PÁSALO

La eclosión del silencio

Poco a poco la realidad ha eclosionado en una ensalada de tiros

Felix Machuca
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Nada surge de un día para otro, de la noche a la mañana, sin signo alguno de su gestación, como si la chistera de la magia fuera su cuna. Por el contrario todo lo que irrumpe con más o menos vehemencia en el escaparate de la vida tiene un proceso de formación, mes a mes, año tras año, hasta que eclosiona y presenta sus credenciales que la mar de las veces nos dejan atónitos y dispersos, como diría el poeta. Pero no es de poesía de lo que les hablo. Les propongo buscar la rima de lo que pasa en una España que, cada día, se despierta de su siesta con un asombro nuevo. Quiero pensar en voz alta sobre cómo eclosiona el silencio en España. Y qué horribles máscaras descubrimos de repente, sorprendiendo nuestra buena voluntad o, peor aún, nuestra estúpida connivencia con el avestruz que esconde la cabeza bajo el ala para no ver lo que tiene delante de sus ojos. Ni lo de Torra y sus excrementales artículos se inspiraron ayer, ni la osadía demostrada últimamente por las narcobandas en el campo de Gibraltar y en Marbella nacen por generación espontánea. Aunque nos lo parezcan. Aunque nuestra deteriorada capacidad de percepción nos lleve a pensar y a creer que son realidades muy recientes. Convencido estoy que no es así. Y que lo que puede llevarnos a pensar de una manera tan obtusa no es otra cosa que el complot del silencio.

Vivimos secuestrados por una estúpida epidemia silenciosa que lo mismo calla una violación de una menor a manos de un norteafricano, por ser norteafricano, lo que parece lleva acarreado su inmunidad penal ante esta clase de delitos; que se tapa los ojos ante la creciente respuesta violenta de la nueva generación de narcos del Campo de Gibraltar. En Cataluña, la medicina es la misma y aparecen monstruos en cadena, desde Rufián a Torra, desde Marta Rovira a los Jordis, como si fueran tierra a la vista, de manera sorprendente, eclosionando desde el silencio. Y es absolutamente falso que tan siniestros alumbramientos nazcan de hoy para mañana. Todos han pasado por la cadena industrial de su mecanización ideológica y delictiva, todos han pasado por el laboratorio del doctor Frankenstein, para convertirse, sin mayores secretismos ni empeños por esconderse tras las cortinas de la clandestinidad, en los monstruos que son. Y son racistas como Torra en Barcelona. Y criminales como sicarios de Pablo Escobar en Marbella y Algeciras. ¿Cómo han surgido tantos y tan variadas especie de monstruos en España, ya paridos por la política, ya gestados por la narcosociedad? En silencio, amigos. En silencio.

El silencio cómplice de unas autoridades que dictan políticas de apagones informativos y la prevalencia noticiosa de temas que se convierten en abasto de consumo masivo. Pero de lo que se tiene que hablar se habla poco o nada. Y se dejan pasar los primeros años de la gestación de un racista como Torra en silencio, siendo tan peligroso como el que le metía yesca a las cruces del Ku Klux Klan frente a las casas de los negros. Y se obviaba el cambio generacional de los clanes del narco del Campo de Gibraltar, donde han mudado las reglas del juego y, de cierta tolerancia, se ha pasado al plomo o plata del cartel de Medellín. Todo esto se ha venido gestando día a día. Cataluña creando sus infectos monstruos políticos. Andalucía con la incubadora repleta de jóvenes fracasados pero hambrientos de dinero fácil, que lo descubrieron en las lanchas donde viaja la cocaína. Poco a poco, la realidad, se ha ido imponiendo, para que veamos cómo eclosiona el silencio en una algarabía de tiros en las primeras comuniones, de lanchas que embisten a otras para asesinar a un niño y de guardias civiles rodeados por la clientela del narco para apalearla. Nada de esto surgió ayer. Se ha venido fraguando con el tiempo y bajo un complot de silencio absurdo y grave. Dos escenarios distintos para argumentos delictivos diferentes tratados por idéntica política. Ya tiene Netflix dos escenarios para rodar nuevas series de éxito. En Andalucía el plomo de Escobar. Y en Cataluña la sombra de Milosevic.

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