ARTE

Cristina Rodrigo: «Invito a los espectadores a un viaje interior para reencontrarse con su propia esencia»

La pintora Cristina Rodrigo presenta en la Galería Antonio de Suñer de Madrid la sugerente exposición «Sedimentos»

Cristina Rodrigo en una pausa de su trabajo
Cristina Rodrigo en una pausa de su trabajo - Javier Liébana

Tras una sólida formación en España y en el extranjero, Cristina Rodrigo (Madrid, 1979) tiene ya en su haber una fértil trayectoria plasmada en diversas exposiciones colectivas e individuales. Mientras tiene en perspectiva varios proyectos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, ahora puede verse la muestra «Sedimentos» -hasta el 29 de noviembre- en la madrileña Galería Antonio de Suñer, una excelente ocasión para acercarse a una pintora que ha logrado desarrollar una personalidad propia. Su propuesta va más allá de las etiquetas y busca que el espectador dialogue con una obra en la cual, subraya la artista, «las huellas del tiempo se transforman en un gesto pictórico, en un aullido de color», y en la que, combinando distintos formatos, Cristina Rodrigo introduce juegos de escalas.

¿Cuándo surgió su vocación pictórica?

Mi madre pintaba y yo sabía donde guardaba su material de pintura. De niña le quitaba los pasteles Rembrandt y los lápices. Cuando tenía 7 años me regalaron mi primer maletín de óleos y comencé a pintar. En casa pintaba. Muy pronto fui consciente de que quería vivir con la pintura y de la pintura. Los domingos por la tarde mis hermanos y yo organizábamos una subasta de nuestros cuadros en casa de mi abuela. Cuando empecé a estudiar con Christian Jankowski, comencé a experimentar con otros medios audiovisuales y el arte conceptual. Me encontraba con un pie en el mundo de la pintura y el otro en el vídeoarte y las instalaciones. Fue un gran dilema para mí tener que elegir un camino. Pero el camino se dibujó a sí mismo. El arte conceptual reforzó el sentimiento de que por encima de cualquier otra cosa yo me sentía pintora.

¿Cómo fueron sus comienzos?

Estudié Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente tres años en Stuttgart, en la Staatliche Akademie des Bildende Kunst con Christian Jankowski. Por un afortunado error burocrático acabé en su clase, una clase enfocada al arte conceptual: el vídeoarte, las instalaciones y las «performances». Fue una etapa muy enriquecedora. Aprendí a trabajar con otros lenguajes y romper los límites pictóricos pintando sobre la nieve. Además tuve la oportunidad de participar en un proyecto de intercambio entre la Staatliche Akademie des Bildende Kunst y California College of Arts, ISR, Institut for Social Research (ISR), donde establecimos una comuna de artistas en San Francisco, y participábamos diariamente en proyectos comunes e individuales después de interminables debates. Mi trabajo se basó en el lenguaje, debido a la barrera lingüística entre los artistas americanos y los alemanes. El vídeo «The language» propone una misión, encontrar un objeto, algo con lo que poder hacer un nudo pero los participantes no consiguen comprender nada ya que cada uno debe hablar el idioma que peor conoce. Frustración, incomunicación, incomprensión son algunas de las reacciones que se originan dejando en evidencia la actitud de cada uno y la de cada grupo. Diferentes maneras de afrontar este reto lingüístico, que pretende concienciar sobre lo que les une en su búsqueda, a pesar de las dificultades en el lenguaje.

He utilizado diferentes medios dependiendo de las necesidades de cada proyecto. Mi trabajo no solo se centra en mi propio desarrollo artístico, también fui codirectora y comisaria en Bomb Gallery, iniciativa cuyo objetivo es constituir una plataforma de arte en los Balcanes. Desde las ruinas de un edificio bombardeado en Mostar, surge un espacio experimental de arte, un espacio público para el diálogo intercultural.

¿Su primera exposición individual?

Mi primera exposición individual fue en el Club Financiero de Madrid, cuando estaba terminando la carrera de Bellas Artes, en 2005. Años después, Mariano Sánchez de la Galería Antonio de Suñer, visitó la exposición que realicé en la Casa de la Cultura de San Lorenzo de El Escorial y se quedó impresionado por un lienzo de grandes dimensiones. Me invitó a formar parte de diversas exposiciones colectivas y en 2014 realicé mi primera muestra individual en la Galería Antonio de Suñer.

¿De qué manera definiría su pintura?

La verdad es que creo que es indefinible. Una ventana abierta a un mundo cromático depurado de asociaciones formales que apelan al inconsciente emocional.

¿Su método de trabajo? ¿Le surge una idea, una imagen... y a partir de ahí comienza la tarea?

Trabajo sin hoja de ruta, sin boceto previo o imagen preconcebida. Mi lenguaje es el color. Rojo bermellón, azul de Prusia, verde vejiga, naranja, los tierra, gamas de grises, los blancos... Precipito el óleo muy diluido sobre el lienzo en posición horizontal. Las capas cromáticas se van sucediendo en un proceso libre donde trato de escuchar el color, de apreciar la belleza de cada pequeño matiz que nace sobre el lienzo y reaccionar.

Expongo temporalmente los pigmentos a diferentes soluciones y barnices. La humedad o la densidad son agentes imprevisibles, imposibles de controlar en su totalidad. Las veladuras y estos pigmentos volátiles crean texturas. Y hablan y emiten sus propios mensajes como materia orgánica.

Mi trabajo no es solo pura expresión de una actividad creativa, sino un organismo autónomo que se desarrolla también en función de sus propias leyes. Ese humus orgánico cambia con el tiempo y constituye un aspecto fundamental de mi obra, en la cual las huellas del tiempo se transforman en un gesto pictórico, en un aullido de color.

Detalle de «Sin título», óleo sobre lienzo de Cristina Rodrigo
Detalle de «Sin título», óleo sobre lienzo de Cristina Rodrigo

Aunque usted siempre ha querido desplegar su propia personalidad, ¿su pintura está cercana a algún movimiento en especial?

Me interesa el neoexpresionism, al igual que me impresiona y me llena la «Madonna con niño» y «Johannes el joven« del renacentista Jacopo Carrucci, Pontormo, (1492-1557); la escultura de Tony Craigg, los «Faux Rocks» de Katharina Grosse o las propuesta de Ai Weiwei, como por ejemplo «Sunflower Seeds». Los movimientos, tendencias, estilos... son asunto de historiadores del arte para poder clasificar los planteamientos artísticos. Por lo tanto son ellos los que pensarán como catalogarme. Ojalá estuviera catalogada. De esta forma, cuando se revise esta época significaría que han considerado mi trabajo.

¿Su obra ha pasado por diferentes fases?

El desarrollo es intrínseco al ser humano. Mi pintura ha evolucionado tanto temática como técnicamente. Los paisajes se fueron desdibujando poco a poco, y las manchas cromáticas fueron adoptando sus propias formas. La superposición de papeles de seda pegados sobre el lienzo, los empastes y los raspados han dado paso a veladuras y superposición de capas cromáticas. Sin embargo, el color, la luz o el juego de texturas constituyen un denominador común.

¿Qué sentimiento sobre todo desea transmitir a través de sus lienzos?

Los cuadros recogen estados de ánimo que me invaden y que surgen en forma de colores y sombras. Reflejan mi interior. Sin embargo, mi objetivo no es otro que el propio espectador deje aflorar sus emociones, sus sensaciones frente a la pintura. Pretendo que mis cuadros sean una invitación a los espectadores hacia un viaje interior para reencontrarse con su propia esencia.

¿A los visitantes de su exposición les diría que se fijaran con más atención en alguno de los cuadros?

Nunca les diría que se fijen, sino que contemplen y mantengan abiertos sus sentidos. Les sugeriría que se tomen el tiempo de mirar las obras y así permitirse descubrir la pintura poco a poco. Verlo no solo en su superficie pictórica sino también dejar que la interioridad de la obra se abra y se revele al espectador. De esta manera se inicia la posibilidad de crear un momento de convivencia.

¿Cuáles cree que son las principales dificultades a las que se enfrentan hoy los artistas? ¿Es complicado exponer, que la obra llegue al público?

Indudablemente, hay problemas. Yo me considero afortunada, pues los visitantes que han pasado por mi exposición han sido muchos y las críticas muy positivas. Todo este reconocimiento es muy gratificante y valioso. Las galerías hacen una importantísima labor. Propician que los artistas jóvenes muestren arte contemporáneo.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios