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First Dates El reggaeton «echa para atrás» a un comensal: «Para mí la música es lo más importante»

Carlos y Judith tuvieron una cita agradable pero estaba claro que no estaban hechos para tener una relación

CUATRO
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En este segundo día de la semana del tercer aniversario de «First Dates» rompió el hielo Carlos, un mallorquín de 21 años que se fue a Coruña para estudiar filosofía: «No soporto el calor y, además, creo que la gente del norte es más trabajadora». Contó al llegar que su gran pasión era la música y que, de hecho, tenía dos bandas: «Una con mi padre y otra con colegas, pero esa todavía no ha arrancado». Sobre sus gustos en cuanto a mujeres dijo que le gustaban chicas que estuviesen «locas, porque a veces se me va la olla y necesito a alguien que me siga el rollo».

Su pareja fue Judith, una dependienta menorquina de 19 años que, a su corta edad, ya tiene un hijo de 4 años: «Mi vida cambió cuando tuve a mi hijo, porque ahora vivo solamente para él». A primera vista a él le gustó que llevase tatuajes y piercings: «Es de las mías». Judith, por su parte, quedó muy agradada por cómo reaccionó Carlos cuando le contó que tenía un hijo, pero su estilo no acabó de convencerle: «Me gusta un rollo más cani, pero así también está bien».

Ya en la mesa él le preguntó lo primero si había viajado, y ella le recordó que tenía un hijo y no había podido hacerlo: «Ya veré mundo cuando mi hijo sea mayor». Carlos, en el confesionario, dijo que lo de tener un hijo era «una liada, y yo no sé si podría estar con alguien con hijo. Me gusta hacer locuras y cosas para mayores, y no sé si es compatible con tener un hijo».

Luego se pusieron a hablar sobre sus gustos musicales, que no podrían haber sido más incompatibles. Mientras que a Carlos le gustaba sobre todo el heavy, Judith contó que sus géneros predilectos eran el rap y el flamenco. «Me echa para atrás que le guste el reggaeton, porque para mí la música es lo más importante», reconoció él. Judith ya asumía que la cita no iba a ir mucho más allá: «No es mi tipo. Me cae bien, pero ya».

A partir de ese momento la cita se fue atascando y pasaron largo rato en un silencio incómodo. Él, a la desesperada, intentó retomar la conversación preguntándole si alguna vez había estado con una chica. «Me pareció muy feo que me preguntase eso en la primera cita», diría ella más tarde en el confesionario.

Entonces Carlos se excusó para irse al baño, donde llamó a un amigo a contarle cómo le había ido la cita. «Si tiene un hijo está buscando estabilidad», le advirtió su amigo, «y no creo que tú estés buscando eso ahora mismo». Carlos estaba de acuerdo con su consejo, aunque ya estaba claro que esa pareja no tenía mucho futuro. El final estaba cantado, y cada uno se marchó a su casa por su cuenta.