Manuela Carmena, sentada en la pradera de San Isidro
Manuela Carmena, sentada en la pradera de San Isidro - MAYA BALANYÁ

San Isidro revela la fragilidad de Carmena: «Está cansada»

La alcaldesa no pudo pasear por la pradera al término de la misa y el viernes tuvo que irse a descansar tras el pregón

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El ritmo de Manuela Carmena en el Ayuntamiento madrileño es frenético. Agotador. Y no sólo por la agenda y las rutinas de la regidora –siempre ha confesado que muchos días a las seis de la mañana ya está en el Palacio de Cibeles–, sino también por los disgustos, los incendios y las crisis que le desatan sus concejales menos afines e insubordinados. Hoy, el nombre de la ex jueza en las listas municipales de 2019 no es apuesta segura. Por ello rezan los partidos de la oposición y se desesperan en la misma medida las filas de Podemos.

Carmena es el dique que contiene la fuga de votos en Ahora Madrid. Las presiones porque continúe son constantes, desde Pablo Iglesias hasta el último vocal vecino que depende de ella. Pero la fuerza con la que la dirigente madrileña comenzó en 2015, a sus 71 años, no es la misma que le acompaña a los 74 en 2018. Estas fiestas de San Isidro han sido una evidencia. El camino de la alcaldía se le está haciendo cuesta arriba, como la pendiente que este martes tuvo que subir desde el paseo de la Ermita del Santo hasta el montículo de la pradera donde se ofició la tradicional misa. En 2016 y en 2017 la alcaldesa recorrió el parque al término del acto litúrgico dándose un baño de masas; visitó las casetas y hasta meneó su mantón de manila al ritmo del chotis madrileño. Ayer no pudo. «Está cansada», revelaba su jefe de prensa. Cuando terminó el oficio del arzobispo Osoro, su amiga Marta Higueras la cogió de la mano y junto al resto de la comitiva la acompañaron hasta el coche.

El viernes pasado, tras el pregón, la regidora tuvo que irse a una sala a descansar porque estaba indispuesta. Le dolía una pierna. En 2016 tuvo que ser hospitalizada en dos ocasiones. La primera, en junio, tras su vuelta de un viaje a Bolivia; tenía la tensión baja. La segunda, sospechaban que podía estar sufriendo un ictus, pero el susto quedó «un pequeño desequilibrio en su tensión arterial».

El lunes, Carmena dejó caer en Los desayunos de TVE que se veía con fuerzas para volver a presentarse como candidata. Ayer dijo que todo dependería de su «situación personal». Su entorno siempre ha mantenido que la salud será la que marque su futuro electoral.