«Solo se vive una vez»

Hugo Silva: «Lo bueno de ser un villano es que puedes hacer un poco lo que te de la gana»

El actor madrileño da vida a un sicario ruso que, bajo las órdenes de Duges (Gerard Depardieu), tendrá que acabar con un estafador que ha escogido un peculiar escondite

Hugo Silva, en «Solo se vive una vez»
Hugo Silva, en «Solo se vive una vez»
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Estamos acostumbrados a ver Hugo Silva en todo tipo de situaciones: como agente de «El Ministerio del Tiempo», presentador estrella en «Mi gran noche» o en líos con Michelle Jenner («Los hombres de Paco», «Tenemos que hablar» o «En tu cabeza»), pero en todas ellas aparece derrochando el encanto que le caracteriza. Sin embargo, «Solo se vive una vez» da la oportunidad al público de ver al actor madrileño en un registro diferente, el de villano.

La película de Federico Cueva cuenta la persecución de un magnate cárnico, Duges (Gérard Depardieu), con el objetivo de acabar con Leo (Peter Lanzani), un estafador que ha asumido otra (peculiar) personalidad para huir de estos sanguinarios. El sicario es Harken, interpretado por Hugo Silva.

P - ¿Qué te pareció «Solo se vive una vez» a primera vista?

La primera vez que leí el guión, lo hice con mucho cariño. Me pareció muy divertido. Me llegó de manos de gente con la que ya había trabajado antes en el «El hilo Rojo», además Santiago Segura estaba como coproductor también; era un personaje distinto; estaba Gérard Depardieu... Todos eran elementos a favor.

P - ¿Impresiona trabajar con alguien como Gérard Depardieu?

No. Sí que reconozco que estaba bastante nervioso el día anterior, pero con muchas ganas de que llegara el momento.

P - ¿Cómo conseguiste ese acento rumano?

Empecé a pensar en con quién me podría juntar para jugar con el acento y recordé que hubo un tiempo que estuve boxeando bastante. Ahí conocí a un boxeador profesional retirado, que es rumano; así que me puse en contacto con Jero García, mi nexo con el mundo del boxeo.

Le contraté para que me entrenase. Estuve un mes bastante pegado a él. Pero fue al segundo día cuando le conté que el verdadero motivo por el que estaba ahí era porque tenía que hacer un personaje rumano y quería inspirarlo, en cierto modo, también en el luchador de MMA Connor McGregor, que podía ser gracioso para el personaje. En seguida se animó. Me empezó a pasar música, a contar mil historias de su país, de su vida, sobre su tipo de sentido del humor... Por suerte, no tiene nada que ver con el personaje, pero me sirvió para crear la base y de ahí desarrollarlo a favor de la historia, del género.

P - ¿Y ser un villano?

Me encanta hacer de malo. Lo bueno de hacer un villano es que puedes hacer un poco lo que me te la gana.

P - ¿Te ha servido como «vía de escape» a otro tipo de personajes al que estás más acostumbrado?

Intento que eso pase siempre. Sobre todo intento estar cómodo con el personaje, para que haya más facilidad a la hora de ejecutarlo, para que el personaje fluya y sea muy maleable. Pero lo que sí que pasa cuando haces un villano es que el publico va a estar más de tu parte; mientras que el «prota» está un poquito más acotado. Pero ya había hecho personajes así en el teatro, ¿eh?.

P - ¿Cómo has llevado las escenas de acción?

¡Bien! La gente cree que cuando uno hace una película de acción y corres y disparas, pero una secuencia de acción necesita muchos planos, cortes… Es bastante técnico todo. Que si una pistola que se cae, el movimiento de una mano… Parece que no, pero a veces tienes que estar esperando una hora para que vuelvan a iluminar. Igualmente, ha sido muy divertido. Poder ir con medio cuerpo del coche; eso sí, con los pies atados dentro para que no saliera volando; por Puerto Madero, en Buenos Aires, entre coches disparando. Que sí, que era de fogeo... Además, que la gente lo vea y no note eso, es increíble.

P - Te estás aficionando a trabajar en Argentina. ¿Ves un buen mercado para «ampliar» tus horizontes?

Veo un mercado conjunto. España debería mirar más hacia allá. Hay películas argentinas que se estrenan en toda Latinoamérica… Es un mercado salvaje, enorme en el que todos hablamos el mismo idioma y tenemos un humor parecido. Somos diferentes, pero hay algo que nos une. Es cierto que «El hilo rojo» me ha abierto una puerta y, además, me encanta trabajar allí. Me gusta estar en Buenos Aires. Me recuerda a Madrid.

P - Un humor parecido, pero hay referentes diferentes

Nos parecemos en cómo nos enfrentamos a los problemas y desde dónde. Nos parecemos más de lo que creemos. Es cierto que las circunstancias han sido y son distintas. Argentina tiene la cuarta comunidad judía más grande del mundo en Buenos Aires y no, no tenía ni idea de las tradiciones de los judiós ortodoxos. Fue impresionante estar en Once, el barrio judío de buenos Aires, y poder rodar en uno de los templos más importantes.

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