Cultura - Teatros

La Luna del Tenorio ilumina Alcántara

El 33º Festival de Teatro Clásico de la villa cacereña llega a su ecuador

Escena de «Don Juan Tenorio»
Escena de «Don Juan Tenorio» - ABC
Juan Ignacio Garcia Garzon Alcántara - Actualizado: Guardado en: Cultura Teatros

Más pura brillaba La Luna engarzada en el cielo de Alcántara el pasado viernes mientras don Juan Tenorio pronunciaba los encendidos versos con que vence las últimas, y más bien tenues, resistencias de doña Inés. Esa desinteresada contribución astral y el poderoso dramatismo del montaje de la obra de Zorrilla presentado por la compañía De Amarillo –nombre que implica todo un desafío a las supersticiones teatrales– conquistaron la voluntad del público alcantareño, rendido a la seducción de unas rimas que muchos espectadores recitaban por lo bajini.

Una bien ajustada versión de Miguel Murillo vertebra un espectáculo en el que la puesta en escena de Pedro A. Penco incide en subrayar el arrebatado carácter romántico de la pieza, su decidido vuelo melodramático y sus populares fantasmagorías, aspectos que, en algunos montajes recientes, se rebajaban en beneficio de lecturas desmitificadoras del conocido texto. Con todo merecimiento, este Tenorio protagonizará la tradicional representación itinerante que recorre las calles de la localidad madrileña de Alcalá de Henares en las proximidades de la festividad de Todos los Santos.

Vestidos con ropajes decimonónicos, los actores realizan un trabajo que recupera moldes antiguos en favor de la emoción y la elocuencia sentimental de la obra, encabezados por el don Juan que interpreta Guillermo Serrano, desafiante ante el mundo y vehementemente entregado en las escenas de amor. Las excelentes composiciones de Rafael Núñez como el comendador, Memé Tabares en la Brígida, Francis Lucas en el papel de Ciutti y Fermín Núñez el don Luis Mejía sobresalen en el equilibrado reparto de esta propuesta con la que el 33º Festival de Teatro Clásico de la villa cacereña se asoma a su ecuador.

El topónimo Alcántara viene del árabe Al Qantarat, que significa «El Puente», por lo que el célebre puente romano de este enclave urbano a 18 kilómetros de la frontera con Portugal viene a ser una imponente redundancia que lleva soportando tráfico sobre sus airosos arcos desde el siglo II, cuando fue construido en época de Trajano. Desde 1984, que también es tiempo para un certamen escénico, se viene celebrando el encuentro, que este año despliega su programación entre el 2 y el 8 de agosto.

Un formidable «Hamlet» a cargo de la compañía Teatro Clásico de Sevilla, en versión de Alfonso Zurro, también director del montaje, fue la pieza elegida para abrir el festival, que en esta edición estrena directora, Montaña Granados. El imaginativo espacio escénico de Curt Allen Wilmer –un semicírculo limitado por ocho altos espejos verticales, que escrutan, multiplican y evidencian la perspectiva múltiple de esta historia de venganza y locura– marca una tensa versión de la tragedia, protagonizada notablemente por Pablo Gómez-Pando y llena de inteligencia y poderosa expresividad, en la que Zurro articula una visión del microcosmos medieval danés como espejo a su vez de una humanidad náufraga en un mar de incertidumbres.

El pasado día 3 fue Rafael Álvarez El Brujo quien, caballero de la palabra, presentó en el Conventual de San Benito, epicentro del certamen y casa matriz de la en su día poderosa orden militar de Alcántara, su aproximación a los «Misterios del Quijote», una gozosa creación del genial bululú quien, en un soliloquio desbordante, relata cómo su padre le contaba episodios del «Quijote», un libro que no había leído, habla del taxista que le reveló que Cervantes era un autor colectivo inventado por el franquismo, informa de una versión oral transmitida por juglares amoriscados, va y viene de noticias como la fuga millonaria de Neymar al hilo volandero de su discurso. Habla y habla, teje su luminosa y astuta red hipnótica que atrapa la atención del público y siembra de risas toda la representación. Y sentencia de manera rotunda que el Quijote es la reencarnación de un Cristo que defiende el evangelio de la misericordia frente al rigor de la justicia. Muchos aplausos cosechó en Alcántara el gran intérprete.

Anoche estaba programado un bellísimo montaje de «Eco y Narciso», obra de Calderón de la Barca cuya versión ha realizado Elena Sánchez y dirige David Martínez; lo interpreta la compañía Miseria y Hambre. En días sucesivos, está programado un atractivo puñado de espectáculos: «Fuente Ovejuna», de Lope de Vega, presentado por TNT - El Vacie, dirigido por Pepa Gamboa e interpretado por un reparto formado por mujeres gitanas; «El hermano de Sancho», un trabajo dramatúrgico de Lander Iglesias para Laurentzi Producciones, que dirige David Pinilla; y como fantástico broche, la irresistible «Cervantina», de Ron Lalá, tercera propuesta quijotesca incluida en el cartel de un festival, cuya programa completan la exposición fotográfica colectiva «Callejeando en Alcántara», diversas conferencias, el curso de la Universidad de Extremadura «Animación y puesta en escena de espectáculos de calle ambientados en el siglo de oro», una noche lírica a cargo del tenor Alonso Torres, animados pasacalles, varias visitas nocturnas teatralizadas y un mercado medieval, entre otras actividades relacionadas con esta galana villa de empinadas calles salpicadas de referencias a sus pobladores romanos, musulmanes, judíos y cristianos.

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