luz sobre la tragedia del 47

Testimonios directos de las víctimas

CÁDIZActualizado:

Así lo vivió Gloria Ramos, monja de la Casa Cuna:

«Y la trasladaron hasta el Hogar de la Milagrosa, donde agruparon igualmente a todos los niños del Hogar. A lo largo de la jornada siguiente las madres de los albergados no pararon de interrogarles por sus hijos desaparecidos, pero sor Gloria no tenía las respuestas para todas. Tampoco había recibido información alguna sobre el paradero de muchos de sus pupilos. Suponía que los andarían buscando y que indudablemente habrían muerto muchos. Y, en efecto, aunque no presenció los traslados hasta el cementerio ni las tareas de desescombro, muchos de esos pequeños estuvieron bajo su tutela y la de sor Trinidad; así que la acompañaron hasta el cementerio católico para dar fe de ello. Fallecida su compañera, la única posibilidad de saber quiénes eran pasaba íntegramente por sus manos».

Así lo vivió la familia Paredes:

El 18 de agosto, minutos antes de la explosión, su padre se encontraba atendiendo a los patrones de los buques del muelle pesquero de la ciudad. Mientras tanto, en su chalet de San Severiano, se preparaban para sentarse a la mesa su esposa, sus cuatro hijos y su sirvienta. (...) Al golpearles de repente la onda expansiva sin obstáculos intermedios y sin apenas distancia de las minas, la casa de Manuel Paredes se vino abajo casi por completo. No vieron el destello, ni notaron calor, ni oyeron ruido alguno. Simplemente se les apagó la luz de la consciencia. (...) Mari Aldecoa quedó oculta entre los cascotes con un ligero hálito de vida, pero con lesiones de carácter extremo. José Manuel también respiraba, aunque con gran dificultad, con toda la cara llena de arena y la frente desgarrada por encima del ojo izquierdo».

(Extraído de La catástrofe de 1947 que publicará José Antonio Aparicio Florido).