Aridane, uno de los bastiones del Cádiz CF del ascenso.
Aridane, uno de los bastiones del Cádiz CF del ascenso.
CÁDIZ CF

Aridane y el crecimiento

Crece Aridane, crece el Cádiz, y crece Osasuna, a quien muchos osados ya lo vislumbran como rival directo de los amarillos en la lucha por el ascenso
Por  18:34 h.

En esta vida el que no camina retrodece porque el suelo siempre se mueve bajo los pies. Y quien no tiene ansias de crecer suele arrugarse y se queda menudo y reconcentrado. Así que ahora no queda más que aplaudir, aunque sea con un deje de tristeza en la mirada por lo perdido. Se marcha Aridane, el majorero, el de la peluca, uno de los baluartes del ascenso imposible y quien mejor ilustra la trayectoria del Cádiz CF en los últimos dos años. De la nada al casi todo.

Quiere dar el salto y lo merece, ese mismo futbolista vapuleado por su ridículo inicio de temporada y catapultado a los altares escasos meses después. Ese carácter debe imperar para sobreponerse al alto coste de su fichaje y a la presión que supone vestir la zamarra de uno de los gallitos con exigencias máximas. No será nada fácil.

¿Y el Cádiz? Pues encuentra 1,5 millones de razones, y algunas variables más, para abrirle la puerta y desearle una felicidad que será compartida. Una entidad que arrastra una deuda enorme y que no cuenta con el dopaje de agentes externos sólo puede crecer de esta manera: vendiendo sus mejores productos y acertando con los recambios.

Aridane es un activo importante, un central espectacular, pero con la igualdad reinante en esta cuota de mercado es posible mantener el nivel e incluso elevarlo. No se marcha un jugador al que no se le puede encontrar sustituto, y el aval deportivo que ofrece Cordero obliga a pensar que el próximo será incluso mejor. Con su varita ha conseguido que 0 euros se transformen en millón y medio.

Crece Aridane, crece el Cádiz, y crece Osasuna, a quien muchos osados ya lo vislumbran como rival directo de los amarillos en la lucha por el ascenso. Esos sí que han crecido demasiado deprisa. Como aquel Cádiz de hace justo diez años. ¿Se acuerdan? Ese mismo que de tanto estirar la ropa acabó hecho unos harapos.