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Roberto Cavalli prescinde de Peter Dundas

La marca italiana prevé una redefinición de la estrategia, cierre de tiendas y despidos

Dundas en el cierre de su desfile en Milán, el 21 de septiembre
Dundas en el cierre de su desfile en Milán, el 21 de septiembre - PPS
MARÍA LUISA FUNES Madrid - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

La enseña Roberto Cavalli, que el creador florentino vendió a Clessidra hace un año y medio, toma de nuevo decisiones drásticas. Entre ellas, el adiós a Peter Dundas, al que Cavalli dejó como heredero creativo «in pectore». Pero no queda ahí la cosa: los nuevos propietarios también prescindirán del consejero delegado y planean reducir plantilla. La revolución entra por la puerta de Cavalli.

Hace falta conocer muy bien el sector y tener una sólida experiencia para avanzar en el mundo de la moda de alto nivel. También es necesario ser perseverante, rápido y austero. Creativo y consecuente. Y en muchas instancias, olvidarse de lujos, fastos, fiestas y divismos. Quizás haya sido este el error de Peter Dundas en su recorrido profesional.

La escuela de Parsons

Peter Dundas, noruego de madre norteamericana, nació en Oslo en 1969, tres años antes de que Roberto Cavalli inaugurase su primera tienda en Saint Tropez. Decidió en la adolescencia hacerse actor, aunque acabó matriculándose en la Parsons de Nueva York para convertirse en creador de moda. En su bagaje hay experiencias de trabajo con Jean Paul Gaultier y Christian Lacroix en París. Fue en 2002 cuando comenzó a diseñar para Roberto Cavalli por primera vez, dejando París y adentrándose en una deliciosa pero más pequeña Florencia.

Tres años después, Dundas volvió a París, concretamente a Ungaro, aunque pronto se cansó y escuchó la llamada de LVMH: le proponían revitalizar la casa Emilio Pucci. Eso suponía de nuevo vivir en Florencia, por lo que el creador noruego pidió una serie de condiciones: doble oficina, y vuelos diarios París-Florencia. Pucci renació quizás más que por los diseños de Dundas, por el empeño de Bernard Arnault en relanzar la marca con el cambio de milenio. Pero Emilio Pucci siguió siendo una pequeña «marca nicho». Después de 10 años al pie del cañón, sin conseguir crear otra gallina de los huevos de oro para LVMH, Dundas se cansó y escuchó la «voz de su antiguo amo».

Roberto Cavalli llevaba desde 2008 intentando vender su empresa para rentabilizar los esfuerzos de toda una vida y trabajar menos. Pero la estructura de la empresa no era sólida y no tenía sucesor, así que ningún inversor acababa por rematar la compra. Fue así como consiguió que su antiguo alumno aventajado, Peter Dundas, dejase Emilio Pucci para volver a Cavalli, superando su remuneración y permitiéndole seguir con la dinámica de estar entre Florencia, Milán y París.

Pero, tras año y medio de vuelta en Cavalli, el fondo de inversión Clessidra -propietario del 90% de la empresa- ha decidido dar un giro distinto a una marca que gastaba enormes cantidades en fiestas veraniegas para el grupo de amigos de Dundas, entre los que se encuentra Pierre Casiraghi. No desean poner tantos esfuerzos en un curioso pero difícil vestuario masculino y quieren enfocarse en una estrategia que aporte resultados comerciales ostensiblemente mejores.

Reagrupar de nuevo la empresa en su sede central de Florencia para evitar que siga convertida en un organismo bicéfalo, imponerse en el potente mercado asiático y ampliar el espectro de fortaleza a otras categorías de producto, como el prêt-à-porter femenino y los accesorios, son parte de los objetivos de los nuevos propietarios.

Aún no se ha decidido un sucesor oficial de Dundas, aunque la propiedad se inclina probablemente por compartir a «tiempo parcial» algún creador de primer orden con otra marca o buscar en su propia cantera de diseñadores, como ha hecho Gucci. Se dan un año hasta resolver la cuestión. Ahora, se prevé el despido del 30% de la plantilla, y el consejero delegado ya ha sido sustituido. Clessidra busca una reorganización en todos los aspectos, que mejore la rentabilidad y evite los exagerados costes de representación. Se cerrarán las oficinas de Milán y se optimizará la logística y la producción en Florencia. Desaparecerán las tiendas de Venecia, Madrid y Viena y se dará prioridad a los lugares con un turismo más elitista. La empresa recomienza su andadura con 160 millones de euros en ventas y 182 tiendas en el mundo, una situación que Clessidra desearía ver evolucionar rápidamente para poder competir con marcas más eficientes en una industria que cambia significativamente con rapidez.

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