Inés Arrimadas durante un acto ayer en Bruselas
Inés Arrimadas durante un acto ayer en Bruselas - EFE

Sánchez desata la guerra entre PSC y Cs al negar ya el apoyo a Arrimadas como presidenta

Cortocircuita sus posibles alianzas y dinamita el bloque constitucional en la esperanza de que Iceta pueda gobernar por los vetos entre todos los demás

MadridActualizado:

Hace pocos meses se estrechaban la mano como lo hace un presidente del Gobierno con su vicepresidente. Ahora son dos desconocidos. Peor, dos enemigos. Pedro Sánchez retornó a Ferraz con el discurso de la alianza progresista como bandera. Su primer objetivo era sacar al PSOE de la amenaza del sorpasso de Podemos. La demoscopia corrobora que ese objetivo ya se ha logrado. Sánchez siempre pensó que el crecimiento por el centro tocaría plantearlo en una segunda etapa. Y en último término que éste podría producirse de forma más natural cuando el PSOE se volviese a visibilizar como única alternativa al PP.

Pero la crisis política en Cataluña y el adelanto electoral ha obligado a una estrategia más agresiva y acelerada. Las encuestas están mostrando que Ciudadanos es el partido que tanto en Cataluña como en el conjunto del Estado más está rentabilizando la actual situación. El PSOE lleva semanas marcando distancias con Ciudadanos, pero el secretario general, Pedro Sánchez, fue ayer un paso más allá al rechazar la posibilidad de que los socialistas catalanes apoyen una investidura de Inés Arrimadas. «Ciudadanos es la media naranja del PP. Ni independentistas ni opciones políticas de derechas», manifestó el líder socialista en una entrevista en TVE, en la que también rechazó el pacto fiscal para Cataluña.

Sánchez destacó que el PSC es «una organización de izquierdas, socialdemócrata», y que no entra en su ánimo apoyar a un partido que «está siguiendo la misma política territorial del PP y abrazando todas las tesis del PP», argumentó. «Ya hemos tenido suficiente derecha en España como para tener más derecha en Cataluña. Por tanto, ni independentistas ni formulaciones de Gobierno conservadoras en Cataluña».

La apuesta de los socialistas en esta precampaña está siendo la de intentar quebrar la dinámica de bloques y presentar a Iceta como un candidato transversal en un momento excepcional, con el líder del PSC como único candidato que puede abrir ese nuevo espacio: «Nosotros lo que estamos pidiendo es tender puentes, tender espacios de convivencia. El espacio de la convivencia en Cataluña no está a la derecha del PP, donde se está situando Ciudadanos». El enfrentamiento entre las dos formaciones se ha trasladado esta semana al Congreso, donde Ciudadanos se ha quedado solo en el debate sobre el adoctrinamiento en la escuela catalana y ayer en el cupo vasco. En Ciudadanos contemplan la jugada de Sánchez y definen respuesta: incidir en el pasado del PSC y poner en duda su fiabilidad. «Sánchez y el PSC son más de pactar gobiernos con ERC, como hicieron con Carod Rovira, o meter a gente de CIU en listas. Tomen nota para el 21D», respondió ayer Albert Rivera. La formación naranja considera que estos ataques no les afectan porque «el votante que el PSC perdió en 2015 en nuestro favor no lo va a recuperar pactando con los herederos de Unió, más bien al contrario», reflexionan desde la dirección. «Dice que quiere tender puentes y lo único que hace es poner cordones de seguridad», abundan, constatando que solo parece tener un aliado potencial «y ese es Colau».

«Al borde del precipicio»

El veto socialista a Colau fue confirmado por el propio Miquel Iceta, en lo que se demostró como una estrategia de comunicación coordinada con Sánchez. En un acto en un mercado –la campaña definitivamente ya está en marcha–, Iceta volvió a situar a su partido en la equidistancia, asegurando que «lo que no vamos a hacer es premiar a los que nos han llevado al borde del precipicio», responsabilizando por igual a los partidos independentistas y los constitucionalistas. «Queremos un cambio de centro-izquierda, no queremos un cambio de centro-derecha», apuntó el candidato y primer secretario del PSC.

La estrategia de los socialistas catalanes trata de ensanchar el hueco electoral que queda entre unos «comunes» cada día más escorados hacia el soberanismo, y unos partidos constitucionalistas, PP y Cs, en cuyo bloque Iceta rechaza verse encuadrado. Si en 2015 el cinturón metropolitano de Barcelona pasó del rojo del PSC al naranja de Cs, los socialistas creen poder recuperar a parte de esos votantes fugados:la tesis del PSC es que su rechazo a la independencia ya ha quedado demostrado, y que ahora hay posibilidad de crecer reconquistando al votante de izquierdas histórico no cómodo con el giro a la derecha que denuncian ha emprendido Cs, un votante al que tampoco molesta la bandera del catalanismo moderado.

Los movimientos tácticos del PSC hay que situarlos en cualquier caso en un contexto en el que el resultado electoral, según adelantan las encuestas, podría situar a los socialistas en un papel decisivo en el Parlament, más cuando la suma de los partidos constitucionalistas ahora mismo no parece que vaya a ser suficiente. Aunque Iceta sigue sosteniendo que no hará presidente a nadie independentista, si un tripartito de izquierdas con ERC y los «comunes» fuese la única alternativa ante una sucesión de vetos a otras combinaciones, el PSC podría optar por esta fórmula a cambio de una renuncia de los republicanos a la vía ilegal. También, lo ha explicitado Iceta en ocasiones, él no renuncia a acabar presidiendo la Generalitat como figura de consenso si los otros candidatos, aunque más votados, no reciben apoyos suficientes.