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Crítica de «Gracias a Dios»: El silencio roto de los corderos

«Ozon no descubre ni investiga, relata, y el interés de la película se centra en el punto de vista que adopta»

Escena de Gracias a Dios
Escena de Gracias a Dios
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El director François Ozon pone su cámara ante el caso que ha revolucionado los últimos años de la Iglesia en Francia, el del sacerdote de la Diócesis de Lyon Bernard Preynat, que durante dos décadas aprovechó sus actividades al frente de grupos de boy scout para abusar sexualmente de ellos. Los pormenores de la historia son totalmente públicos y llevan en primer plano durante el último lustro, tras un largo y complejo proceso por el cual incluso el Cardenal de Lyon, Philippe Barbarin, acaba de ser condenado por el encubrimiento de los hechos.

Ozon no descubre ni investiga, relata, y el interés de la película se centra en el punto de vista que adopta: se distancia de la tragedia y la dramatización de los sucesos ocurridos veinte años atrás (sólo hay un par de «flashback» alusivos a los hechos) y enfoca a las víctimas en la actualidad, ya adultos, cuando crearon la organización Palabra liberada para denunciar judicial y socialmente no solo al sacerdote sino también a los responsables eclesiásticos que lo permitieron.

En «Spotlight», la película de Tom McCarthy que ganó el Oscar, se combinaba narrativamente el caso de pederastia con la intriga periodística y la lucha entre la Archidiócesis de Boston contra el «Boston Globe»; en «Gracias a Dios» se huye en lo posible del detalle sórdido y de la intriga, y ni siquiera se acentúan las secuelas de las víctimas, que, salvo una de ellas, que mantiene aún las heridas en carne viva, manejaron sus traumas hasta llevar en la actualidad una vida «normal» tanto dentro como fuera de la Iglesia. El relato aquí combina la necesidad de ajuste de cuentas con el sacerdote, el Cardenal y la ley de prescripción del delito, con la descripción de la vida de esas víctimas y sus relaciones familiares, su unión y lucha para combatir esa anomalía y sus dudas para enfrentarse al recuerdo y al careo con el sacerdote, en los momentos realmente turbios del filme, cuando Preynat acepta con sospechosa humildad todas las acusaciones. De la duración, mejor no hablar.

Dirección: François Ozon. Intérpretes: Melvil Poupaud, Denis Menochet, Swann Arlaud