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Michael Haneke: «Vivimos engañados por la tecnología»

El cineasta alemán vuelve a hurgar con «Happy End» en la conciencia de los europeos

Michael Haneke, en el rodaje de Happy End
Michael Haneke, en el rodaje de Happy End - ABC
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Con precisión de cirujano, la cámara de Michael Haneke secciona la automatización de la burguesía hasta amputar, con cada secuencia, la frialdad que erosiona a la sociedad actual. No hay piedad en Haneke. El ganador de la Palma de Oro de Cannes en dos ocasiones regresa con su acidez característica para declarar la guerra a las redes sociales, al cruel narcisismo del iPhone que seduce al ego, tragedia y denuncia en una enorme metáfora sobre la opresión de las clases más deprimidas. Así es Haneke, un director capaz de transformar su cine en un ejercicio contra los peores valores de la humanidad.

P - ¿Simboliza su película ese estado zombi en el que vive la burguesía?

R - Sí. Somos autómatas autistas que no nos damos cuenta de cómo el exceso de información nos está alejando de la realidad. Nos dejamos manipular por las noticias de las redes sociales sin realmente entender lo que sucede a nuestro alrededor. Cada personaje de mi película representa o revela ese estado. No me gusta explicar el contenido de mi trabajo porque tiene más sentido cuando se ve. Mi reto tras las cámaras es crear un clima que infecte a la audiencia del sentimiento que quiero provocar con la película y que eso lleve a una discusión.

P - ¿Qué le motiva a llevar a cabo esa crítica?

R - Como artista, trato de crear sobre lo que despierta mi curiosidad, lo que considero que necesita expresarse en la pantalla. Vivimos en una sociedad aletargada, completamente engañada por la tecnología.

[Crítica de Happy end]

P - ¿Su película es una provocación?

R - Sí, por supuesto. Es una provocación, está concebida para provocar. Todas las reglas están dirigidas para que el público se vaya a casa contento y feliz de que la película se ha acabado. La historia rompe sus esquemas.

P - ¿Su cine puede catalogarse de nihilista porque en sus historias no hay esperanza...?

R - Tal vez, pero entonces el mundo es en sí nihilista porque los problemas que yo presento son reales. Podemos intentar escondernos, como hace la familia de mi película, pero están ahí. No tengo una actitud negativa, creo que como artista mi trabajo consiste en provocar. Debemos abrir los ojos a lo que está sucediendo en el mundo y dejar de vivir en nuestra torre sin mirar alrededor.

P - ¿Es crítico con el progreso?

R - Me preocupa que no sepamos adaptarnos a la tecnología. Fingimos saber cuando no sabemos nada. Tenemos contenido que no sabemos leer. La información que recibimos es puramente superficial, no nos enseña.

P - ¿Qué representa la violencia en sus películas?

R - Un lugar del que hay que huir, pero que provoca siempre un debate interno en el espectador. Cada una de mis películas es diferente a la anterior, pero, al final, te quedas con la sensación de que el mundo necesita cambiar. Quiero generar debate, provocar un cambio. Ese es el trabajo de cualquier artista. A título personal, me da terror la violencia, el dolor.

P - ¿Cómo escribe sus guiones?

R - «Happy End» nació como consecuencia de lo que vemos en las noticias cada día, es una reacción personal a una situación social que me intriga.

P - Hay un cierto formalismo en la película que recuerda a Roman Polanski o Stanley Kubrick...

R - He crecido dentro de la cultura europea y hay un gran número de directores a los que admiro, pero no me he inspirado en un director particular para hacer este proyecto.