perfil político

Y resultó que 20 años sí era algo

Para algunos fría, para otros, emotiva, así es la regidora que batió todos los récords

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Cuando se lleva tantos años en política, en primera fila, es complicado separar la persona del personaje. Lo público de lo privado. Lo confidencial de la noticia. Cuando llevas dos décadas al frente de un Ayuntamiento dirigiendo proyectos e intentando sacar adelante compromisos, no hay tregua. Lo de perder el tiempo no cabe en la agenda. Apretada. Sin aliento. «Esto es voluntario. Quien esté, que lo esté por vocación». Teófila Martínez Sáiz (Santander, 5 de enero de 1948) lo tiene claro. Ya se lo enseñó su madre a ella y a su hermana. «No hay gente aburrida, hay gente desocupada», les decía.

Hija de un ferroviario siempre supo que si algo quería conseguir, le costaría. Que tendría que darlo todo y no valdrían las medias tintas. Trasladarse a Madrid a estudiar arquitectura técnica en una facultad donde la mayoría absoluta era sobradamente cosa de hombres, sería lo primero. En la capital experimentaría aquel ambiente de calma chicha entre lo prohibido, lo censurado y lo que quedaba por venir. Por descubrir. La inquietud, el nervio político empezaba entonces a tomar forma.

Tras contraer matrimonio con el empresario Santiago Cobo ambos deciden por asuntos profesionales poner rumbo a Venezuela. Allí, cuenta, que al ver la situación de aquellos países, decide dar el paso al frente a su regreso a España en una incipiente democracia. Coge la bandera. En este caso en el año 77 la de Alianza Popular de su admirado Manuel Fraga. En el año 82 asume su primer cargo político como secretaria provincial de AP y al año siguiente, concejal de Urbanismo en El Puerto. De aquella época, sus entonces compañeros de partido la recuerdan como una Teófila entusiasta, «que disfrutaba con la política de base. Lo mismo pegaba carteles que repartía folletos por la calle o que cogía el coche para ir donde fuera, a pueblos cuyas carreteras daban miedo…»

Y esa pasión la compartió con un grupo de personas a los que sigue muy unida y con los que le gusta recordar aquellos comienzos. Entre ellos se encuentra el ahora denostado Rodrigo Rato. Tras el paso de Hernández Mancha –período durante el que prefirió la sombra– y la llegada de Aznar, el 'fenómeno Teófila' empezó a apuntar maneras. Fue el expresidente quien apostó claramente por ella. Así, en 1995 comenzó todo. Teo se convirtió por primera vez en alcaldesa. Mayoría absoluta, 15 concejales frente a los 12 de PSOE e IU. Y suma y sigue. Regidora más votada de las capitales de provincia en 2003 y 2007 revalidando en 2011. Diputada del Congreso (de donde recibe su salario), senadora por Andalucía y hasta candidata del PP a la Junta.

Dicen quienes la conocen bien que es «comprometida, segura, leal», y quienes la critican que es «demasiado exigente, a veces prepotente, fría».

Dicen también que ese aspecto de mujer dura es solo eso. Que es muy sensible y emotiva. Tanto que a veces la experiencia frente a los flashes no ha vencido a la espontaneidad de sus lágrimas. Aseguran que es la misma que empezó en esto. Otros, que se ha venido arriba y es más distante. En la amistad no es de multitudes, de pandillas grandes. Sus amigos, los de siempre, son discretos, de confianza, de los que no te venden.

Veinte años de alcaldesa y poco se sabe de su vida privada, porque es eso, privada. Teófila siempre lo ha querido así. Diferenciarlo. Separarlo. Dos pasiones: Su familia y Cádiz. Juntas pero no revueltas. Mujer de empresario con el que ha crecido codo a codo. Historias del Puerto Bahía, La Cabaña o el Santa María... Madre de Javi, al que echa de menos y visita en Madrid. Abuela de hablar orgullosa de los nietos, dos. Hija de unos padres a los que admiró, cuidó y añora. Tiene una gran memoria. Duerme poco. Le agobia que ocurran cosas y no estar. Amante de la pintura, la música y la jardinería. Se levanta muy temprano y lee los periódicos antes de ir a Alcaldía donde desayuna. Un café, pan con mermelada y zumo de naranja le ayudan a comenzar el día. Ese al que daría más de 24 horas. «Siempre descubres algo nuevo en esta ciudad. Aquí nunca dejas de aprender». Quería seguir, más pero... ahora, todo está en el aire.