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Ámsterdam quiere prohibir las despedidas de soltero: «Sales de casa pisando vómitos y preservativos sucios»

Empleados municipales regularán la entrada a distritos populares, aplicando un código cromático para evitar la masificación o la entrada de grupos de turistas menos recomendables

Corresponsal en BerlínActualizado:

«Ese segmento de turismo que se lo quede la competencia, podremos vivir con eso», ha despreciado el Defensor del Pueblo de Ámsterdam, Arre Zuurmond, justificando la prohibición en la ciudad holandesa del turismo de despedidas de soltero y las multas incluso por las faltas más leves del «turismo del desmadre» en el Barrio Rojo. Zuurmond considera un «éxito del civismo» la decisión del Ayuntamiento de endurecer la normativa de acceso en los establecimientos y el despliegue de un cuerpo de «agentes cívicos», empleados municipales que regularán la entrada a distritos tan populares como Wallen, aplicando un código cromático para evitar la masificación o la entrada de grupos de turistas menos recomendables. Siguiendo el cifrado de colores de los semáforos, el verde permitirá que sigan entrando turistas a los territorios marcados, mientras que el rojo significa el cierre de las calles más castigadas a los turistas, de forma que solamente podrán acceder a ellas los residentes. Los agentes irán equipados con datáfonos para cobrar las multas en el acto, en metálico o a través de una tarjeta bancaria. Cualquier «acto incívico» será sancionado. El consumo de alcohol en público con 95 euros, orinar en la calle, gritar, causar desorden o ensuciar la vía pública con 140.

«Cada mañana es lo mismo. El fin de semana se intensifica en cantidad, pero de lunes a viernes es peor en calidad porque son los paquetes turísticos más baratos», explica a la televisión local Tjumas Haennen, un residente en el distrito de Wallen, «por la noche resulta imposible dormir y por la mañana sales de casa pisando vómitos, preservativos sucios y todo tipo de basura. Las familias con niños hace ya tiempo que huyeron de aquí, porque no podían salir a la puerta de la casa en pleno día, y cada vez somos menos los vecinos que soportan esto, la mayoría se va».

Amsterdam recibe anualmente 18 millones de visitantes, 20 veces su población. Este turismo fue siempre de un carácter bastante especial, debido a su oferta de coffee shops, locales donde se puede consumir marihuana libremente, y al conocido como Barrio Rojo, en el que las prostitutas se exhiben en escaparates, lo que ha ejercido un poderoso efecto llamada sobre determinado tipo de público. Pero los vuelos baratos y el fenómeno de las despedidas de soltero han multiplicado la afluencia, hasta el punto que los vecinos consideran que en la ciudad “rige la ley de la selva”. Solo el Barrio Rojo atrae actualmente a 2,5 millones de visitantes al año y amanece a diario con vómitos y basura en las calles, mobiliario urbano dañado y con cada día menos negocios abiertos, puesto que se trata de un turismo de bajo coste y garrafón del que no se benefician los establecimientos de más alto nivel.

«Lo peor son los viajes de fin de curso, porque se trata de grandes grupos de personas muy jóvenes y sin control», cuenta Ricardo Gomera, venezolano que ha trabajado como camarero en varios bares de la zona centro de Amsterdam, «no solo se emborrachan hasta perder el sentido y destrozan todo lo que pueden, sino que se comportan de forma despectiva e incluso violenta con el personal. Ahí trabajamos solamente los que de verdad no podemos trabajar en cualquier otra cosa».

Frits Huffnagel, del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, ha sugerido incluso al gobierno local que considere la posibilidad de prohibir las despedidas de soltero, debido a que están ya fuera de control. La propuesta ha tenido una acogida favorable, aunque llevar a cabo esa prohibición resulta complicado puesto que no hay forma constitucional de prohibir el ingreso a la ciudad dependiendo del detalle de la intencionalidad del visitante. De momento, el gobierno local implementará una serie de medidas con las que espera «acabar con cualquier comportamiento fuera de control», y que incluyen la restricción de circulación a las motos de cerveza, los paseos en Segway, los viajes en barco con bebidas a bordo o prohibir a los anfitriones de Airbnb crear alquileres a corto plazo en las zonas más caóticas. Además habrá subidas de impuestos a los locales permisivos con este tipo de comportamiento de los turistas.

A pesar del esfuerzo, las autoridades y los empresarios del sector tienen la sensación de que han perdido el control sobre el tipo de público al que pretenden atraer. «Hoy en día las que dirigen la demanda son plataformas de internet que aconsejan determinados destinos de acuerdo a un tipo de demanda y los clientes se orientan por esa vía. De poco sirven ya las campañas publicitarias en medios de comunicación o la presencia en ferias de turismo, porque quienes clasifican Amsterdam como destino cool para el desmadre no están ahí», ha lamentado la alcaldesa Femke Halsema, del Partido Verde, que está dispuesta incluso a eliminar el conocido «I Amsterdam», eslogan de casi tres metros de alto y 23 de ancho que se encuentra en el aeropuerto Schiphol y en Museumplein. "Este eslogan reduce la historia de Ámsterdam a una de mercadotecnia", ha justificado, en busca de una imagen de la ciudad que atraiga a otro tipo de turistas, más interesados en el Rijksmuseum, la plaza Dam o el museo Van Gogh. Halsema culpa de la actual situación a una campaña llevada a cabo en 2004 por NBTC Holland Marketing y cuyos responsables reconocen que Holanda podría morir de éxito, porque, siguiendo la actual progresión, la cifra de turistas podría alcanzar los 60 millones de personas por año en 2030. Jos Vranken, director de NBTC, considera que el turismo «ha alcanzado un límite crítico» en Ámsterdam y reconoció que se «necesita un enfoque nuevo» que priorice el interés de los residentes.