Entrevista a Xoaquín Fernández Leiceaga | Portavoz parlamentario del PSdeG

«Debemos parecernos más al PSOE andaluz que al PSC catalán»

El candidato del 25-S llama a la serenidad entre los socialistas gallegos en mitad de la tempestad interna e insiste en que será capaz de hacer oposición a Feijóo y pactar los temas de país

Xoaquín Fernández Leiceaga durante la entrevista con ABC
Xoaquín Fernández Leiceaga durante la entrevista con ABC - M. MUÑIZ
JOSÉ LUIS JIMÉNEZ - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en: Galicia

Sin buscarlo, esta semana vio su nombre en una propuesta de nueva gestora que el PSOE de Vigo le envió a Ferraz. «Me enteré por la prensa», confiesa. No le encuentra explicación a una situación interna convulsa, en la que llama al entendimiento y a sosegar los ánimos. Su tono moderado en el debate de investidura vaticina un cambio de formas en la oposición a Feijóo.

—¿Entiende, como propone Abel Caballero, que se cambie a una dirección interina por otra?

—El PSdeG necesita normalizar sus órganos de dirección, y eso pasa por unas primarias y un congreso. Es cierto que en la situación del PSOE en España, es necesario un periodo de cierta tranquilidad para poder discutir con calma y tomar las mejores decisiones. Entre esa necesidad de calma y normalización, se genera un espacio —que no debería ser muy largo— donde necesariamente debe haber una gestora. Si la gestora en Galicia se modifica para incorporar más sensibilidades en Galicia, bienvenida sea.

—¿Tiene alguna idea de qué va a hacer Ferraz?

—No tengo idea.

—¿Y qué haría usted?

«Nos vamos a atrever a acordar con el PP. Pero me preocupa que la posición de Feijóo sea retórica»

—Hay que ir hacia primarias y congreso. Eso es lo que identifica a un partido consolidado y autónomo, que pueda tomar sus propias decisiones con total legitimidad. Yo haría una cala entre los distintos sectores del partido en Galicia, consultando con mucha gente que hoy tiene un papel relevante, para constituir una dirección provisional que dé respuesta a las distintas sensibilidades y permita que ese proceso de transición al congreso sea el más pacífico y podamos tener una reflexión con tranquilidad entre todos. Y a partir de ahí tomaría decisiones.

—La pregunta del millón. ¿El PSdeG puede coserse?

—Debe coserse, y el esfuerzo debemos hacerlo todos. Yo lo hago desde el grupo parlamentario, por intentar cuanto menos no hacer más hondas y anchas las heridas que puedan existir.

—Da la sensación que antes de la campaña había heridas, y después está habiendo ajustes de cuentas.

—No sería tan benévolo con la situación anterior ni tan duro con la actual.

—¿Cómo ve el debate que mantienen PSOE y PSC?

—Con preocupación. Hay una dimensión orgánica, donde entiendo que los acontecimientos del último mes ponen en cuestión el protocolo de relaciones que existen, y hay que reforzar elementos de ese acuerdo. Pero por otro está la cuestión territorial en España, y ahí digo que no es el momento de poner en cuestión los vínculos del PSC con el PSOE. Hay que hacer un esfuerzo con los ciudadanos de Cataluña para hacerles ver que su lugar es este, España, nuestra democracia.

—¿Al PSdeG le iría mejor si se pareciera más al PSC?

—La situación gallega no es nada parecida a la catalana. Aquí hay una identificación muy fuerte con el propio país, pero al mismo tiempo hay una proporción muy elevada que se siente tan gallega como española, y a eso responde muy bien el modelo autonómico. No necesitamos parecernos al PSC, sino más al PSOE de Andalucía, aparecer delante de los ciudadanos como un partido natural en su nacionalidad histórica, reforzando el elemento de identificación, un partido útil, que va a privilegiar los intereses de Galicia. Esa creo que es la visión que tienen los andaluces del PSOE-A.

—El PSOE andaluz es criticado a menudo por intentar marcar el mensaje territorial.

—Ese es un tema diferente. En el discurso territorial hay un elemento que pone siempre el PSOE desde Andalucía, y que todos deberíamos compartir también en Galicia, que es el trato igual a todos los españoles. Nuestro sistema permite reconocer diferencias. Las asimetrías existen, y es cuestión de encajarlas para una convivencia pacífica entre todos, sin romper la igualdad, sin generar privilegios de ningún tipo.

—¿Se siente interino en el cargo de portavoz?

—No, no me lo siento, más allá de que creo que todos los cargos en política lo son, necesariamente.

—En el debate de investidura, Feijóo les tendió la mano para grandes temas de país. Eso de acordar no está muy de moda.

—Nos vamos a atrever a acordar. No vamos a tener dificultades para acordar cuando sea bueno para Galicia. No diremos que «no» a un acuerdo con el PP. Me preocupa más que la apelación del presidente Feijóo sea mera retórica. Eso hay que concretarlo.

—Los grandes temas de país son financiación, demografía y territorio?

—Financiación debe serlo, aunque depende de la voluntad del Gobierno central. La demografía es un tema más permanente, y el territorio no estoy muy seguro de que vaya a serlo, pero sí deberíamos convertir en central hacer de la recuperación económica un motor de la inclusión social. A ver cómo resolvemos la pobreza que tenemos, o cómo recuperamos los servicios públicos con el nivel de calidad que requieren los ciudadanos. El territorio era un tema que necesita consenso desde hace mucho, pero no es demasiado urgente ahora mismo.

—Su discurso en el debate de investidura fue crítico pero en un tono moderado. ¿Por qué ha estado tan mal vista la moderación estos últimos años?

«Hay que hacer ver a los ciudadanos de Cataluña que su lugar es este, nuestra democracia»

—No debemos ocultar que pasamos, desde 2008, unos años muy duros desde el punto de vista social, con una caída muy pronunciada de la actividad económica y la protección social. Y eso ha creado coyunturas muy duras. Ahí están los desahucios, las familias en paro, la pobreza energética… Eso generó un espacio para una política de gestos y luego de elevar el tono de la protesta. No me asusta la protesta, pero siempre que no nos quedemos ahí. Lo que se nos pide a los políticos es que, además de protestar, demos soluciones. Y en eso fallamos en este tiempo.

—Son conscientes de que Feijóo y el PP rentabilizaron el exceso de ruido de la izquierda.

—Sí, sí. Una de las claves del resultado electoral es que el PP se presentó como la única alternativa de estabilidad, y eso tiene que ver con el ruido.

—Al final la gente quiere estabilidad…

—Sobre todo en sociedades tan envejecidas como la nuestra, donde los instintos de una parte de la población son favorables a que las cosas no se muevan demasiado, y otro sector más joven, seguramente por la falta de espacio para desarrollarse, se distancia de la política y la mira con escepticismo.

—¿La moderación exhibida tiene que ver con la abstención en Madrid para que gobierne Rajoy?

—No, no tiene que ver con eso. Son cuestiones diferentes. La moderación en Galicia es más de formas que de fondo, porque elevando el tono de voz no se eleva el nivel de la discusión.

—¿Le preocupa que cualquier acuerdo con el PP resucite el discurso populista de «la pinza»?

—No me preocupa en exceso, porque esas caricaturas tienen la vida corta.

—¿La Marea está preparada para ser el primer partido de la oposición?

—Ese papel no existe. Hay un gobierno y tres grupos que van a hacer oposición. Dependerá de la inteligencia de cada grupo que le saquen más rédito a su actividad parlamentaria.

—Mirando en perspectiva, ¿qué falló en campaña?

«La Marea tiene tintes populistas y poco definidos. Normal que el electorado del PSOE desconfíe»

—Había una situación en la que la gobernabilidad de España era un asunto destacadísimo para todo el mundo, y en el electorado del PSOE hay distintas opiniones. Ni una ni otra estaban suficientemente de acuerdo con lo que se estaba haciendo, lo que provocaba cierto desánimo y abstención en ese electorado. Y además había una hipótesis de campaña, como era el posible acuerdo postelectoral con En Marea y el BNG. Ahí también existía división. Todo esto hacía que la dificultad de movilización fuera más difícil que nunca, y las divisiones internas también jugaron su papel, porque da una imagen de un partido que está menos preparado para gobernar.

—A ese electorado que se quedó en casa, ¿cómo se le convence entonces?

—Tenemos experiencias en Galicia. El bipartito fue una coalición con el BNG, y tuvo como precedentes gobiernos municipales en ciudades que funcionaron bien. Pero con la Marea no teníamos ese precedente sino todo lo contrario, enfrentamientos muy severos. Las condiciones eran distintas. En Marea no tiene el grado de madurez en política institucional que tenía el BNG en el año 99. eso dificulta más las cosas. Tiene tintes más populistas y menos definidos, es normal que exista temor en el electorado del PSOE.

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