Cultura - Libros

Beatriz de Moura: «Kundera, Cioran y Camus siguen siendo hoy en día longsellers»

Liber reconoce «su dilatada y comprometida defensa del libro y de la edición en Iberoamérica» y destaca que es «un símbolo y referente del protagonismo de la mujer en el ámbito editorial»

Beatriz de Moura, en su despacho
Beatriz de Moura, en su despacho - INÉS BAUCELLS
SERGI DORIA Barcelona - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

Beatriz de Moura (Río de Janeiro, 1939) siempre consideró la edición como una artesanía y el salón Liber 2016 reconoce «su dilatada y comprometida defensa del libro y de la edición en Iberoamérica, así como por ser un símbolo y referente del protagonismo de la mujer en el ámbito editorial». Presidenta del honor de Tusquets, editorial de la que se retiró en 2014 después de cuarenta y cinco años, sigue siendo una mujer de libros tomar. Abordar la historia de Tusquets es recorrer el último medio siglo literario. Siguiendo el consejo de Carlos Barral, aquella brasileña hija de diplómático aprendió «a ser cosmopolita, estar abierta -y atenta- a todas las culturas, a todas las tendencias».

Catálogo en mano, doña Beatriz nos podría hablar de Milan Kundera, de los jurados de La sonrisa vertical con Cela y Berlanga, de las tertulias con Gil de Biedma, de la irrupción providencial en su vida -sentimental y profesional- de Antonio López Lamadrid, de las veladas con Arthur Miller e Inge Morath, de las deliberaciones del premio Comillas de biografías con Jorge Semprún y Mario Vargas Llosa, o de los poetas de la casa: Antonio Colinas, Juan Luis Panero, Francisco Brines, Carlos Bousoño... También del descubrimiento de Haruki Murakami, Henning Mankell, Petros Márkaris y Leonardo Padura o de ese monumento a la trágica memoria vasca que es «Patria» de Fernando Aramburu.

Detrás de cada título, de cada recuperación de clásicos rescatados estuvo Beatriz de Moura. Sí. La editora en España de John Irving, de Ernst Jünger, de Nadine Gordimer, de Cioran y Marguerite Duras, de los «Soldados de Salamina» de Javier Cercas y de los abecedarios criminales de Sue Grafton, la de Updike, Steinbeck y Sciascia... Editora de autores buenos y diversos como corresponde a ese cosmopolitismo cultural que abomina del pensamento único.

-¿Qué ha cambiado en el sector editorial desde 1969, cuando usted fundó Tusquets con su entonces marido, Óscar Tusquets?

-Todo lo que usted pueda imaginar entre un país pobre, bajo una dictadura esperpéntica y una censura férrea y otro país que, sólo 40 años después, ha olvidado de dónde viene y no sabe muy bien adónde quiere ir…

-¿Se ha confirmado el vaticinio de André Schiffrin de la edición sin editores o era demasiado catastrofista?

-André Schiffrin fue un pájaro de mal agüero, que terminó llevando la editorial de una fundación norteamericana, por supuesto sin riesgo alguno económico para él ni para sus posibles lectores…

-¿Qué autores de los años setenta y ochenta no podría publicar hoy por requerir demasiado esfuerzo a los lectores?

-En nuestro catálogo, los libros de autores como Kundera, Cioran o Camus siguen siendo hoy en día longsellers… A quienes les gusta leer tal vez lo hagan hoy de escondidas en la pantalla de algún portátil… Tiene más morbo.

-La figura del agente literario ha cambiado sustancialmente la relación entre editor y escritor. ¿Cómo ha sido su experiencia con las agencias literarias?

-Siempre tuve una excelente relación con agencias extranjeras; no he sido tan afortunada con los agentes que, a lo largo de los años ochenta y noventa, han ido asomando la nariz en nuestro país.

-¿Qué autor de la competencia le gustaría haber editado?

-Me habría encantado publicar a algunos de los escritores anglosajones del catálogo de Anagrama, de mi amigo y admirado Jorge Herralde.

-¿Qué encuentra a faltar de la Barcelona de los años setenta en la Barcelona actual?

-El entusiasmo, la alegría, la cordialidad, el sentido del humor, la apertura de miras…

-¿Cree que al nacionalismo catalán le resulta incómodo que Barcelona sea la capital del libro iberoamericano?

-Pues sí, le molesta como una inesperada piedrita en el zapato.

-Tusquets no hubiera sido posible sin el concurso de Antonio López Lamadrid... ¿Qué significó para usted haberlo conocido?

-Sin él, Tusquets no habría pasado de ser una editorial artesanal. Y, sin él, mi vida habría sido mucho menos alegre.

-¿Considera que las editoriales han perdido el espíritu aventurero que mostraron sellos como Tusquets o Anagrama en sus inicios?

-No sé Anagrama, pero Tusquets desde luego se ha vuelto muy razonable, como le corresponde por edad.

-¿Recuerda algún episodio significativo de su trayectoria como editora?

-He sido tan feliz ejerciendo mi profesión que incluso los momentos de dificultad, incluidos los de fuertes crisis, conforman para mí una vida plena, sin añoranzas ni quejas.

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