Rivera Ordóñez, cogido en Huesca
Rivera Ordóñez, cogido en Huesca - araceli aliseda
Francisco Rivera

Gravísima y brutal cornada a Paquirri en Huesca

Sufre una herida de 25 centímetros en el abdomen que llega a la columna vertebral y diseca colon y aorta

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La tarde de fiesta se tiñó de sangre. Un extraño del toro, una duda del torero, y la puerta de la enfermería se abrió de par en par para atender al diestro herido. El cuarto de la tarde, un precioso burraco astifino, prendió a Francisco Rivera Ordóñez en los medios. Lo había recibido con el capote en el tercio. Ya en una de las primeras embestidas faltó claridad, y ganándole terreno lo llevó hasta el mismísimo platillo de la plaza. Allí llegó el derrote, o quizás el momento de duda. Capote por delante, el pitón directo hacia la ingle. El torero por los aires con su cuerpo cayendo a plomo sobre la cabeza de su enemigo. Tremenda la imagen que cobró dramatismo cuando el hombre quedó inerte en el ruedo. Apenas pudo incorporarse. Carreras entre los toreros, unos por llegar a socorrer al compañero doliente, otros por llevarse al toro a otros terrenos. En volandas se lo llevaron a la enfermería mientras El Fandi se hacía cargo de «Freidor», el astado de Albarreal de 455 kilos marcado con el número 37.

Los tendidos enmudecieron, pero la Fiesta continúa, y «Freidor» fue un buen toro al que El Fandi le cortó una oreja.

Las primeras noticias que llegaron de la enfermería no eran halagüeñas. Una cornada en el bajo vientre. El hijo de Paquirri estaba consciente, infundía calma, a la vez que el equipo médico disponía todo lo necesario para intervenir. La incertidumbre era lo que podían encontrarse, los destrozos que hubiera producido el pitón de «Freidor».

En su primer toro, Francisco Rivera no pudo alcanzar el lucimiento ante un toro que se paró demasiado pronto.

Había pasado una media hora desde que los médicos intervenían a Rivera, cuando se confirmó la tremenda gravedad de la cogida. El pitón había entrado en el abdomen y las primeras exploraciones no evidenciaban ninguna perforación ni del estómago ni de la masa intestinal. De ahí la aparente tranquilidad médica, pese a la gravedad del percance, calificado de pronóstico «muy grave». Pasadas las diez de la noche, seguía en la enfermería. Las previsiones eran que fuera trasladado al hospital San Jorge de la capital oscense.

Gran tarde de López Simón

En el ruedo, la tarde fue por derecho propio para Alberto López Simón. Cómo apretó el chaval, qué cerca se los pasó, cómo los ligó. Al tercero, de Albarreal, le cuajó una faena que fue siempre a más, que comenzó muy templado y que basada en la mano derecha fue ganando en intensidad. Siempre bien colocado, encontrando toro por todos los lados, firmes las zapatillas. Valor y buena técnica, querer por encima de todo. Una oreja con mucha fuerza.

Mejor aún con el de Criado que lidió en quinto lugar al correrse el turno por el percance de Rivera. Dio una dimensión de torero grande. Colocándose en donde los toros embisten o se te llevan por delante. Y la muleta siempre puesta para ligar, y si los muletazos surgen sin solución de continuidad, y si hay temple, y si además los pitones rozan los bordados, la emoción llega con intensidad. Las peñas del sol se le entregaron, la sombra, puesta en pie, y el joven torero pidiendo a gritos un puesto entre los mejores. La estocada dio paso a dos orejas. Salida a hombros de ley.

El Fandi tampoco defraudó. Su entrega le valió para cortarle una oreja a su primero y otra al que cogió a su compañero Ordóñez.

(Este percance hará que Rivera Ordóñez no pueda estar en la corrida del regreso de los toros a Illumbe, que se celebra el próximo jueves. El cartel tenía una fuerte carga simbólica, pues era «similar» al de la inauguración en 1998: Paquirri, Enrique Ponce y José María Manzanares -entonces actuó su padre-).