Coches y viendas destruidas tras un enfrentamiento entre soldados del Ejército iraquí y del Daesh
Coches y viendas destruidas tras un enfrentamiento entre soldados del Ejército iraquí y del Daesh - REUTERS

Mosul, contra su pasado como capital del «califato»

«Quedan miembros de Daesh escondidos entre los escombrosy por eso es un lugar peligroso al que los civiles no pueden regresar. La guerra no ha terminado», asegura un oficial de la Policía Federal

ENVIADO ESPECIAL A MOSULActualizado:

Mosul despierta muy poco a poco de una pesadilla de tres años de «califato». El Ejército de Irak, las Unidades de Movilización Popular (milicias chiíes) y los peshmerga kurdos, con apoyo de la coalición que lidera Estados Unidos, lograron recuperar en julio el control de la que fue capital del grupo yihadista Daesh en Irak después de diez meses de ofensiva que ha convertido en escombro gran parte de la orilla oeste de esta ciudad partida por el Tigris. Los seguidores del califa resistieron hasta la muerte en una batalla que supuso todo un punto de inflexión, ya que tras la pérdida de Mosul los yihadistas han encadenado derrota tras derrota, escapan al desierto, como lo hicieron en Tal Afar, o se rinden, como ocurrió esta misma semana en Hawija con más de mil combatientes, según informaron los mandos estadounidenses de la alianza.

«No hemos tenido tiempo de limpiar el lugar de explosivos… ni de terroristas.Quedan miembros de Daesh escondidos entre los escombros»

«Quieren luchar, pero nosotros ahora empleamos mucha más fuerza que al principio. Al hierro le respondemos con mucho más hierro y no tienen capacidad de respuesta», asegura bajo condición de mantener el anonimato un oficial de la Policía Federal destinado en Mosul y que tiene bajo su responsabilidad la seguridad en la Ciudad Vieja. La auténtica zona cero permanece acordonada por las fuerzas de seguridad y se necesita un permiso especial para poder entrar. «No hemos tenido tiempo de limpiar el lugar de explosivos… ni de terroristas. Quedan miembros de Daesh escondidos entre los escombros y por eso es un lugar peligroso al que los civiles no pueden regresar. La guerra no ha terminado», lamenta este oficial antes de conceder el permiso de acceso a este medio e informar de que la vista debe realizarse con protección.

El paisaje es fantasmagórico. El silencio solo se rompe por disparos aislados y por el sonido rugoso de nuestros pasos sobre los escombros. La Ciudad Vieja es un laberinto de edificios y más edificios en ruinas que extienden su agonía hasta el Tigris, un reflejo desdibujado, gris, roto y polvoriento de lo que un día fue el centro neurálgico de la ciudad más importante del norte de Irak. Aquí se atrincheraron los yihadistas hasta el final, rodeados de civiles, y aquí es donde el castigo de la aviación y artillería fue más brutal.

La única zona en la que se puede caminar es la que rodea a la Gran Mezquita de Al Nuri, el templo de casi 900 años que simboliza el auge y caída del «califato». La cúpula verde se mantiene de forma milagrosa en pie después de que los yihadistas decidieran dinamitar el lugar en el que el «califa» Abu Baker Al Bagdadi se presentó al mundo en el verano de 2014. No querían que Al Nuri cayera en manos del enemigo y prefirieron borrar con dinamita su historia casi milenaria y la de su minarete ‘jorobado’, del que solo se ha salvado su base.

Guerra sectaria

«Sus prioridades son el agua y la electricidad, pero cuando tengan tiempo para pensar, volverán los problemas»

Los jóvenes militares que custodian advierten del peligro que hay en esta zona y aseguran que han perdido tres compañeros en las últimas horas por disparos de yihadistas escondidos. La gravedad de la información contrasta con la falta de tensión que se observa en los puestos de control y en la forma de patrullar. La guerra contra Daesh dura más de tres años y los iraquíes están deseando de que acabe, sobre todo estos jóvenes que vienen en su inmensa mayoría de las provincias chiíes del sur y que no se sienten queridos en las partes suníes del país de las que han expulsado los seguidores del «califa». «No nos quieren, pero ahora no tienen más remedio que aguantarnos. Sus prioridades son el agua y la electricidad, pero cuando tengan tiempo para pensar, volverán los problemas. Tuvieron a Al Qaida, luego a Daesh, ¿qué será lo siguiente?», se pregunta uno de los militares en el control de acceso a la mezquita de Al Nuri, decorado con banderas del Imán Hussein, nieto del profeta y tercero de sus doce imanes.