Crítica de «Una mujer fantástica»: Superheroína sin escudo

«Lo mejor de «Una mujer fantástica», además de la idea motora, es la contención reivindicativa»

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Los minutos más interesantes -que nadie se despiste por el título y piense que es la versión chilena de «Wonder woman»- son destripados sin piedad en cualquier sinopsis oficial. Desde aquí no contribuiremos a arruinar la bendita ingenuidad del espectador, sobre todo porque después de esos primeros metros es más difícil seguir el paso a Daniela Vega, quien acapara un protagonismo absoluto con su voz, su cuerpo y su personalidad.

Cuando al guión se le acaba la gasolina, sin embargo, el despliegue no alcanza. Ella sigue de una pieza, soportándolo todo, pero no es probable que el público iguale su entereza, aunque tampoco falta quien describe la media hora final como «almodovariana». Sebastián Leio, conocido sobre todo por «Gloria» (2013), está de moda con esta sabia mezcla de drama e intriga, al menos en su arranque. Su obra acapara premios, incluido un Oso berlinés por el libreto, y aspira a luchar también por el Oscar en representación de Chile.

Puede que lo mejor de «Una mujer fantástica», además de la idea motora, sea la contención reivindicativa. Lelio expone lo difícil que es vivir en determinadas circuntancias, con un cuerpo en transición, expuesto a la intolerancia. La causa ha ayudado a la cinta, que redobla el favor al no abusar de ella, ni siquiera cuando le habría venido bien para no desfallecer. La recompensa es doble, Vega es ya una estrella en su país y al director le ha servido para estrenarse en Hollywood. Como Almodóvar, ahí se parece más a Pedro, será muy querido por sus actrices. No debería olvidar el cariño del público.

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