El impuesto a la banca, poco afortunado

Generará damnificados: la situación competitiva del sector, su repercusión en la economía, los clientes y, por supuesto, muchos ahorradores que son accionistas bancarios

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Venimos oyendo al PSOE hablar del impuesto a los bancos desde que estaba en la oposición. Y resulta de un populismo insufrible buscar votos aprovechando que es un sector que goza de escasas simpatías y añadiendo la coletilla de que sería para pagar pensiones cuando no llegaría al 1%.

Hay dos opciones principales. La primera, un recargo (ocho puntos) en el impuesto de Sociedades para recaudar, supuestamente, unos 1.000 millones de euros. Pero los bancos tienen ya un tipo (30%) superior al general del 25% y ese mayor nivel lo que hace, en realidad, es acelerar en el tiempo la compensación de los muchos créditos fiscales existentes tras la crisis. Quizás alguien desee suprimir estos, pero buena parte están garantizados por el Estado para poder computarlos como capital de cara al BCE. Así que no me parece demasiado claro.

Como alternativa se baraja gravar los depósitos bancarios. Esta tasa fue centralizada, para evitar su proliferación en las comunidades autónomas, con un tipo simbólico (0,03%). Ahora podría elevarse para recaudar más. En el Reino Unido hay algo parecido, aunque están exentos los importes cubiertos por el Fondo de Garantía. Aquí, en cambio, se dice que podría quedar exento un tramo para favorecer a los bancos pequeños, porque lo exige el PNV que quiere beneficiar a Kutxabank. ¡Qué cosas!

Además hay otras tres posibles actuaciones que también afectarían a los bancos:

Un mínimo en el impuesto de Sociedades del 15% sobre el beneficio contable, que quiere aplicarse a las grandes empresas. Aunque, en realidad, parece haber aquí una cierta confusión entre la base imponible y el resultado contable de una empresa, que incluye beneficios obtenidos en otros países protegidos por acuerdos que evitan doble imposición, sobre todo en Santander y BBVA. Veremos.

«En este gobierno, todo es poco a la hora de buscar ingresos para alimentar el gasto»

El impuesto a las transacciones financieras, que se cifra ahora en 2000 millones, aunque no sólo afectaría a bancos. Su inconveniente es que, si no es generalizado en los mercados, provoca desplazamientos de operaciones.

Por último, se baraja eliminar la deducibilidad fiscal de los intereses de los CoCos que emiten los bancos (y quizás otros instrumentos híbridos). Los más perjudicados serían los que más emiten, los mayores bancos.

Así que, en este gobierno, todo es poco a la hora de buscar ingresos para alimentar el gasto. Pero hay dos factores que pueden limitar las posibles actuaciones: el más importante, la dificultad para obtener suficiente apoyo parlamentario, según de qué se trate; y, también, la necesidad de que las medidas sean lo bastante sólidas como para resistir la impugnación de alguna de ellas.

Además, estos impuestos pueden ser trasladados al cliente y cabe dar por seguro que sucederá al menos en parte. Quizás, el caso de los depósitos es el más evidente al suponer un mayor coste de financiación muy susceptible de ser repercutido en el pasivo o en el activo (o vía comisiones). Pero también el resto. Hay quien duda de que realmente ocurra ese traslado, como la AIReF que utiliza un símil con los primeros años 2000. Pero parece olvidar que, a diferencia de entonces, la insuficiente rentabilidad bancaria es ahora un poderoso factor que obliga a ello. Y, además, en la medida que no haya traslación, también es malo al dañarse el nivel de capital bancario que, por cierto, es menos fuerte en general que el de los colegas europeos.

En definitiva, no me parece que la idea de un impuesto específico a los bancos sea muy afortunada. En general, el gobierno intenta «vender», con esta y otras figuras, que sólo grava a las grandes empresas y a los «ricos», lo que no afecta a los ciudadanos ni a las pymes. Pero los impuestos se trasladan y tienen efectos generales (aparte de que los realmente ricos hacen ingeniería fiscal). Por lo que el impuesto a la banca generará damnificados. Por ejemplo, la situación competitiva del sector, su repercusión en la economía, los clientes y, por supuesto, muchos ahorradores que son accionistas bancarios.

Carmelo Tajadura (economista)Carmelo Tajadura (economista)