LITERATURA

Marina Perezagua: «Me preocupaba escribir un Quijote de Avellaneda»

La escritora sevillana lleva al hidalgo creado por Cervantes al Nueva York actual en su última novela «Don Quijote en Manhattan»

Marina Perezagua
Marina Perezagua - RAÚL DOBLADO

A Marina Perezagua no parecen asustarle los retos literarios. Para su segunda novela «Don Quijote de Manhattan» (Los libros del lince) ha elegido como protagonista al mayor mito de las letras españolas para situarlo, en compañía de Sancho Panza, en el Nueva York contemporáneo, donde reside la escritora sevillana, quien confiesa, sin embargo, que si gana Donald Trump «me voy de EE. UU.». Una obra en la que se entrelazan referencias cervantinas, la Biblia, la cultura popular que representa Star Wars... para componer un relato marcado por el humor y la vocación metaliteraria. Todo un cambio de registro respecto a «Yoro» (2015), su primera novela, traducida a varios idiomas, entre ellos, el inglés.

Esta novela supone un claro cambio de registro respecto a su debut, ¿le interesaba explorar territorios más humorísticos?

Sí. Siempre me apetece retarme a mí misma. La comedia me parece un género muy difícil y lo admiro mucho. Lo que más me gustaría en el mundo es hacer monólogos, pero como soy tímida no creo que pudiera. Así que decidí probar con el humor, aunque la última parte de la novela es un poco más sórdida. Me apetecía mucho cambiar de registro, no repetirme.

¿La exploración es fundamental en la formación de un escritor?

Claro y también pasárselo bien, cambiar. Me gustaría mucho hacer teatro, un guión de cine… Todo te hace crecer, desde luego, pero también disfrutar. «Yoro» ha tenido muchas traducciones y podría haber seguido por esa fórmula, por lo menos un libro más y aprovechar el tirón, pero he hecho esto que a ver si consigue traducciones.

¿Por qué eligió el personaje de Don Quijote? ¿Qué queda del hidalgo que creó Cervantes y qué es creación suya?

Mi idea, en principio, era trabajar con las fábulas, como las llamaba Borges, de la Biblia y situarlas en el mundo de hoy. Me vino la imagen de Don Quijote con la Biblia en la mano en lugar del «Amadís de Gaula». Mi Quijote comparte con el de Cervantes es ese espíritu utopista, ese ver lo que uno quiere y no lo que hay… Lo que es diferente es que comienza un poco como El Quijote de Cervantes, pero termina como una novela ya totalmente distópica.

¿No le surgió algún temor al meterse en un personaje como Don Quijote?

Sinceramente, a la crítica no la temo mucho. Lo que me preocupaba era hacer un remedo o un Quijote de Avellaneda. Me preocupaba que no estuviera vivo. Obviamente, yo no soy Cervantes, pero quería darle la vida, nuevas preocupaciones y otra situación en el mundo. Eso era lo que más me preocupaba, darle aliento.

¿No temía a los grandes especialistas cervantinos?

No me lo pensé mucho y cuando Enrique Morillo, mi editor, me preguntó por quién quería que lo presentara le respondí que Francisco Rico, total no tenía nada que perder. Y después su apoyo ha sido impresionante.

¿Por qué situó a Don Quijote en Manhattan, porque España era cuando escribió Cervantes el resto del mundo y ahora lo es Nueva York?

Sí, he buscado ese paralelismo. También como arquetipo de la sociedad occidental. Todo lo malo y lo bueno que podemos ver en Europa allí está magnificado, entonces me gusta, porque se presta mucho a la comedia, a la exageración.

Los paralelismos con El Quijote continúan porque tiene previsto escribir una segunda parte.

Sí, mi idea es esa. Que esta fuera más o menos un juego de espejos con la primera parte del Quijote y que la segunda lo fuera con la segunda.

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