Crítica de «Sólo se vive una vez»: Busca tu refugio

«Tras algunos gags decentes que surgen de la inadecuación del refugiado a la comunidad que le acoge, la película revienta pronto todos los códigos de verosimilitud»

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Un involuntario testigo de un crimen debe buscar refugio escondiéndose en el último lugar donde puedan pensar en buscarle, que resulta ser una residencia para judíos ortodoxos. ¿Les suena? Sí, igual que «Unico testigo» o, mejor aún, «Bola de fuego». Repetir esta ocurrencia narrativa con tan ilustres precedentes no sería problema si no fuera porque lo que sigue es una especie de desastre. Tras algunos gags decentes que surgen de la inadecuación del refugiado a la comunidad que le acoge, y salvando el cabreo que les pueda producir a los judíos que los presenten como tontos, la película revienta pronto todos los códigos de verosimilitud.

El protagonista, que en la secuencia inicial se revela como un buscavidas más o menos casposo, se destapa luego como un formidable luchador que pondría en aprietos a Van Damme o a Jackie Chan, porque el tono de la película va de baja sátira.

Santiago Segura, que continúa su periplo argentino como malote de poca broma, ha hecho esto mejor en su saga de «Torrente». Hugo Silva, de mafioso rumano con acento de nazi de película mala, por lo menos da el pego en lo físico. Y a Depardieu le piden que copie una escena de De Niro haciendo de Capone. El espectador se acabará viendo reducido a buscar su refugio haciendo chistes malos como estos so pena de cogerse un rebote. ¿Dónde dice que todo vale en el cine de entretenimiento?

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