Ajuste de letras Lawrence Wright, el archivador de personajes

El prestigioso reportero repasa en «Los años del terror» la evolución del yihadismo desde sus primeros años

El reportero estadounidense Lawrence Wright
El reportero estadounidense Lawrence Wright - Lauren Gerson

Su madre era una lectora voraz y todas las semanas lo llevaba, con sus dos hermanos, a la biblioteca pública. Lawrence Wright (Oklahoma City, 1947) fue educado para ser escritor. Tardó 32 años en publicar su primer libro, «City Children, Country Summer», sobre los veranos de unos niños que vivían barrios marginales. Ya no paró. Aquel fue el primer gran trabajo de un reportero tan metódico como prestigioso.

Redactor en plantilla de «The New Yorker» desde 1992, premio Pulitzer en 2007, el origen de la carrera de Wright está en una decisión política: durante la guerra de Vietnam fue objetor de conciencia. Deseaba salir de Estados Unidos. Así que cuando le ofrecieron dar clases de inglés en la Universidad Americana de El Cairo, solo tardó 48 horas en tener su primer encuentro con un grupo de jóvenes que apenas tenían nivel para cursar estudios superiores.

«Aquel periodo de Egipto configuraría mi trayectoria profesional de manera decisiva», escribe en «Los años del terror» (Debate). Por un lado, forjó unos profundos vínculos con la cultura árabe. Por otro, afianzó su interés en «por qué la gente cree en lo que cree», como dice en «El nuevo Nuevo Periodismo», entrevistado por Robert S. Boynton. «Dado mi interés en la fe y en las creencias, siento curiosidad por esa parte del mundo. Después de todo, es el lugar de origen de extremismos religiosos de todo tipo».

Sus dos mejores libros son fruto de estas dos obsesiones. «Cienciología» (Debate) es el mejor trabajo de investigación sobre una estrafalaria religión con numerosos seguidores y un gran poder económico, capaz de florecer en la era de la ciencia y la tecnología. En «La torre elevada» (Debate), Wright añade el mundo árabe a su preocupación por las creencias para explicar cómo dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas el 11-S. La obra es una formidable exhibición de recursos narrativos que van desde el día a día de un terrorista de Al Qaida hasta las absurdas guerras entre el FBI y la CIA en la lucha antiyihadista.

Por el libro sobre el 11-S Wright ganó el Pulitzer en la categoría de no ficción, que fue también un premio a su exquisita manera de hacer periodismo. Consiste, en primera instancia, en investigar a fondo. «Lo primero que hago es leer todo lo que puedo sobre el tema –dice–. Conforme voy leyendo, hago una lista de las personas que aparecen en los recortes y con las que me gustaría hablar». Apunta los nombres, con su información de contacto, en listas que ocupan entre quince y veinte páginas, con centenares de entradas. Para «La torre elevada» realizó más de 600 entrevistas.

«La meta de mi primera entrevista es establecer una relación –dice en «El nuevo Nuevo Periodismo»–, no sonsacar información del entrevistado. No quiero espantarlo». Wright tiene paciencia, y no le importa ver a sus fuentes docenas de veces si es necesario. Hablar con él es como ir al médico, explica: «Les he impuesto un régimen y sé lo que es mejor para la historia». Al final, sus entrevistados se terminan sincerando, conscientes de que si ellos le ocultan algo, otra persona se lo terminará contando.

Wright se da cuenta de que ha hablado con suficientes personas cuando ve que sabe más que sus propios entrevistados. Luego crea archivos de tarjetas sobre cada personaje de su investigación, con subarchivos sobre temas específicos. Los más importantes, que pueden tener 12.000 tarjetas, los guarda en cajas propias. La caja del archivo de Bin Laden tiene un metro de profundidad.

«Estas tarjetas de notas se convierten en el recurso final que consulto mientras escribo –dice–. Parece una forma más orgánica de desarrollar la información que empezar con un esquema y tratar de imponer esa estructura al material».

Otra herramienta que desarrolló para «La torre elevada» fue elaborar una cronología con códigos de colores: «Es más fácil para mi ojo seguir un único hilo narrativo. Tengo a Mohamed Atta en color púrpura, los demás secuestradores en rojo, Al-Zawahiri en azul, John O'Neill en verde. Luego tengo la fuente (ya sea una entrevista o una publicación) de la información anotada al lado del color. ¿Qué hago si quiero saber dónde estaba Al-Zawahiri en 1999? Busco el color azul y, cuando lo encuentro, consulto la fuente de la información para ver si es creíble».

Esta organización tan meticulosa es lo que le permite escribir deprisa: «Todo está al alcance de la mano». Con el tiempo ha aprendido a empezar a escribir en el momento preciso, sin anticiparse. Uno de sus mayores errores al inicio de su carrera era comenzar a escribir demasiado pronto: «No sabía realmente lo que estaba tratando de decir y tenía que parar, volver a mis fuentes y colmar los vacíos».

«Los años del terror» es el último libro de Wright traducido al español. Se trata de una compilación de artículos, corregidos y actualizados, que salieron publicados en «The New Yorker». Una suerte de «manual básico sobre la evolución del movimiento yihadista desde sus primeros años hasta el presente y las acciones paralelas de Occidente para tratar de contenerlo», en palabras del autor. Ya sea con reportajes o libros más consolidados, su fin último es siempre contar una historia. Igual le sirven la novela, el cine y el teatro, géneros que también ha cultivado. «Las formas de expresión pueden ser diferentes, pero el impulso es el mismo. La parte más difícil de escribir es saber qué tema abordarás». Lo llama periodismo poliédrico.

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