Viñedos de las Bodegas Torres
Viñedos de las Bodegas Torres - ABC

ESCAPADAS GASTRONÓMICASLa Carretera del Vi, un viaje entre viñas y rosas

Una docena de bodegas conforman la ruta que utilizaban los romanos para hacer llegar los vinos al resto del imperio

BARCELONAActualizado:

Desde mediados del siglo XIX se siembran rosas a la orilla de las vides para detectar el hongo oídium tuckeri y otras enfermedades. Cuando el hongo atacó a los viñedos franceses, los monjes cistercienses de la Borgoña se dieron cuenta que antes de afectar las vides, el hongo afectaba a los rosales. Desde entonces, estas delicadas flores se siembran a la orilla de las viñas, para detectar enfermedades que pueden afectar a la vid. Ahora, época de rosas y de floración de los viñedos, cuando el buen tiempo comienza a hacerse norma, es el momento perfecto para pasearse a lo largo de La Carretera del Vi.

A finales del 2016, inspirados en las «wine roads» de otros países, 13 bodegas ubicadas en la trayectoria de un antiguo trazado comercial de 40 kilómetros, que unía al Penedès con las playas del Garraf, crearon el proyecto de La Carretera del Vi. La ruta, que utilizaban los romanos para hacer llegar los vinos elaborados en este territorio al resto del imperio, visita siete municipios y tiene un interés arquitectónico, pues permite conocer vestigios iberos, edificios modernistas, castillos, así como arquitectura popular y tradicional del territorio, como las masías de las bodegas, por ejemplo, pero también las casas indianas de Sitges, y mucho más.

A los edificios y a las espectaculares vistas, entre rosales y viñas, hay que sumar la amplia oferta de actividades culturales y gastronómicas que se desarrollan de forma natural en la zona o en específico como complemento del proyecto (como la fiesta de la floración, el próximo 25 de mayo). El recorrido, que puede perfectamente hacerse de forma parcial o total (gracias a la infraestructura hotelera del mismo), del Penedès al Garraf o viceversa, es un viaje a través de la historia del vino de la zona, pues cada una de las bodegas ha montado de todo tipo de visitas que se adaptan al gusto de cualquier persona.

Hay bodegas familiares que ofrecen una experiencia mucho más personal, como la de Masía Torreblanca, Puig Batet, Clos Lentiscus o Rovellats. En esta última, por ejemplo, es un «must» desayunar a la mitad de su jardín modernista (lleno de rosas y geranios) producto artesanal de la región, como quesos y embutidos, y catar algunos de sus mejores caldos, tras una visita personalizada por su bodega. Hay otras con una infraestructura más moderna y comercial, pero no por ello de mala calidad, al contrario, como Mastinell o Torres.

Mastinell, por ejemplo, además de la visita a sus viñas y cavas, tiene un moderno hotel de cinco estrellas con 13 habitaciones, espacios para reuniones y celebraciones, piscina y un restaurante (En Rima) con un magnífico menú de mediodía que cambia cada semana, de una excelente calidad-precio, por 22 euros, entre semana, y 29 euros, en fines de semana y festivos, que es uno de los imprescindibles de la ruta. El hotel tiene también un spa en donde realizan terapias con baños de vino y cava, así como aceites esenciales, que pueden ser en pareja o individuales.

Bodegas Torres, por su parte, uno de los precursores del enoturismo catalán (y del proyecto), ofrecen paseos por las viñas, catas, talleres, observación de estrellas a la mitad del viñedo, catas a ciegas, así como gastronomía de primera en su restaurante Mas Rabell, en Sant Martí Sarroca.

Además, organizan actividades diversas en sus inmediaciones, como la Enocursa Torres de 10 km, que este año verá su sexta edición. Mientras tanto, en mayo, las rosas rodean el centro de visitas en Pacs del Penedès de Torres, excelente punto de partida o descanso para conocer la Carretera del Vi. ¡Salud! A los rosales, a las viñas y a los visitantes.