Antonio Burgos

Orgullo de reino

Es una pena que Don Felipe y Doña Letizia tengan que ir a Londres para que podamos experimentar el orgullo de Reino

Antonio Burgos
MadridActualizado:

Lo que voy a decir no es una ocurrencia cínica y desquiciada, de las que decirse suelen para provocar al auditorio, sino algo tan serio como un sentimiento. Si en mi mano estuviera, yo tenía todos los días a Su Majestad el Rey Don Felipe VI (que Dios guarde) y a Su Majestad la Reina Doña Letizia en el Reino Unido de la Gran Bretaña, preferentemente en Londres y, a ser posible, sin salir de la Corte de San Jaime, carroza va, tiara de la Reina Doña Victoria Eugenia viene. ¿Y saben para qué? Para que, como en estos días pasados ha ocurrido, podamos sentir que nadie es menos que nadie e incluso que nosotros somos un poco más que algunos. Que España es tan Reino como el Unido de la Gran Bretaña; que la Casa de Borbón no tiene nada que envidiarle a la de Windsor; y que en la liga de campeones de la Historia, les ganamos a los ingleses por goleada. Eso por el lado de las cosas que se dicen con el corazón en la mano. Y por el que corresponde a aquellas otras con las que se te viene el alma a los pies o toma el ascensor para bajar al sótano, es una pena que Don Felipe y Doña Letizia tengan que ir a Londres en visita oficial para que aquí podamos experimentar el orgullo de Reino. Para sentir palpablemente, con la pluma de oro con que la Historia escribe sus tradiciones, que como Reino no tiene España que envidiar nada a ninguna Monarquía europea.

Insisto en que es una pena que tenga que ser Isabel II de Inglaterra la que nos recuerde a los españoles lo que somos, la que no se avergüence por los ritos de la Corona. Todo lo que aquí se trata de disimular allí es la gloria infinita de la tradición y de la propia esencia nacional. Aquí, lamentablemente, aunque viene bien clarito en la Constitución y está votado por "el sufragio universal de los siglos" (que dijo quien daba nombre a la plaza actualmente dedicada a Zerolo, Vázquez de Mella) parece que tenemos que hacernos perdonar todos los días que somos una Monarquía Parlamentaria. Es más: me da la impresión de que la gente apunta entre los grandes aciertos de Don Felipe VI que actúe de forma que no moleste más de lo debido a quienes se avergüenzan de Corona, de Historia, de Casa de Borbón, de Monarquía Parlamentaria y de gloriosa dinastía reinante. Al grueso de tropa de los españoles les gusta que España sea una Monarquía, sí, pero que se note poquito. Lo menos posible. Y si el Rey actúa como si fuera presidente de la República, pues encantados de la vida. Ah, y de ritos de la Corona, de tradiciones seculares de la española Monarquía, los mínimos. Las carrozas reales, en el museo. Palacio, para los turistas japoneses. El relevo de la guardia, una vez al mes, que se note poquito, porque echarle encima Ejército a la Monarquía es "demasié pal body", que dirá un castizo. De los que no se emocionan (peor para ellos) cuando tocan "El abanico", el Rey pasa revista al Regimiento de su Guardia y suena a lo que tiene que sonar: a Historia, a tradición, a Corona, a Monarquía. A España (y perdón por lo de España, pero me han cateado en el máster de aprender a decir "Estado español"). Todo eso que a tantos nos emociona y que defendemos por razones históricas y estéticas, aparte de las constitucionales y democráticas, cree el común de la gente que queda muy bien en el sentimentalismo del "Romance de la Reina Mercedes" de la difunta Paquita Rico, pero los españoles mayoritariamente toman la tradición de la Corona, si no por facha (que también), por rancia, por anticuada, pasada de fecha de caducidad en su código de barras.

Así que los que estamos por la labor del orgullo de Reino hemos tenido nuestros días de gloria al ver a los Reyes de España, sin el menor reparo, ejerciendo en Londres de lo que nos gusta que sean y como nos gusta que actúen. Por lo que ahora, con el permiso de ustedes, concluyo con un grito políticamente incorrectísimo: ¡Viva el Rey!

Antonio BurgosAntonio Burgos