consejera portavoz Elsa Artadi sugirió esa posibilidad ya sin condicionar el encuentro a que sea una cumbre «de gobierno a gobierno», como planteaba semanas antes. En la oscilante política de comunicación del gobierno catalán, esas palabras de Artadi –en lo que parecía un intento de desinflamación tras haber manifestado ella misma con anterioridad que la cita del 21-D era una «provocación»– fueron matizadas ayer. Artadi esta vez volvió a poner condiciones:«Estamos dispuestos a una reunión en la que se puedan buscar soluciones, no a reuniones cosméticas. Si ha de haber una reunión se tiene que entrar en contenidos, hablar de por qué estamos donde estamos y sobre todo de cuáles son los mecanismos políticos fuera de la justicia para poder canalizar esta situación».

En el Govern, como en el conjunto del independentismo, hay temor a que la reunión del 21-D sirva para transmitir una imagen de «normalidad» a la que no están dispuestos. Fuentes del Ejecutivo catalán consultadas por ABC añadieron que «hay que poner encima de la mesa todos los temas. No solo hablarlos, sino abordarlos a fondo». «Si no están dispuestos a ello, no hace falta hacer reuniones», añadieron.

«No hay delimitación»

Al Gobierno, por lo que expresó ayer el mismo Pedro Sánchez y la ministra portavoz Isabel Celaá –«no hay ninguna delimitación ni censura previa»– le parece bien hablar de todo. Torra planteará lo suyo y Sánchez contestará que «el encauzamiento del conflicto para Cataluña no es otro que diálogo dentro de la Constitución. No hay otra salida», apuntó la portavoz. Si no hay objeciones en cuanto a la agenda a tratar, sí las hay por lo que respecta al formato. Así, el Ejecutivo plantea como única opción un encuentro con «formato presidente-presidente», y no una cumbre como desearía la Generalitat, en la que al menos estuviesen el vicepresidente Pere Aragonés, la consejera de Presidencia, Elsa Artadi, y sus homólogos del Gobierno.

Las objeciones del Ejecutivo en cuanto al formato no esconden en ningún caso el deseo, ansia se diría, del Ejecutivo por celebrar un encuentro que, aunque sitiado por las barricadas que anuncian los CDR, contribuya a dar una imagen de desinflamación; en definitiva, la dosis de ibuprofeno que recetaba esta semana el ministro José Borell en el Foro ABC.

Ayer, a las pocas horas de que la consejera Artadi pusiese pegas al encuentro asegurando que no habían recibido invitación formal, la vicepresidenta Carmen Calvo mandaba sendas cartas al vicepresidente Aragonés y a la alcaldesa Ada Colau. En su misiva al número dos del Govern, Calvo apuntaba que la reunión de ministros en Barcelona es «una gran oportunidad para demostrar a la ciudadanía nuestro compromiso con la cooperación y el entendimiento, lanzando un mensaje nítido en favor de la convivencia». En concreto sobre la reunión, y recordando lo hablado por Torra y Sánchez en Madrid a primeros de julio, «sería conveniente que ambos pudieran mantener un encuentro con el que retomar la senda de diálogo constructivo que debe cimentar la relación entre nuestros gobiernos».

Instituciones como Fomento del Trabajo trabajan para que así sea. La noche antes del Consejo de Ministros la histórica patronal entrega sus premios anuales Ferrer Salat, una cita a la que Pedro Sánchez y seis de sus ministros habrían confirmado su asistencia. No así Quim Torra pese a la invitación que se le ha cursado. Todas las agendas siguen abiertas.