La Torre Tavira es la única visitable de todas las que existen en la ciudad. :: PABLO SÁNCHEZ
CÁDIZ

El inventario del 'skyline' gaditano

La Torre Tavira edita una guía sobre las 129 torres miradores que sobreviven en la ciudadEl trabajo documenta fotográficamente cada una de las construcciones y está enfocado al turismo y la divulgación

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En las alturas la vida es diferente. El viento es más puro, la luz más clara y el cielo parece más azul. El mar es una pintura y Cádiz es una estampa inimitable. En la trimilenaria, el 'skyline' es singular, único e inimitable. Tanto como para provocar admiración y halagos que se hunden en la noche de los tiempos. Ya lo dijo José María Blanco White al ver la ciudad desde el mar: «Cuando se empieza a vislumbrar desde lejos los altos miradores y los altos pináculos de cerámica vidriada que adornan los pretiles de las azoteas, estas aéreas estructuras, fundiéndose a veces con el lejano brillo de las olas producen el efecto de una ilusión mágica». El escritor se refería a las torres miradores que jalonan el cielo de Cádiz. Uno de los elementos patrimoniales más valiosos de la ciudad, por su carácter único en el mundo y que producen el curioso efecto del viejo conocido. Fascina a viajeros boquiabiertos que, desde la calle intentan, desentrañar su función; coexiste con gaditanos acostumbrados a su curiosa presencia.

Para unos (por la novedad) y para otros (por los sobrentendidos) la Torre Tavira ha editado una guía básica y esencial. 'Torres miradores de Cádiz' es el nombre de un trabajo llamado a divulgar la presencia de estos testigos mudos del esplendor comercial de Cádiz. Los gestores de la Torre Tavira son los artífices de este catálogo visual certero e ilustrativo «en un lenguaje del siglo XXI». Así lo explica la gerente de la Torre Tavira, Belén González Dorao en referencia a un trabajo de Pepe Pérez Dorao (en los textos), Arturo Redondo (en las ilustraciones) y Manuel Pérez, Javier Reina e Ignacio Fando (como fotógrafos).

La guía no es más que un abordaje del origen, evolución y tipología de las torres miradores de Cádiz. Para ello, explica su uso vinculado a la boyante actividad comercial gaditana del siglo XVIII o la distribución de la casa del comerciante. Todo planteado de una forma visual. De hecho, una de las partes más interesantes de la guía es el catálogo de torres miradores existentes en la ciudad. A cada una se le dedica una foto, como testimonio de su ubicación, sus características y su estado de conservación.

«La idea surgió desde hace mucho. Llevamos 18 años disfrutando de las torres miradores y es casi una deuda que teníamos con la ciudad», explica González Dorao. La obra no es más que la cristalización de una de las salas de la Torre Tavira, dedicada al Cádiz del XVIII. «Es lo que hacemos todos los días. Veíamos que al público le fascinaba la historia de las torres y decidimos dar un paso más».

En concreto, 7.000 ejemplares que ya están en circulación y «han tenido muy buena acogida», desde que la obra se presentó en 'Cádiz Preview'. Ahora, en la Torre Tavira centran su trabajo en la traducción del trabajo a inglés y alemán y se plantean ahondar más adelante en más información. Esta primera etapa, la guía se basa en una obra referente esencial para comprender las torres miradores, la tesis doctoral del historiador del arte Juan Lorenzo de la Sierra. Un estudio pormenorizado que aborda el fenómeno de estas construcciones en pleno siglo XVIII. Además, el nuevo trabajo ha servido para actualizar el catálogo de las torres. De las 160 torres que plasma la Maqueta de Cádiz de 1777, en la actualidad se conservan 129.

Patrimonio versus crisis

Un número que Dorao valora positivamente por la conservación mayoritaria de estas construcciones pensadas para divisar la entrada y salida de barcos de los comerciantes. «Lo que pretendemos es que no desaparezca ni una más», reconoce la gerente, experta ya en explicar los entresijos de las torres a los visitantes. De hecho, a pesar de la Ley andaluza de Patrimonio las protege, Dorao reconoce que «el momento económico es complicado para las comunidades de vecinos que las tienen».

Aunque estas torres destacan por su robustez y solidez constructiva (con gruesos muros y pequeños vanos) para levantar tres alturas (incluida la terraza), los problemas se suelen encontrar en sus revestimientos exteriores. El Ayuntamiento ya se ha visto obligado a parar obras que comenzaron a enlucir paramentos destruyendo decoraciones geométricas realizadas en morteros de cal, almagras y cerámicas.

El presente de las torres contrasta con su pasado comercial. «En la actualidad, las construcciones están destinadas a pequeños apartamentos o talleres para pintores y artistas», explica Dorao, gerente de la única torre que está abierta al público. Y es que la vida de las torres se ha ido adaptando con los años desde que el almirante Diego Barrios solicitara permiso el 19 de diciembre de 1685 al Cabildo Municipal para elevar dos torres en su casa de la plaza de San Martín. En principio, su intención era contemplar el mar, pero en una sociedad burguesa y trabajadora no se tardó en encontrarles la funcionalidad: torres vigías para los barcos de mercancías. El traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz a principios del XVIII. Comenzaba el siglo de oro de Cádiz y el gusto comercial por levantar lujosas casas palacio con torres funcionales y bellas a la vez. El lujo de un pasado glorioso de Cádiz que la marcaría para siempre. Lo que fuimos marcó lo que somos: una ciudad abierta que dejó el comercio para mirar al mar buscando ya cruceros.