Edith Nesbit, autora de «El castillo encantado»
Edith Nesbit, autora de «El castillo encantado»
LIBROS

Edith Nesbit, la abuela de Harry Potter

De 9 a 99 años, ese es el espectro de los lectores de esta mujer avanzada en la literatura y en la vida misma

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De la londinense Edith Nesbit (1858-1924) -que usualmente firmaba E. Nesbit para que el lector no supiese «a priori» que el libro que leía lo había escrito una mujer- yo conocía solo unas deliciosas «Historias de dragones» (Madrid, Anaya, 1991, colección «Tus Libros», número 112) traducidas por Marisol Dorao. Además de la traducción, Dorao redactó en ese volumen un «Apéndice» muy documentado sobre la vida y la obra de Nesbit, lo que venía muy bien para situarla adecuadamente en las letras inglesas de su época. Extinguida la serie «Tus Libros», una de las mejores colecciones de literatura juvenil, buena parte de sus títulos han emigrado a una nueva serie de Anaya, «Tus Libros Selección», de la que «Historias de dragones» constituye la entrega 58, aparecida en 2009. La edición de 1991 incluía las ilustraciones originales de H. R. Millar y H. Grandville Fell, mientras que la de 2009, presentada y epilogada por V. M. Puelles, tiene a Enrique Flores como ilustrador.

No conocía «El castillo encantado» (1907), pese a que, allá por 1998, Alba Editorial publicó su primera traducción, firmada por Anne-Hélène Suárez y hoy por desgracia descatalogada. El «annus mirabilis» de esa novela en español será, sin duda y para siempre, 2017, pues acaban de aparecer en librerías otras dos traducciones de «El castillo encantado»: una de Jaime Valero (Anaya, colección «Clásicos Modernos») y esta del sello editorial hispalense El Paseo, vertida a nuestra lengua por Nuria Reina Bachot y enriquecida con las ilustraciones de la «editio princeps», obra del mencionado Harold Robert Millar (1869-1942).

Discurrir por estas páginas es adentrarse en el territorio de una pionera del género «fantasy»

Discurrir por las páginas de cualquiera de las dos versiones españolas de «El castillo encantado» es adentrarse en el territorio de una de las pioneras más importantes del género «fantasy», autora de sesenta libros para o sobre niños publicados entre 1894 y 1924, sabia conocedora de la psicología infantil y juvenil, maestra de la creadora de Harry Potter, J. K. Rowling (otra mujer cuya firma no la identifica como tal), que ha llegado a decir de ella que es la autora de las letras universales con la que más se identifica. Gore Vidal también le ha dedicado contundentes alabanzas en no pocas ocasiones, y C. S. Lewis reconoció en Nesbit la fuente de inspiración principal de sus célebres «Crónicas de Narnia».

Carácter frívolo

Edith no fue solo una excelente urdidora de «plots» para niños de 9 a 99 años, sino también un personaje singular y comprometido que combinó el activismo político con la literatura, perteneciendo, como su esposo, Hubert Bland (fallecido en 1914), a la Sociedad Fabiana, germen del Partido Laborista británico. Escribe Marisol Dorao: «Nesbit pasó por la Sociedad Fabiana de la misma forma que pasó por la vida: sonriente, entusiasta, aparentemente frívola, sin meterse en demasiadas profundidades». Ese carácter la ayudó a superar la muerte de su marido y a rehacer su vida, casándose en 1917 con el lobo de mar Thomas Tucker, viudo como ella y buen amigo, durante muchos años, de Edith y de Hubert.

Con todos estos antecedentes biográficos, Nesbit se nos revela como una mujer muy interesante, alejada de los patrones femeninos propios del momento que le tocó vivir. «Abuela de Harry Potter» se la viene llamando de forma habitual, y ello supone ubicar a Edith Nesbit en un modo de narrar radicalmente moderno en la medida en que es intemporal, y en un estilo cómplice, próximo y entrañable que hace de la lectura de «El castillo encantado» una experiencia imperecedera.