Objetivo: evitar accidentes

Carmena quiere «segregar» a los peatones de los ciclistas de Madrid Río

El Consistorio implantará un carril bici en la margen izquierdo del Manzanares que permita a los viandantes ir a pie por la derecha

Peatones y ciclistas comparten el espacio de parque de Madrid Río
Peatones y ciclistas comparten el espacio de parque de Madrid Río - ISABEL PERMUY

Bicicletas, tándems, karts, triciclos, patines, segways y demás vehículos que circulan por Madrid Río se han llegado a convertir en verdaderos obstáculos con los que tienen que lidiar los peatones que optan por pasear por el parque. Por ello, el Ayuntamiento de Madrid planea implantar un carril bici en la margen izquierdo del río Manzanares, que permita a los viandantes ir a pie por la derecha. Además, ya se han instalado 40 señales para recordar a los ciclistas que el límite de velocidad de las bicicletas es de 10 kilómetros por hora y que deben respetar la prioridad peatonal.

Se trata de un tramo de 14 kilómetros de longitud y cuatro metros de anchura que comparten ciclistas y viandantes sin distinción. El parque atraviesa los distritos de Moncloa-Aravaca, Latina, Arganzuela, Carabanchel y Usera, desde el inicio de la Ribera del Manzanares, hasta el parque de Tierno Galván.

«En el parque del Manzanares, peatones y ciclistas conviven en un mismo espacio, y la gran afluencia de público puede provocar allí accidentes», alertó ayer el concejal socialista Chema Dávila en la comisión de Medio Ambiente y Movilidad. La propia directora general de Gestión del Agua y Zonas Verdes, Nuria Bautista, admitió los problemas que genera el paso de bicicletas en un espacio por el que transcurren más de 500 peatones a la hora. Tanto es así que reconoció que han recibido numerosas quejas vecinales por la inseguridad que genera esta circunstancia.

Además de estudiar la creación de un carril bici en el propio Madrid Río, la directora general anunció que en 2017 se ejecutarán las obras del carril bici cercano a la zona que unirá la glorieta de Legazpi con la estación de Príncipe Pío, que podría reducir el número de ciclistas en el río.

Para los socialistas, este problema se arrastra desde que se configuró el parque. Pese a que su diseño original contemplaba la segregación de bicis y peatones, el Ayuntamiento, entonces gobernado por el PP, optó por no aplicar este diseño que ahora rescata el equipo de Inés Sabanés.

«Pasear por Madrid Río debería ser algo relajante, pero se ha convertido en algo incómodo para todos, peatones y ciclistas», denunció el concejal del PSOE José Manuel Dávila. «La popularidad del parque ha propiciado que a las bicicletas se hayan sumado la presencia de otro tipo de vehículos, que han convertido al peatón en el más vulnerable», añadió. A su juicio, «mientras se aplica la idea planteada por el Ayuntamiento, la Policía Municipal debería aumentar la vigilancia, para que se de cumplimiento a la norma vigente».

Hasta ahora, el Ayuntamiento había declinado segregar a las bicicletas por un carril independiente al considerarlo más inseguro, especialmente para los niños, y por una cuestión de espacio: en algunas zonas, el parque es demasiado estrecho para que quepan dos vías diferenciadas. Así también lo consideran los colectivos ciclistas, a quienes no les convence esta solución planteada por el equipo de Sabanés.

«La segregación puede tener un efecto perverso», advierte a ABC Juan García Aberdi, portavoz de En Bici por Madrid. Según su punto de vista, es poco probable que esta medida termine con los problemas, sino que incluso «los puede agravar». «Es como meter una autovía de bicicletas en una zona urbana de esparcimiento. El ciclista amateur tomará esta vía para entrenar, como si fuera de uso deportivo», avisa, con conocimiento de causa, pues esto ya ocurre en una zona entre Tres Cantos y Colmenar.

Para ellos, la solución pasa por que los ciclistas opten por circular por vías alternativas: «En el Paseo de Yeserías, una calle paralela en la orilla norte, existe una vía ciclista, sin apenas tráfico los fines de semana, que es cuando existe el conflicto. El Ayuntamiento debería potenciar estos itinerarios alternativos para los ciclistas más veloces, quedando así el río para los que realmente van despacio».

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