Internacional

Fillon avanza un plan de choque liberal para ganar el Elíseo

Propone la supresión de medio millón de empleos públicos, bajar las cargas a las empresas y el ahorro de 110.000 millones en las cuentas públicas

François Fillon, tras imponerse en la primera ronda de las primarias
François Fillon, tras imponerse en la primera ronda de las primarias - REUTERS
JUAN PEDRO QUIÑONERO Corresponsal En París - Actualizado: Guardado en:

La victoria de François Fillon en la primera vuelta de las primeras elecciones primarias de la historia de la derecha anuncia una reorientación del pensamiento conservador francés, una ruptura con la «gesticulación» de Nicolas Sarkozy y el «inmovilismo» de Jacques Chirac que implicará un plan de choque liberal para relanzar la maltrecha economía gala y recuperar la credibilidad de la política tradicional frente al peligroso avance del populista Frente Nacional.

Se trata de recortar en 110.000 millones de euros el gasto público del Estado, liberalizar la jornada laboral para terminar con la de 35 horas semanales, y suprimir nada menos que 500.000 puestos de funcionarios para optimizar el rendimiento de la Administración y reducir sus costes. Estas son las atrevidas medidas con las que el ex primer ministro busca contener al huracán Le Pen.

Hasta ahora, el aplastante triunfo de Fillon en todo el país ha sido tan solo la cresta de una ola que ha engullido a todo un peso pesado como Nicolas Sarkozy, que se retira dejando un legado poco glorioso, y ha mermado las esperanzas de Alain Juppé, alcalde de Burdeos, percibido como un conservador tradicionalista por la mayor parte del electorado.

Con un programa poco «rupturista», presentado con un «ecumenismo» timorato, Juppé ha convencido a muy pocos de que es el candidato idóneo para afrontar la larga lista de enfermedades que aquejan a Francia, que incluyen el declive de su endeudada economía, la pérdida de influencia en la escena internacional, la desindustrialización, la incapacidad para gestionar la inmigración y un multiculturalismo rampante que tiene al país aturdido y al Frente Nacional desbocado en todas las encuestas que publican los medios de comunicación.

Para hacer frente a una angustia social sin precedentes, el programa electoral de Fillon propone una «revolución conservadora» a la francesa, muy alejada de la que capitanearon Margaret Thatcher y Ronald Reagan durante los años 80 del siglo XX. La pareja Thatcher-Reagan consumó una ruptura histórica contra el Estado providencia de su época, en nombre del liberalismo económico más puro.

Fillon propone un recorte espectacular en el número de funcionarios franceses, así como «recentrar» y «recentralizar» el poder del Estado frente a las administraciones regionales, devolviendo al Estado competencias e influencias nacionales, europeas e internacionales.

Históricamente, Fillon fue hostil al Tratado de Maastricht, ante el que enarboló la bandera de un euroescepticismo moderado. Pero nada de romper con la UE y la zona euro. Él aboga por defender con vigor los intereses nacionales ante la UE y la Organización Mundial del Comercio. Toda esa «renacionalización» de la diplomacia francesa que propone se completa con un reequilibrio de las alianzas internacionales de París. Y si la «revolución conservadora» de la pareja Reagan-Thatcher tuvo una dimensión estratégica y militar frente a la amenaza permanente de la difunta URSS, Fillon propugna recuperar la línea del general De Gaulle y «restaurar» las relaciones privilegiadas con Moscú.

Sus adversarios, preocupados ante su avance, intentan difamarlo sugiriendo que «está vendido» a Putin. La realidad quizá sea más prosaica: Fillon considera indispensable negociar con Rusia unas relaciones privilegiadas para combatir la amenaza totalitaria islamista.

Se trata de un punto capital de la estrategia internacional de quien se perfila como candidato presidencial de Los Republicanos. Mientras Sarkozy y Juppé no han ocultado una cierta tendencia «acomodaticia» hacia el islam internacional, Fillon considera que la hidra islamista es la gran amenaza totalitaria del siglo XXI y no le dolerán prendas en entenderse con el Kremlin para plantar cara a este desafío global.

La matriz última de todo el pensamiento político de Fillon es cultural. Católico practicante, sin estridencias, el candidato conservador aspira a restaurar las relaciones entre la derecha política y los católicos de Francia, muy deterioradas en la época de Nicolas Sarkozy.

Atención a los obispos

Fillon es muy sensible a las llamadas de la Conferencia Episcopal y ha pedido un «diálogo franco» con los musulmanes y judíos del país. Pero considera indispensable la defensa más sustancial de los principios cardinales del conservadurismo nacional. Lejos de las estridencias verbales de Sarkozy, pero con una política con «energía». Fillon no se considera un candidato democristiano, pero, a su modo de ver, su programa es el que está más próximo a los católicos franceses.

Ante la segunda vuelta, un Juppé, derrotado en la primera ronda, ha insistido en que debe celebrarse un «gran debate» entre dos «alternativas diferentes», aunque lo cierto es que los programas de ambos se asemejan bastante en lo económico. La diferencia está en que el discurso de Juppé es menos rupturista en lo diplomático y lo cultural. A juicio de Juppé, la «revolución conservadora» de Fillon es demasiado «maximalista» y «poco realista» en lo económico. Lo sea o no, es la última esperanza frente a Le Pen.

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