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First Dates El choque cultural entre un valenciano y un mongol que arruinó una cita en «First Dates»

Odkhuu y Aarón tenían formas muy diferentes de entender la vida y al final ninguno de los dos quiso darle una segunda oportunidad a su pareja

CUATRO
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Este jueves destapó el bote en «First Dates» Paco, un cocinero, barbero y tatuador sevillano con tres hijos, que se lamentó de que «esta estética, con muchos tatuajes, no es bien vista en Sevilla ni para el trabajo ni para tener pareja sentimental ni nada». El aspirante contó que solía usar «mis dotes como cocinero para ligar». Por ese motivo había llegado al restaurante con un menú preparado para seducir a su pareja.

Su pareja sería Jessica, enfermera castellonense de 23 años que dijo ser muy independiente para las relaciones: «Eso de andar mensajeándose a todas horas no me gusta». A Sobera le contó que buscaba a un hombre «de apariencia moderna». A primera vista se gustaron y se sentaron a la mesa con muy buenas expectativas. Empezaron con las preguntas habituales sobre su profesión y sus ciudades. A Jessica le gustó que Paco fuese un hombre polivalente, con muchas profesiones y un pasado militar: «¡Qué caja de sorpresas este chico!».

Luego ella se interesó por las aficiones de su pareja, y él contestó que «tengo poco tiempo para hobbies, porque tengo tres hijos». Jessica no daba crédito a lo que oía: «¡Sí, hombre! Te estás quedando conmigo!». Paco le aseguró que era cierto y ella, riendo, le dijo que «no pierdes el tiempo: tres hijos con 29 años...Pero yo no tengo ningún problema con eso». El sevillano, medio en broma medio en serio, le confió que «los tres hijos que tengo son los tres polvos que he echado en mi vida. Es que yo follo muy mal». Ella rió y la charla siguió un rato más en tono agradable. No obstante, ninguno de los dos quiso tener una segunda cita, pero prometieron mantener una relación de amistad.

Más tarde llegó al restaurante Odkhuu, un chef mongol de 32 años que en su presentación habló sobre la cultura de Mongolia y sus valores. Odkhuu es propietario de dos restaurantes en Barcelona en los que, según él, «prepara comida para gente trabajadora». A cenar con el mongol se iba a sentar Aarón, un camarero valenciano de 28 años que se definió como una persona «abierta y alocada. Me gusta mucho la política y la música». El valenciano se quejó ante Sobera de que «no es fácil encontrar el amor, porque la gente se ha vuelto muy superficial».

A Aarón le chocó que su pareja fuese de Mongolia: «No he conocido a nadie de por ahí, ¿se dice ser mongolo, no?». Odkhuu, impasible, le corrigió recordándole que se decía «mongol». Luego Aarón, desde el confesionario, no podía evitar reírse recordando este desliz. Ciertamente, el choque cultural entre ambos fue tremendo, y en parte esa fue la causa de que la cosa no funcionase.

«Yo soy muy estable y tranquilo, calmadito. Porque en Mongolia vivimos en la estepa y somos muy zen», explicó el mongol. «Yo, en cambio, soy más alocado», reconoció el español. El asiático apenas hablaba, y dedicó la mayor parte de la cena a mirar fijamente a Aarón, que le hacía preguntas compulsivamente. «No busco nada concreto en un hombre», contó el mongol, «cada uno somos diferentes».

La incomodidad de Aarón era evidente, que ya no sabía qué preguntarle, pues Odkhuu respondía a todo con monosílabos o con evasivas. El valenciano le preguntó cómo se veía en el futuro, y la respuesta de su pareja fue cortante: «No soy vidente». Luego en el confesionario, Odkhuu dijo que «Aarón pregunta demasiado, como un niño pequeño, con mucha curiosidad».

«Pues se te ve rico», fue la siguiente ocurrencia del valenciano, «por cómo te pones el trapito y cómo eres de educado». El mongol no llegó a molestarse el comentario, pero tampoco se le veía muy cómodo desmintiendo a su pareja. Al final el resultado fue el previsible, y cada uno se marchó a su casa por su cuenta-