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La incertidumbre laboral lleva a los jóvenes a optar por el alquiler

En seis años esta opción ha aumentado en 2,9 puntos, animada por los menores de 34

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Soplan vientos de cambio en el mercado del alquiler. En España la tradición hipotecaria pesa mucho, pero la falta de recursos para otras alternativas y las ventajas que ofrece a aquellos que no pueden o no quieren estar anclados a un punto fijo del mapa hacen que cada vez despunte con más fuerza, en especial entre los jóvenes.

Entre 2007 y 2013 el porcentaje de españoles que vive en régimen de alquiler ha aumentado en casi tres puntos porcentuales, un incremento idéntico al de la media de la Unión Europea y por encima de países como Alemania, Francia o Italia, pese a que en nuestro país tradicionalmente se ha preferido comprar a alquilar. Según los datos del Observatorio de Emancipación, dependiente del Consejo de la Juventud (CJE), detrás de esta cifra se encuentra fundamentalmente la prioridad de los jóvenes por este tipo de contratos, debido a que sus dificultades para acceder al mercado laboral y para encontrar un empleo de calidad les cierran la puerta a la adquisición de una vivienda propia.

«La emancipación tiene que ver con los recursos económicos de los trabajadores y de las familias», explica Miguel Córdoba, profesor de Economía Financiera en la Universidad CEU San Pablo. «El gran problema es que se ha producido una mutación en el mercado de trabajo. Los jóvenes solo encuentran trabajos de seiscientos o setecientos euros por jornadas completas. Y eso, si los encuentran».

De acuerdo con los datos del CJE, el 63,3% de los jóvenes no percibe un salario y el 40,1% carece de ingresos regulares. Además, la entrada necesaria para adquirir una vivienda libre, en el caso de que solicite (y le concedan) una hipoteca por el 80% del precio total, equivale a 3,7 veces el salario neto anual de un joven.

Con vuelta atrás

«Preferí alquilar por la inestabilidad económica y laboral», dice Víctor Alcocer, de 26 años, que comparte piso con su pareja en Madrid y que asegura que, si tuviera recursos y estabilidad para poder comprar, lo haría. «Estando de alquiler, si las cosas se ponen muy mal aún puedo volver con mis padres».

Obligados por la necesidad, no falta sin embargo quién encuentra al menos una virtud y valora la flexibilidad geográfica que ofrece. «Ahora mismo no sabría dónde comprar, si en Madrid o en Algeciras o en otro sitio», explica Mariángeles Fernández, una algecireña que con 26 años años lleva más de 7 de alquiler, repartidos entre Madrid, Granada y Bélgica. Pese a tener un contrato indefinido comparte piso con otras dos personas y solo compraría «si me sobrara mucho el dinero». Otros, como Manuel Tejero, lo prefieren pese a que podrían permitirse comprar. «Alquilar permite mayor movilidad pero también me evita atarme cuarenta años a un banco». En su caso incluso rechazó una vivienda de protección oficial en Fuenlabrada porque cuando le ofrecieron las llaves, seis años después de solicitarla, los alquileres se habían abaratado sensiblemente en el centro de Madrid por causa de la crisis.

No obstante, ni siquiera el descenso de los alquileres ha puesto fácil a los jóvenes abandonar el hogar familiar, lo que explica que solo un 21,8% de los menores de 30 años se haya emancipado, cifra que aumenta al 74,8% en el rango de edad de 30 a 34 años. Además, pese a que los expertos recomiendan no dedicar más de un 30% de los ingresos a sufragar el alojamiento, pocos pueden ceñirse a dicho porcentaje, en especial en las provincias más caras, como Madrid o Barcelona. «En alquiler y facturas se me va un 40% del sueldo, a lo que hay que sumar la comida. Es demasiado», asegura Modesto Campo, que se mudó a Madrid desde La Coruña en busca de oportunidades y que explica que con lo que él paga solo en ese concepto en el barrio madrileño de Carabanchel se puede vivir sin agobios en Galicia. Modesto echa de menos más ayudas y lamenta el fin de la desgravación por alquiler. «En los contratos anteriores al 2015 podías deducirte el IRPF. Eso me suponía una devolución de 600 euros».

En países de nuestro entorno con mayor tradición rentista, como Reino Unido, donde el alquiler ha aumentado en casi nueve puntos desde 2007, existen ayudas por parte de los Ayuntamientos que cubren los gastos de alojamiento para las rentas más bajas, habitualmente jóvenes. Ayudas que, si bien han sido cuestionadas por excesivas, pueden servir de referencia para asentar el alquilar en nuestro país. Porque, como concluye el CJE en su último informe, «sólo el tiempo dirá si esta ruptura de la hegemonía de la propiedad, que lideran los jóvenes, es una respuesta transitoria a la crisis o el paso hacia una transformación más profunda y duradera».