Espartaco besa el albero maestrante
Espartaco besa el albero maestrante - raúl doblado

Feliz regreso y despedida de Espartaco en Sevilla

Logra dos orejas y los toreros lo sacan por la Puerta del Príncipe tras cortarle la coleta su padre y su hijo

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En la más hermosa corrida del año, Espartaco reaparece por un solo día, corta una oreja a cada uno de sus toros, recibe el cariño de Sevilla y se corta la coleta [así te lo hemos contado]. También logra una oreja Borja Jiménez, que toma la alternativa. Manzanares deja abierto su crédito con esta afición. En una tarde con tantos matices sentimentales, sólo la blandura y falta de casta de los toros de Juan Pedro frenan el resultado triunfal.

Hemos saboreado todos los detalles del rito. Si hubiera podido conocer este deslumbrante escenario, Lope de Vega le habría dedicado un piropo en forma de copla: «Plaza de la Maestranza, / ¡qué bien pareces, / con la cal y el albero / que resplandecen!» Ha sonado, sí, el golpe seco del cerrojo, se ha abierto el portón, la maravillosa Banda de Tejera nos ha inundado de gozo con el pasodoble de Daniel Vela Roy y Juan Manuel Borbujo: «Plaza de la Maestranza, /la de la dorada arena,/ con tu oro y con tu sangre / de mi España eres bandera».

Es uno de esos pasodobles que encantaron, cuando vino a España, a Igor Stravinsky. Resulta difícil entender a los que no han querido estar aquí, esta tarde.

Brindis a Curro

Con gesto que le honra, reaparece por una tarde y se despide del traje de luces Espartaco, para ayudar a esta Feria. El segundo toro es noble pero apagado. Coinciden en el ruedo tres hermanos: el matador, el banderillero y el picador. Juan Antonio dibuja buenas verónicas, brinda a Curro Romero y muy pronto le coge el sitio al toro: a los sones de «Suspiros de España» (¡qué belleza!) corre la mano con temple, lo lleva prendido en la muleta. Es una faena de diestro maduro, bien medida: primera oreja. Devuelto por flojo el cuarto, el sobrero resulta más incierto y complicado. Brinda a sus hijos y al público. Cuando el toro se raja a tablas, le arranca muletazos con rabia de novillero, aprovechando la querencia, y mata con habilidad: otra oreja.

Vestido de negro luto por su padre, torea la primera de sus cuatro tardes en la Feria Manzanares. Apuesta fuerte y creo que acierta. El tercer toro es muy flojo, se desploma, se para en seguida: una verdadera birria. El diestro sólo puede trazar pocos muletazos con empaque y mata desde demasiado lejos (el vicio que ahora ha cogido). Parecen que van a cambiar las tornas en el quinto: saluda Curro Javier con los palos. Este toro sí se mueve y José María dibuja naturales y detalles estéticos, muy del gusto sevillano, pero el toro se raja y prolonga la faena. Mantiene su crédito para las próximas tardes.

Escuela de Espartaco

Borja Jiménez, de Espartinas, formado en la escuela de Espartaco padre, se doctora en la fecha y el lugar ideales. El toro primero, que brinda a su padre, es sosísimo, se desentiende de los engaños: un marmolillo. El diestro se justifica con su porfía y mata a la tercera. El último le permite sacarse la espina: lancea con gusto, encadena dos muletazos cambiados, se entrega, con oficio y valor. Corta oreja y deja buen sabor de boca.

El padre y el hijo le cortan la coleta a Espartaco; los profesionales le sacan en hombros. Su trayectoria merece la solemnidad de unos versos alejandrinos: «Feliz quien, como Ulises, hizo un hermoso viaje / y, de regreso, lleno de experiencias felices, / entre los suyos vive el resto de sus días. / Atrás deja las tardes de miedos y de dudas, /vencidas por la fuerza de su voluntad firme. / Ese rubio –ahora cano– nacido en Espartinas / ha culminado ya su camino en los ruedos: / se lleva sus recuerdos y la paz de un destino / felizmente cumplido, con honor y con gloria».