Economía

Los «tipos cero» empujan a los inversores al agro

Compañías y fondos estudian su desembarco en proyectos de olivar y almendro en fincas de Sevilla y Córdoba

Plantación de olivar en seto
Plantación de olivar en seto - ABC
LUIS MONTOTO Sevilla - Actualizado: Guardado en:

En los últimos meses se están fraguando diversas iniciativas que implican un cambio de tendencia en la modelo de inversión en el negocio agrícola en Andalucía. En la base de estos movimientos late, en parte, la poca rentabilidad de las opciones tradicionales (con los tipo de interés a cero la banca no puede remunerar el ahorro y la Bolsa atraviesa una etapa de incertidumbre).

El pionero en este nuevo concepto fue Borges, que en marzo de este año intentó sacar a Bolsa su filial de frutos secos para captar 23,5 millones de euros con los que adquirir o arrendar 2.500 hectáreas de terreno en Andalucía y Portugal. Su objetivo era captar recursos para sembrar 600.000 almendros en seis años, con lo cual la compañía catalana podría así autoabastecer sus fábricas de snacks y elevar sus márgenes. La firma controlada por la familia Pont dio marcha atrás en la salida a Bolsa (aunque mantiene su plan de arrendar y comprar fincas), pero hay otros inversores que están estudiando en este momento cómo diseñar vehículos que puedan canalizar grandes inversiones en el agro, fundamentalmente en olivar y almendro.

Una de las firmas que podría estar interesada en captar fondos para sembrar olivar es Deoleo. La antigua SOS ya impulsó en su momento el Proyecto Tierra, unas 5.500 hectáreas de tierras de olivar superintensivo en el Alentejo portugués, pero la profunda crisis en la que entró SOS le obligó a vender este activo en 2010 (lo compró Sovena por 93 millones de euros). Los nuevos propietarios de Deoleo —el fondo de capital riesgo CVC Capital Partners— han sondeado a otros grupos para liderar una iniciativa encaminada a replicar de nuevo este modelo y sembrar sus propias plantaciones, según ha podido saber ABC, aunque todo está en una fase muy embrionaria.

Otro gran inversor que ha puesto el foco en el olivar y el almendro es José Cosmen, uno de los herederos de la multinacional del transporte Alsa, que está canalizando su actividad en el sector agro. Hasta el momento, Cosmen ha adquirido la finca Valdeojos en Lebrija y otra finca en Córdoba donde también proyecta sembrar almendro y olivar. Sin embargo, también podría estar buscando socios para liderar un proyecto colectivo de inversión a mayor escala.

Retorno a la inversión

Panda Agriculture & Water Fund, el primer fondo español dedicado a la agricultura y el agua, apuntó las claves de este tipo de inversiones en su análisis sobre la salida a Bolsa de Borges. En un entorno como el actual, con tipos de interés del 0%, la TIR (la tasa de retorno de la inversión) de un proyecto de plantaciones como el de Borges puede acabar siendo de entre un 10% al 15% anual (si los precios de mercado se mueven en unos intervalos normalizados históricamente). Eso sí, los beneficios no llegan como mínimo hasta los primeros cinco años. Entre los principales riesgos de este tipo de inversión están la posible pérdida de producción por cuestiones climáticas o de enfermedades en los cultivos.

Según fuentes del sector, se buscan fincas que tengan reconocida legalmente una buena dotación de agua, pues en tierras de secano no salen las cuentas, y cuya orografía permitan la recolección mecanizada. Este nuevo perfil de inversores concibe el campo como una fábrica y, de hecho, están propiciando un trasvase de profesionales muy cualificados al sector primario, tanto en la parte técnica como en la gestión empresarial. Los expertos en finanzas están tomando posiciones en este tipo de explotaciones.

A partir de ahí, cada uno de los inversores puede asumir sus propios niveles de riesgos. En este sentido, uno de los proyectos más osados es el que está materializando un inversor de origen colombiano afincado en Estados Unidos. En 2014 adquirió el Cortijo Calonge, una de las fincas más reconocidas de Palma del Río. Tras estudiar otros cultivos, estos inversores han hecho una apuesta arriesgada, ya que han optado por aclimatar en Andalucía distintos tipos de nogales para entrar en el negocio de la nuez, para lo que han patentado el nombre «Nueces del Guadalquivir».

Proyecto arriesgado

El problema de los nogales es que necesitan muchas horas de frío y las altas temperaturas reducen sensiblemente su rendimiento. En este momento ya están plantando la última fase y, hasta 2017, no se conocerá la viabilidad final de este proyecto. Su objetivo más ambicioso es alcanzar en el futuro una producción anual de 1,5 millones de kilos. Hay precedentes en Portugal que han tenido éxito.

Hay otros factores que también están animando el trasvase de fondos al agro. Uno de ellos es, por ejemplo, la tendencia que existe entre los grandes comercializadores de cítricos y otras frutas, que están tratando de controlar directamente una parte de la producción. Esto ha llevado a que haya grupos valencianos que estén analizando oportunidades de compras o arrendamientos en la Vega del Guadalquivir.

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